El sonido de la caída: Buscando liberar la maltratada naturaleza femenina humana
Es como si
los personajes hurgaran en su materia interna buscando una pieza del
rompecabezas que explicara el origen de su dolor y su vergüenza
Mascha
Schilinski
Con estas palabras recogidas por cineuropa Mascha Schilinski condensa el sentir último de su espléndida El sonido de la caída (2025) un palpitante retrato intergeneracional de distintas mujeres de distintos tiempos –desde la primera década del siglo pasado hasta el presente- que habitan un mismo espacio físico. En efecto, todas ellas vivieron/viven en una casa centenaria situada cerca de un río que durante el periodo post segunda guerra mundial de las dos naciones alemanas se convirtió en forzada frontera. Y según comenta la realizadora en la misma entrevista ese espacio interior y exterior devine receptáculo de los ecos de esas temporalidades, de esas vidas femeninas
Son niñas, son jóvenes, son mujeres que se funden
e incluso se confunden en una convergencia sintiente que busca la necesaria
liberación de sus muchas cargas. No importa tanto la diferencia individual como
la vivencia colectiva intergeneracional de esas mujeres retratadas y de tantísimas
otras que como ellas han sido –y son- ninguneadas, silenciadas, explotadas,
burladas, violentadas, asfixiadas, ahogadas… bajo el insensible y estéril yugo patriarcal
en sus distintas formas temporales (un yugo –dicho sea de paso- que también
cargan/cargamos los hombres, en especial los de sensibilidad femenina a flor de
piel)
Darse cuenta inmersivo
Schilinski nos invita a darnos cuenta de la necesidad de sumergirse en las nieblas, los sonidos y los silencios del trauma femenino, del dolor de tantas mujeres generado por una cosmovisión caduca que se resiste a dejar de gobernarnos. Porque, y evocando el título de su magnética película, cada vez es más evidente que los humanos estamos en caída abismal por nuestra insoportable desconexión vital. Y –entiendo- es precisamente a partir de ese darnos cuenta cuando se nos abre la posibilidad de empezar a transmutar nuestra forma de encarar la vida resarciendo la naturaleza femenina primero en nosotros mismos –más allá de géneros- y después en todo, respetándola y buscando entender su a menudo irracional y siempre enriquecedor lenguaje
En este sentido El sonido de la caída se convierte en pedagogía necesaria por lo que explica, por lo que evoca y más allá de ello por cómo lo explica y cómo lo evoca. En efecto, hay magnetismo en su mirada y su escucha con imágenes que en momentos se tornan difusas, fantasmales e incluso “irreales” y con sonidos y silencios que se sienten como reverberaciones de resonancias primordiales de un etéreo mistérico pre lingüístico
De ahí que la película sea en sí misma un reto para el espectador, especialmente para el espectador con predominancia racional. Schilinski nos propone dejarnos llevar por las impresiones sensoriales de su obra audiovisual; ya después de vivenciarla podremos buscarle significados, especialmente significados que nos “toquen” y despierten nuestra naturaleza femenina a menudo muy dormida
En este sentido a continuación expongo mis
impresiones a propósito de algunas imágenes que me han “tocado” especialmente,
debo advertir que la exposición contiene spoilers
Son varias las escenas que nos muestran las simbólicas aguas turbias del río, las aguas turbias que pueden entenderse como la confusa reverberación de la vida –los ríos como sendas de vida y el agua como medio emocional “revuelto”- que espera ser calmada/aclarada por el entendimiento empático. De todas ellas me quedo con dos:
La de una niña desatendida por su madre que tras el baño fluvial sueña con hundirse en esas aguas turbias. Son bellas las imágenes que nos muestran las corrientes del agua en su suave fluir y del aire despeinando la maleza ribereña. Esas corrientes -que casi se sienten en uno mismo- dan paso al dejarse ir de la niña tumbada en la orilla rodando como una croqueta hasta impactar con el agua para abismarse a su fondo. Unas imágenes oníricas cargadas de simbolismo emocional
Y la que muestra el baño de dos amigas adolescentes. En la
escena vivenciamos la belleza de su sumergirse en esas aguas que dificultan la
visión, la belleza de sus caras brumosas radiantes y de las burbujas en luz de
su respiración, y más si cabe la belleza del tocarse amoroso en miradas y
