María, reina de Escocia: El legado de una mujer poderosa
Roja, toda roja vi siempre la vida;
como una inmensa hoguera
donde quemaba bien
mi pobre corazón, rojo también
Todo rojo el camino,
todo rojo el sendero
a seguir
y el día a vivir
Y rojo el mundo entero
Rojo de amor
Y de dolor y de horror...
En este vasto incendio
(brasa, flama, carbunclo),
que todo centelleante apareció
en esa luminaria,
¿qué había de ser yo,
alma furtiva
y temeraria?
¿Qué habría de ser yo
sino una llama viva?
Elisabeth Mulder
En base a la novela Queen of Scots: The True Life of Mary Stuart de John Guy y con guión adaptado a cargo Beau Willmon, la realizadora Josie Rourke nos ofrece una notable película que retrata a dos reinas históricas: Isabel Tudor y María Estuardo
María, reina de
Escocia (2018) nos muestra la dura lucha de ambas mujeres para ostentar el
poder en un mundo dominado por los hombres. Margott Robie es una convincente Isabel
I y Saoirse Ronan brilla especialmente como María Estuardo
Preliminar
En tiempos de María e Isabel era toda una rareza que el poder estuviera en manos de mujeres y una utopía que la femineidad fuera tomada en cuenta. No se respetaba a la mujer ni a esa rica polaridad que late en las entrañas del corazón humano sin distinción de sexo que no obstante suele sentirse más siendo fémina
De hecho, es muy reciente el resurgir de la energía femenina. Estamos en el arduo camino del empoderamiento de la mujer y la femineidad; parece que hayamos necesitado llegar hasta el límite para darnos cuenta de que si sometemos a la riqueza femenina nos sometemos a nosotros mismos, a cada persona, a toda la sociedad y al medio-planeta en el que vivimos
Y pese a los movimientos retrógrados actuales -propios de los grandes cambios evolutivos- uno entiende que se acabará imponiendo la conciencia de que pisar duele a los pisados/sometidos pero también al que los pisa
En este sentido películas como esta reflejan el alimenticio resurgir de la polaridad femenina gracias a su rica forma de retratar las dinámicas humanas de sus personajes. Y a la vez ayudan a poner en evidencia las lacerantes sombras del poder –sea a cargo de hombres o de mujeres- cuando se ejerce sin entender/respetar/integrar esa femineidad esencial que somos
Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Dos formas de ser, el conflicto
Isabel es reina de Inglaterra gracias a que su prima María se marchó a Francia para casarse con su rey. Pero al morir este, María regresa a su Escocia para reclamar ser también la heredera de la corona de Inglaterra. Se crea un conflicto político-religioso entre ambas soberanas y entre ambos reinos
En este contexto y para lidiar en un mundo dominado por los hombres Isabel pronto renuncia a su condición de mujer, a su femineidad. Ella se deja llevar exclusivamente por su afán combativo con el objetivo de vencer-someter a María llegando a ver a la hermana Escocia como enemiga
Cuando finalmente se encuentran las dos (hecho que en la realidad histórica no se produjo) la realizadora nos ofrece una bella escena entre telas tendidas en la que Isabel le confiesa a su prima que hace tiempo que dejó de ser mujer. Se evidencia que, a pesar de estar enfrentada a María, ella la admira por su integridad femenina: por ser una reina, madre y mujer auténtica. Y es que la de modos exclusivamente masculinos se siente cansada y vieja, y ve en la reina escocesa la fuerza de la convicción de corazón que ella hace tiempo ha enterrado en su interior
En este sentido se nos muestra como Isabel tiene la piel muy marcada por la viruela que ha sufrido y se maquilla excesivamente la cara para disimular sus efectos dándole un aspecto grotesco. Es una potentísima imagen simbólica que entiendo tiene distintas lecturas:
El maquillaje en sí como máscara que expresa el patético papel de títere de esa mujer masculinizada en manos de los hombres de la corte. Y el simbolismo del maquillaje de intenso color blanco que deja entrever los hoyos-cráteres de su enfermedad, unos hoyos de aspecto similar a la faz de nuestra Luna, la Luna como expresión de la fuerza femenina que gobierna los fluidos de la Tierra pero que a la vez es muy vulnerable a los ataques externos al carecer de atmósfera protectora (algo parecido a lo que suele ocurrir con la femineidad si no es apoyada en empatía por lo masculino de una o uno mismo)
María por su parte siempre es mujer, y eso es así a pesar de tener que lidiar en un ambiente similar. Su propio hermanastro Jacobo conspira con hombres del entorno de Isabel para derrotarla y ella le perdona hablándole del amor que los une, dándole sin atisbo de venganza su nombre al hijo que ella espera; él se conmueve al sentir que no merece tal honor pero aun así volverá a traicionarla. También su esposo lo hará y una vez más ella perdonará aunque lo confinará a otra residencia real
Y es que María siempre busca unir los dos reinos y las dos religiones (y en el fondo las dos polaridades del mundo que encarnamos cada uno de nosotros), ser justa y no vengativa; es una buena reina en tiempos demasiado difíciles para serlo. Como reina sabe lo que quiere y no se intimida ante los hombres que la cuestionan pero para nada lo tiene fácil ante tantas conspiraciones en su contra...
