Dejad que el río fluya: El valor de una comunidad indígena
El río ha
abastecido a los sámis durante miles de años. Nos importa el planeta Tierra y
las futuras generaciones, nunca hemos querido trazar fronteras alrededor pero
necesitamos sentir que este es nuestro hogar
Citado en la
película
La paz con
la Tierra requiere colaboración, sinergia y conciencia. Dejar vivir, dejar ser.
No sentir tanto la necesidad de interferir en la naturaleza como de realzarla,
de colaborar y dejarla ser
Raimon
Panikkar
Ole Giaever retrata con mirada comprometida la lucha pacífica del pueblo sámi ante el estado noruego para evitar la construcción de una presa que anegaría sus tierras. Los hechos sucedieron a finales de la década de los setenta del siglo pasado y pese a que la presa acabó alzándose su perseverante reivindicación supuso un antes y un después en los derechos diferenciales de los sámi quienes son la única comunidad indígena reconocida oficialmente en Europa
Dejad que el
río fluya (2023) nos sumerge en el difícil día a día de esas personas quienes
sufren el acoso de la “norueguización” (la imposición de la cosmovisión noruega
dominante), en especial vivenciamos el ambivalente sentir de su joven
protagonista Ester (Ella Marie Haetta Isaksen en una excelente interpretación)
quien tras estudiar en la capital regresa a su tierra para ejercer de profesora
Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Entre dos mundos
Un regreso a las raíces que Ester vivencia como propias especialmente cuando comparte momentos con su amable abuela. Es bella la escena en que las vemos recogiendo moras junto al río, la nieta comenta que llevan cestas demasiado pequeñas para tanta fruta como hay pero la anciana le recuerda que “no es necesario recoger más de lo que uno puede comer”. Ester inicialmente quiere acaparar influida por la cosmovisión dominante de la explotación y la ambición pero se da cuenta y rectifica con un empático “hay que dejar de sobra para el resto de la gente”
Nada que ver ese entender indígena con el predominante que se respira en la villa donde se ubica la escuela, allí son mayoría las gentes noruegas quienes a menudo ningunean a los sámis. Así que Ester opta por enmascarar su condición diferencial y busca confraternizar con el resto del profesorado. Pero no está para nada cómoda entre las burlas de algunos y el silencio cómplice de los demás. Como en tantas ocasiones, lamentablemente pesa más la inacción de la mayoría silente que la acción de la minoría vociferante agresiva quienes tildan de malolientes a sus conciudadanos indígenas
Y es que los sámis están en boca de todos por su
acción reivindicativa contra la construcción de la presa. No obstante en ese
ambiente hostil sólo algunos de ellos se posicionan, la mayoría han optado por
renunciar a su condición diferencial en público, especialmente buscando evitar
el menosprecio a los niños. De nuevo pesa mucho la inacción de la mayoría
silente, se entiende el desengaño de esas gentes por la nula repercusión
positiva de sus acciones históricas que no han hecho más que aumentar su
marginación social…
Naturaleza
pacifista
Pero ante la adversidad y la injusticia sólo cabe perseverar. Así lo entiende el primo de Ester quien es miembro activo de la acampada pacifista junto al río, son pocos pero comprometidos. Resulta simbólica la escena en que lo vemos entrar en la vivienda de ella sin atender al barro de su calzado, esas huellas de tierra húmeda permanecerán sin “limpiar” en el pavimento interior como evocación de su condición sámi
También es potente el simbolismo evocador de la cabaña junto al río dónde la familia guarda objetos y recuerdos, muchos de ellos vinculados al fallecido padre de Ester. Esa cabaña como imagen del permanecer y del perseverar. Precisamente en el momento más crudo del debate interno de Ester se nos muestra en belleza mayúscula como la cabaña ha sido medio sepultada por la nieve: blanca nieve la construcción, blanco nieve el río y su paisaje… Blanco paz deseado, el deseo de encontrar paz interna de Ester en su lucha por ser o no ser quién es y, más allá de ella misma, el deseo de alcanzar la paz comunitaria que unos pocos sámis alimentan día a día con su acción reivindicativa de naturaleza –nunca mejor dicho- pacifista
Poco a poco Ester irá posicionándose en su ser
diferencial. Son bellas las escenas de ese tomar conciencia: En una la vemos
descalza en la orilla del río sintiéndolo con los ojos cerrados. Y en otra
aceptando vestir tradicional para mirarse en el espejo, tras ella el reflejo de
la abuela sonriente, su presencia cómplice y con ella la evocación de los
antepasados ninguneados que apoyan su acción
Armonía musical
Una abuela que a menudo canta las canciones tradicionales de su pueblo, algo que agrada y acuna a Ester porque la mujer es en sí misma hogar, hogar por el calor de su compañía y por el arraigo de su abrazo de feminidad a flor de piel
Sintomáticamente en el proceso de reconocimiento que vivencia la nieta, Ester llegará a cantar y acunar a un niño como forma de transmitir esperanza a pesar de tanto dolor presente propio y comunitario
En efecto, Ester no se rinde tras la decisión contraria del parlamento noruego, de alguna manera el revés le da fuerza para abanderar la lucha pacífica y más tras el suicidio de su primo quien no podía soportar ese nuevo retroceso en los derechos y la dignidad de su comunidad.
En este sentido y ante una madre desengañada que ha optado por ceder a la presión Ester afirma: “si tengo hijos haré lo posible para que crezcan orgullosos de quiénes son y de sus raíces. Y se nos muestra como la renovada Ester se implica en el caso de uno de sus alumnos que como sámi sufre la marginación de sus compañeros. La vemos en su vivienda paterna acunándolo en la cama cantando las canciones de la abuela, en ese abrazo de armonía musical Ester transmite –a él y simbólicamente a las nuevas generaciones- que no se rinde, que no se rendirá, que no se rendirán
Bella escena con la que finaliza esta excelente
película, escena que evoca la victoria real tras la aparente derrota de una
comunidad que antes de finalizar el siglo XX logró tener parlamento propio y fue
honrada por las autoridades políticas estatales y las cúpulas religiosas
noruegas quienes les pidieron públicamente disculpas por su histórica y lacerante opresión












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