manos. Y finalmente la intranquilidad de una por la tardanza en salir a flote
de la otra que precisamente es la que lleva mayor carga traumática al ser
huérfana de madre. Afortunadamente queda en susto y humanamente queda en
constatación de la empatía que una ofrece y la otra necesita para salir a flote
Miradas
También son luminosas las miradas entre hermanas jóvenes durante las silenciosas comidas familiares de la incomunicación adulta en tiempos pasados marcados por las guerras y la muerte. Las chicas se entienden por el parpadeo de sus ojos que es resonancia de corazones
Pero la película nos muestra en distintos momentos miradas que para nada transmiten complicidad armónica; especialmente relevantes son las de algunos hombres a chicas jóvenes deseadas, miradas del todo incómodas para ellas
Es así, por ejemplo, en una escena que retrata
magistralmente el malestar femenino ante la falta de respeto del mirón
depredador de turno. Sucede en un verano de tiempo cercano al actual, se nos
muestra a una joven pre adolescente que está jugando con otros niños a mojarse
con agua, la chica acaba quedándose solo con su braguita y es entonces cuando
percibe la penetrante mirada de un hombre amigo de su familia. Al evocarlo se dice
“era como si compartiera un secreto que no quería compartir”. Por esa mirada
lasciva del depredador aflora la sensación de vulnerabilidad de su presa que
fácilmente puede devenir en vergüenza o incluso culpa “cómplice” cuando el
ambiente silencioso familiar no ofrece posibilidad de compartir lo vivenciado
Sentir descalzas
En distintos momentos de ese retrato multigeneracional se enfatiza la desnudez de los pies como forma de contactar con la naturaleza tierra femenina. Niñas, jóvenes y mujeres adultas caminan por la casa centenaria o los parajes ribereños sintiendo a flor de piel esas superficies e incluso dejándose herir por ellas –entiendo- como exteriorización del trauma vivenciado por ellas mismas o por sus antepasadas
Especialmente simbólica es la escena que nos muestra a una joven que tras caminar descalza junto al río observa sus heridas sangrantes y las cuenta como quien cuenta mujeres heridas a lo largo de los tiempos. Y su acompañante masculino que empáticamente recoge esa sangre y se pinta con ella su propia cara, en esa señal la visualización y su aceptación del dolor de ella (ellas); la joven lame esa sangre en la cara en un acto de transmutación que conjuga femineidad con masculinidad. Bello
Y bellísima la escena final en la que vemos a
distintas mujeres descalzas caminando a simbólico contraviento, mujeres
descalzas casi etéreas que acaban volando evocando la anhelada liberación real
de la maltratada naturaleza femenina humana
Simbología
Para finalizar este análisis detallo algunos más de
los muchos simbolismos presentes en El
sonido de la caída:
Alma: No parece casual que la mujer niña del tiempo más antiguo se llame Alma, como si ella portara la llama o el calor de la llama de una saga de féminas marcada por las guerras, las muertes, el dolor y el desamparo. Una Alma –mayúscula en sí misma- humana femenina asfixiada tanto en las mujeres como en los hombres, una Alma que hoy en día está en peligro de extinción
Fotos familiares: En ellas anida el estado de ánimo real o forzado de los retratados. En tiempos de Alma vemos como se retratan a los muertos vestidos y maquilados sentados junto a los vivos, unas fotografías a menudo borrosas que evocan lo etéreo fantasmal. Y en tiempos más actuales lo fantasmal persiste: es el caso de la fotografía familiar que muestra a una joven acosada por su tío en un borroso motivado por su movimiento de huida ante la dolorosa realidad familiar. Mujeres borrosas, mujeres borradas, mujeres que buscan huir de tanto mal…
Moscas: Este insecto que tiende a acudir a los
deshechos es protagonista de distintas escenas, especialmente en los tiempos
pasados marcados por la guerra y la muerte. Moscas contundentes y negras como
contundentes y negras son las reuniones familiares de esas gentes en luto perpetuo.
Esas moscas se pasean por la mesa durante la comida sin que nadie las ahuyente,
esas moscas de alguna manera son imagen de su impotencia ante tanta negrura.
Una impotencia extrema cuando la muerte alcanza a algún niño, en esos rostros
ya sin vida se posa una mosca negra, muy negra















Comentarios
Publicar un comentario