Simbólicamente la película nos muestra como los consejos de Isabel están integrados por numerosos hombres entorno a una mesa rectangular, una imagen de la reina casi “tragada” por su corte, tal y como ocurre en realidad. En cambio los de María se disponen en círculo con menos consejeros y mayor respeto (como en la tradición céltica y artúrica), una disposición acorde a la reina que es: una mujer dialogante que busca la cercanía y que encarna la autenticidad femenina que se resiste a ser “tragada” por la dominancia masculina, la reina circular pretende gobernar en igualdad
Pero lamentablemente en ambas cortes solo hay
mujeres en la intimidad/cercanía como damas de compañía que nada o poco pueden
opinar y que deben salir cuando se tratan asuntos de “importancia”. Sintomáticamente
junto a las damas de María vemos a un joven trovador que es homosexual y que será
víctima de las conspiraciones palaciegas muriendo apuñalado por hombres de la
corte. La homosexualidad, una forma de expresión de la femineidad en el hombre
considerada abominación y perseguida entonces, y lamentablemente aún hoy en día
en algunos países y ámbitos religiosos. No obstante María, a diferencia de la
reina inglesa, resiste con entereza los envites de ese yermo mundo de hombres a
pesar del profundo dolor que le producen. Y lo hará incluso en su muerte
ordenada por Isabel, una muerte roja
Roja
Roja la sangre derramada por tantas gentes a lo largo de los tiempos en alas de la libertad y la justicia. Roja la sangre de la menstruación, la conexión femenina con los ciclos vitales, el nexo con la Luna como señora de los fluidos de la Tierra. Roja de la cara inocente que se avergüenza de lo que siente por esa contaminación represora de lo masculino desconectado... Roja de la señal de prohibición, del no se puede pasar, del stop que obliga a frenar las aceleraciones del mundo para proseguir tras la cuidada observación...
Rojas son también las frutas de la pasión dionisíaca (las uvas, las fresas, las cerezas...) que evocan el sexo salvaje en armonía natural. Rojas las lavas de las fuerzas telúricas, de las entrañas de fuego de la Tierra que son expulsadas mediante las potentes erupciones volcánicas que arrasan lo caduco y crean lo nuevo, lo fértil. Roja la caperucita del muy simbólico cuento clásico. Roja la rosa universal de La Bella y la bestia, la de la diada de Sant Jordi… Roja la bandera comunista… Roja, roja, roja
La tonalidad roja -que inspira también a Elisabeth Mulder en el arrebatador poema del encabezado- tiene mucha fuerza, un gran poder. En la película se nos muestra a María vestida precisamente de este color en el momento de su ejecución, la escena impacta por el contraste del potente tinte con los tonos neutros y el negro tan propios de la muerte en nuestra cultura occidental. Y la fuerza rojiza enfatiza el contundente mensaje de una reina, de una madre, de una mujer auténtica que va a morir decapitada. Da por buena su sangre derramada si su hijo puede reinar y seguir su noble legado clamando “El final es mi principio, contemplaré desde los cielos el día que tu corona una los dos reinos y por fin alcancemos la paz”. Y sí, su hijo Jacobo logró reinar en ambos
María buscaba la unión de dos reinos, dos religiones, dos visones. Y esta unión buscada es extrapolable a la de las energías femenina y masculina que conforman nuestro ser/sentir/vivir. Ambas polaridades son igualmente necesarias, ambas son complementarias. Ese es su legado roja sangre, roja sangre nuestro reto
A María, mi madre
Este ensayo es la revisión del publicado en el diario CyL












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