Espejos nº3: En la senda de reparación interior
Creo que mis
películas son, sobre todo, experiencias acerca de cómo las personas avanzan
hacia la transformación en algo más
Christian
Petzold
Somos el
dolor y la cura, ambos. Somos la dulce agua fría y la jarra que la derrama.
Quiero abrazarte como un laúd, de manera que podamos clamar con afecto.
¿Prefieres lanzar piedras a un espejo? Yo soy tu espejo y aquí están las
piedras
Rumi
Con gran sensibilidad y ritmo calmo el comprometido realizador Christian Petzold retrata el encuentro de dos mujeres abismadas en la tristeza que hallarán reparación mutuamente, ellas son Laura y Betty interpretadas excelentemente por Paula Beer y Barbara Auer. Espejos nº3 (2025) nos sumerge en sus fragilidades compartidas que se expresan en respetuosos silencios y miradas resonantes; dos mujeres deprimidas como personas individuales y también más allá de sí mismas expresando un dolor que otros con los que se relacionan parecen esquivar. Y es que la película plantea muchos temas de calado como son la pérdida de un ser querido, el suicidio juvenil, la comunicación en las relaciones personales y familiares…
Un plantear a menudo sutil que conscientemente se
apoya en el lenguaje simbólico. Desde el mismo título de la obra audiovisual ,que de alguna manera alude al “soy tu espejo” de las lúcidas palabras del maestro Rumi citadas
en el encabezado, al protagonismo de suaves carreteras rodeadas de naturaleza
que evocan las sendas humanas de los personajes retratados. Pero hay mucho más simbolismo
en esta película de sabia sencillez...
Debo advertir que el análisis que sigue contiene
spoilers
Ellas en mirada profunda
En una bellísima y potente imagen se nos muestra como las dos mujeres se miran fijamente cuando la joven Laura pasa frente a la casa de Betty, pasa Laura a bordo del coche descapotable en el que finalmente morirá su chico en un accidente provocado por la tensión de una relación en crisis
Laura, que resulta ilesa, será finalmente acogida por Betty y esa conexión que se intuye profunda se materializará en un agradable compartir el día a día. Betty cuidará de ella físicamente y emocionalmente tratando de aliviar el sentimiento de culpa por ese accidente que las ha reunido
Y por su parte Laura conocerá a su esposo y a su
hijo quienes viven cerca de allí en la casa taller de automóviles que ambos
regentan. Algo pasa en esa familia, algo que no se habla y que Laura quisiera
saber pero que respetuosamente no fuerza al notar la incomodidad de Betty
Nada funciona…
Simbólicamente muchas cosas están descuidadas o no funcionan en el acogedor hogar de Betty, desde el huerto que necesita mucha mano atenta al lavavajillas que hace tiempo dejó de cumplir su función. Ese descuido como reflejo del estado depresivo en el que la mujer se encuentra desde –sabremos- ese algo que pasó del que no se habla
Betty busca salir del pozo emocional y físico pintando la también descuidada valla del jardín, la pinta de simbólico color blanco de paz, presumiblemente la paz que anhela. Y precisamente las miradas de reconocimiento entre las dos mujeres se produjeron cuando ella pintaba, “te vi pintando y me pareció bonito” le dirá Laura al rememorarlo
Bonito pintar en luz blanca lo estropeado, bonito reparar lo material como imagen de búsqueda de reparar lo roto en uno mismo, en una misma por partida doble en esta historia en clave femenina. Por eso y ni que sea inconscientemente Laura decide ayudarla en la tarea
Pero los especialistas de la reparación material
son los hombres de la casa que, si bien se han alejado de Betty, a su manera
siguen estando pendientes de ella. Ellos repararán el lavavajillas el día que
son invitados para conocer a Laura y degustar su cocina. Porque la joven
disfruta cocinando y también tocando el piano del salón que Betty hace afinar
–otro objeto descuidado- para que todos disfruten de su música
… y algo estalla
