Hamnet: De la naturaleza femenina, el amor y la muerte
Toda vida tiene un
núcleo, un epicentro del que todo sale y al que todo vuelve
Hamnet
Recuérdame siempre
Hamlet
Con esta súplica de permanencia muere Hamlet en manos de su fiel Horacio en la obra más famosa de William Shakespeare, una súplica de ficción que puede entenderse como evocación al hijo que el autor perdió prematuramente. Y es que Hamlet y Hamnet (así se llamaba el niño) son dos formas de un mismo nombre cuyo significado original germánico vendría a ser “de tipología valerosa”; y en este sentido qué padre amoroso no ve en su hijo a un valiente capaz de todo…
Sea como sea, poco sabemos de la vida privada del mítico dramaturgo británico y con ese poco la excelente escritora irlandesa Maggie O’Farrell ha elaborado una emotiva novela que estremece en belleza gracias a su prosa poética rica en matices y a su trasfondo humano. Hamnet (2020) nos transporta a la Inglaterra de las postrimerías del siglo XVI haciendo que vivenciemos con los Shakespeare todo tipo de situaciones como propias ya sea un dolor, una alegría… o un “simple” mirar el bosque
La propia O’Farrell ha participado en su exquisita adaptación cinematográfica que dirige la lúcida Chloé Zhao. Su Hamnet (2025) consigue reflejar la fuerza emotiva y la extrema sensibilidad de la novela gracias fundamentalmente a su extraordinaria ambientación, su bella fotografía y las excelentes interpretaciones de la pareja protagonista: Jessie Buckley como Agnes, la madre de Hamnet y Paul Mescal quien encarna a su esposo dramaturgo
Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Una mujer salvaje
Ella primero porque la obra busca poner en valor a una mujer –que como tantas en la historia- vivió a la sombra de su hombre. Es ella la protagonista primera, la mujer que sabe de remedios para los males, la puntal del hogar vital familiar en plena naturaleza, la madre entregada a sus tres hijos, la mujer que en amor pleno antepone las necesidades de William a las suyas permitiendo que él pueda desarrollar su maravilloso oficio en el lejano Londres…
Y en esa empática mirada de dos mujeres de hoy a tan gran mujer de ayer se nos sumerge desde el momento inicial a la singular manera de ser/estar/sentir de una Agnes que está a punto de conocer a William. La vemos enroscada a modo fetal sobre la tierra rodeada de árboles en pleno bosque y junto a ella su amado halcón o la imagen de que Agnes encarna la naturaleza femenina salvaje mayúscula, de que ella palpita armónicamente con la tierra y de alguna manera busca poder alcanzar el cielo
Poco a poco descubriremos sus extraordinarias capacidades sensitivas tanto en lo referente a la medicina natural como especialmente al conocimiento humano, una sabiduría femenina que su hermano Bartholomew -el otro hombre de su vida- describe así: “Cuando mira a alguien le ve hasta el fondo del alma”
Clarividencia que Agnes asegura es un don heredado ya que se sabe perteneciente a una saga de mujeres con poderes. Es el caso de su fallecida madre a quien vemos en evocación enseñándola a confiar en sí misma y “a vivir con el corazón abierto al sol y no en la oscuridad”
Quizás por eso a menudo Agnes se nos presenta vestida de roja luz fuego del corazón, roja por ese motivo y también –entiendo- por la gran fuerza pasional que encarna. Pasión vital (en mirada, en movimientos, en la entrega a flor de piel…) que enamora a un joven William cuya pasión intelectual (en habla, en capacidad de entender y apoyar…) actúa de corazón en sentido inverso y complementario. Dos almas en armonía que se encuentran o quizás se reencuentran…
En este sentido es significativa la escena en el bosque con William contándole a Agnes la mítica historia de Orfeo y la ninfa Euridice quien fue herida mortalmente por una serpiente hecho que impulsó a Orfeo a descender a los infiernos buscando regresarla al mundo de los vivos aunque finalmente y ya a las puertas del salir juntos él desobedeció las instrucciones de Hades (el señor del inframundo) y en consecuencia ella quedó atrapada para siempre. Ella quedó atrapada, pero entiendo que también él quedó atrapado en vida a causa de su fracaso por su falta de confianza que le hizo voltearse para comprobar si la amada le seguía
En todo caso en el mito se refleja la dualidad del mundo o
la danza de los opuestos que lo gobiernan todo a menudo de modo desconcertante
(las duplas feminidad/masculinidad, luz/oscuridad, superficialidad/profundidad…)
como resultará suceder en sus vidas…
Bosque, caverna y grito
Es luz y oscuridad el hogar natural de Agnes: el bosque de raíces familiares femeninas. Y es allí donde ella decide dar a luz a su primera hija. Se nos muestra ese parto natural en una soledad que en realidad es conexión con todo, con todas; y como, ya nacida la bebé, William (y Bartholomew) las encuentran. Es loable, en ese tiempo de gran marginación femenina, la actitud del padre quien respeta y admira esa grandeza femenina al tiempo que acuna a su pequeña como si hubiera nacido de sus entrañas
Significativamente nace la niña -de nombre Susana- en el bosque, el bosque y sus ricos simbolismos: como lugar de luz de vida que eleva y también como oscuridad a menudo temida (comprobaremos que la misma Agnes la teme) de sabiduría atemporal que invita a descender, la oscuridad de las raíces y las cavernas que conectan lo visible/superficial con lo no tan visible de carácter profundo. Profundidad de la tierra toda y de uno mismo que Zhao visualiza mediante la gran oquedad que se ha abierto bajo Agnes al dar a luz, un negro profundo misteriosamente colaborador…