A esa música que suena gracias a las manos de Laura se le añaden otras melodías que parecen buscar expresar lo que las dos mujeres y los dos hombres reprimen. Se hace especialmente evidente en la canción de amor y pérdida The Night de Frankie Valli and The Four Seasons que escucha el hijo en el taller y que Laura pide volver a escuchar en sintonía anímica
Ese acercamiento nace tras el simbólico echar humo del viejo lavavajillas ya sin arreglo, un “accidente” vaporoso que lleva a que él se interese por su sentir a propósito de la muerte del que era su chico y que ella confiese que no está muy triste porque en realidad no eran pareja “de verdad”
Como si de una olla a presión se tratara, Laura empieza a dejar salir los vapores insalubres de una relación que la asfixiaba hasta el punto de hacerla sentir incomprendida y como encerrada en sí misma sin atisbo de solución. Laura ahora gracias al acogimiento de Betty y sus hombres va revertiendo su hundimiento anímico aunque estallará abruptamente cuando sepa la verdad ocultada de esa familia
Sucede tras otro estallido emocional. En efecto, el joven la empuja cuando Laura lo toca en cercanía y tras ese apartarla aflorará lo que bulle en el interior del hijo de Betty: la muerte por suicidio de su hermana que los padres parecen querer mitigar con su presencia. Para él ellos adoptan a Laura como la sustituta, una joven que va vestida con las ropas de la hermana y toca el piano que ella tocaba
En ese abrupto saber la verdad Laura estalla y los
rechaza, especialmente rechaza a Betty quien tras la puerta de su habitación
intenta desesperadamente argumentar esa ocultación hablándole de su depresión tras
el suicido y del alejamiento por la depresión de sus hombres… y afirmando un –entiendo
que real- “yo, te queremos”. Pero Laura quien por primera vez permanece
encerrada sin dejarla entrar ya ha decidido volver a su vida en la ciudad
Superando la muerte
En primera instancia podría parecer que ese estallido final y esa separación son negativas, al menos para Betty y sus hombres; pero Petzold sabe darle sentido a lo aparentemente “malo” con un final exquisito
En efecto, esa familia antes separada ahora vuelve a convivir o los hombres tras la aparición de Laura apoyan a Betty más allá del “cómodo” arreglar material. Y es que –entiendo- de alguna manera ellos habían optado por apartarse de la mujer que vivenciaba en propia piel y alma lo que ellos no estaban dispuestos a vivenciar. En realidad Betty estaba deprimida por ella misma y por ellos dos porque los tres son miembros de una familia rota a la que –cual mesa del hogar- le falta la cuarta “pata” que le daba estabilidad, una “pata” de naturaleza femenina juvenil. Ahora están juntos en la senda de la reparación personal y grupal
Y tres son las mujeres implicadas en esta historia quienes vivencian en profundidad lo que ocurre en sus relaciones, en sus vidas. La hija que se suicidó, su madre quien pudo hacerlo después y Laura que estuvo a punto de quitarse la vida. En efecto, al inicio de esta excelente película la vemos con mirada abismada sobre un puente fluvial y se nos muestra como finalmente desiste de lanzarse y baja a la orilla al tiempo que pasa un hombre de pie sobre su cayac en una imagen que evoca al Caronte mitológico en su transportar almas al Hades
Tras ese desistir, Laura se va a casa donde le espera su chico quien si bien está preocupado por su tardanza para nada busca/quiere saber los motivos ni presta atención a lo mucho que expresa el rostro y el gesto de esa mujer silente-ausente. Una escena que evidencia la realidad que abisma a Laura
Petzold nos mostró en ese entonces oscuro el suave
bamboleo de la cortina de su vivienda en común y la película concluye con esa
misma imagen pero ahora Laura sonríe porque para nada se siente asfixiada,
ahora ella se siente en su hogar. Laura –como Betty y su familia a los que ha
visto de nuevo sin rencor- está en la senda de la reparación















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