Pero para nada será así de natural el segundo parto de Agnes, William está en la ciudad al mando de sus representaciones teatrales y nadie apoya a la madre en su voluntad de dar a luz en el bosque porque simbólicamente el río (de la vida, de su vida) se ha desbordado. Así, Agnes se ve forzada a parir en su casa dando a luz a dos bebés: Hamnet y Judit, una niña que nace asfixiada y que la poderosa madre con su fuerza sanadora consigue reanimar y a la que jura cuidar, “sobrevivirás, me aseguraré de que nada te sea arrebatado” le dice, se dice
En efecto, Judith crecerá mostrándose extremadamente vulnerable a la enfermedad siempre bien atendida por Agnes mientras que Hamnet (como su hermana mayor Susana) goza de excelente salud… Un Hamnet que en ese darse cuenta de la debilidad de su hermana gemela y por su gran corazón siempre está pendiente de ella protegiéndola y ayudándola. Y más teniendo en cuenta que como gemelos se sienten muy compenetrados hasta el punto de que a menudo juegan a intercambiar sus vestimentas (sus polaridades)
Por eso no duda en darlo todo por ella siempre, especialmente una noche en la que una Judit que ha contraído la temida peste negra se debate entre la vida y la muerte. El bueno de Hamnet se le abraza en su cama expresando su empatía mayúscula: “te doy mi vida, Judit. Seré valiente”. El niño cuyo nombre evoca la valentía actúa así por su naturaleza empática y en resonancia con el padre ausente quien antes de partir nuevamente a sus menesteres profesionales le convino a ser valiente y cuidar/apoyar a las mujeres de la familia
Nada podrá hacer Agnes por él cuando a la mañana siguiente
descubra que la niña sanó y el niño está en las últimas. Zhao nos lo retrata en
una estremecedora escena que transcurre en la alquímica cocina del hogar y que
concluye con el grito visceral de Agnes al darse cuenta de que no ha podido
salvarlo, grito conmovedor que según comentó la realizadora fue brillante
improvisación de una Jessie Buckley totalmente mimetizada con su personaje
Representación sanadora
Esa muerte inesperada, esa muerte rotunda del hijo ahonda la brecha que se había abierto entre la pareja por las continuas ausencias de William. El dramaturgo no estaba allí junto a la desesperada madre y Agnes se lo echará en cara desde entonces pese a la empatía y el apoyo de él quien en todo momento busca liberarla de su sensación de culpa por no haber podido salvarlo. Agnes duele abismada pero también duele abismado William, cada uno a su manera, y cada uno sigue con su vida –en la aldea hogar ella, en la ciudad teatro él- aunque ambos sin poder dejar de pensar en Hamnet
Es entonces cuando William decide escribir su La trágica historia de Hamlet, príncipe de Dinamarca probablemente basada en antiguas leyendas y en más que probable resonancia con la dura muerte de su amado Hamnet a quien confiesa presentir observando su trabajo. Lo honra en la obra mediante una inversión de roles que conmoverá a Agnes, William decide interpretar al fantasma del rey muerto que se aparece a su hijo vivo Hamlet para demandarle que mate a su asesino
La película concluye precisamente con la representación de la obra en un teatro abarrotado a la que acuden Agnes y Bartholomew. Excelente recreación del clásico teatro de la época y de su escenografía con un evocador fondo pintado que muestra un frondoso bosque en cuyo centro se abre un portal oscuro por el que entran a escena los personajes, un portal oscuro que recuerda a esa misteriosa y ambivalente cavidad en la tierra surgida en el dar a luz primero de Agnes
Poco a poco ella se va dando cuenta de los paralelismos entre la conmovedora ficción y su drama familiar, y en esa resonancia se acerca a la primera fila para vivenciarlo todo con mayor intensidad. Allí escucha al atormentado hijo doler por su padre muerto: “No busques a tu noble padre en la tierra para siempre con un velo sobre los párpados. Todos los vivos deben morir pasando por la naturaleza hacia la eternidad. Tengo algo más que apariencia” tras lo cual se aparece el fantasma paterno y padre e hijo se acercan en un amoroso abrazo de miradas y rostros
Con William ya tras bambalinas, se nos muestra cómo Agnes capta su desesperación y mira al portal oscuro que esconde al padre llorando su dolor. Esa obra es su forma de expresar su sentir y Agnes ahora puede sentir que no por distinto su desgarro no es también real. De alguna manera el dramaturgo mediante su evocadora obra ha generado una catarsis personal cuya onda expansiva toca el corazón de su amada y en consecuencia la brecha entre ellos parece estar cerrándose y la herida por esa brutal muerte da la impresión de no ser ya tan sangrante… allí está ella sonriendo al finalizar la representación, sonríe por primera vez tras ese funesto día que lo abismó todo, sonríe –entiendo- en su saberse comprendida y acompañada
Porque acaba la obra teatral y la película con una Agnes
totalmente entregada/conmovida (al igual que todo el público asistente)
ofreciendo su mano al sorprendido joven actor que encarna a un Hamlet que tras un tramposo duelo a espadas se
sabe herido de muerte. Un ofrecer en empatía al que poco a poco se añaden las
manos de todos los presentes en una bellísima escenificación de la humanidad
que somos pese a las máscaras de falsedad con las que solemos protegernos. Y es
que la espectadora Agnes en su vivenciar la obra y el dramaturgo/actor William en
su dar a luz la obra -más allá de encontrar reparación personal mutua- generan
olas de autenticidad capaces de deshacer máscaras ni que sea por unos instantes














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