Mandarinas: ¿Enemigos?, la sinrazón de la guerra

 



Nuestro enemigo es nuestro mejor maestro; con él tenemos la oportunidad real de practicar la paciencia, el autocontrol y la tolerancia

Dalai Lama

 

El realizador Zaza Urushadze nos ofrece una joya cinematográfica que es un canto antibelicista lleno de humanidad, una película humilde y sosegada que consigue emocionar por su autenticidad. La trama de Mandarinas (2013) se desarrolla en un pequeño poblado estonio durante la guerra de Abjasia a finales del siglo pasado; todos los personajes son hombres, hombres que luchan, hombres que se defienden, hombres que matan, hombres que sienten, hombres que ayudan… Destacar las espléndidas interpretaciones de los cuatro actores protagonistas Lembit Ulfsak (Ivo), Giorgi Nakashidze (Ahmed), Elmo Nüganen (Margus) y Mikheil Meskhi (Nika)

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene espoilers

 


Valores humanos

Ivo es un buen hombre ya anciano que ha decidido quedarse solo en casa para ayudar a su amigo Margus en la cosecha de sus mandarinas. La aldea está prácticamente vacía, todos los vecinos han huido por la guerra, también la familia de Ivo. Apreciamos que el anciano es un hombre de pocas pero contundentes palabras, palabras de verdad, la verdad de quien ha vivido y entiende la vida. Ivo encarna los valores humanos en el hombre: la templanza, la solidaridad, el diálogo, el respeto, la tolerancia…  Él ama a su tierra y se resiste a abandonarla, allí yace su hijo quien a pesar de sus consejos decidió ir a la guerra donde encontró la muerte. Lo más fácil sería que Ivo sintiera odio-rabia por los georgianos, los “enemigos” contra los que su hijo luchó; pero él es un gran hombre, una persona auténtica que no cae en la provocación del odio y la guerra. Y esa forma de ser-vivir transformará a dos desconocidos que se saben “enemigos” (uno de ellos georgiano) a los que curará de sus heridas físicas y anímicas

Sucede tras una contienda frente a la casa de Margus, los amigos atienden a dos supervivientes. A uno de ellos lo conocen, se trata de Ahmed un mercenario que lucha con los estonios. El otro es Nika, un joven combatiente georgiano muy malherido. Dos enemigos que convivirán bajo el mismo techo gracias a la generosidad de Ivo quien les ofrece alojamiento, alimento y atención médica. Se nos muestra como el hombre trata por igual a ambos más allá del bando en el que luchan, más allá de la dolorosa muerte de su hijo

Y en ese difícil convivir Ahmed quiere matar a Nika para vengar la muerte de un compañero y amigo; pero Ivo consigue que no lo haga en su casa afirmando que antes tendría que matarlo a él. El mercenario le da su palabra de honor, anteponiendo este noble proceder a su deseo de venganza. Y ambos hablan de lo que supone para ellos dar la palabra, prefieren morir antes que romperla. Y en ese entender Nika da también su palabra a Ivo. Pero la convivencia no será fácil. Los huéspedes a menudo se embrollan en combates dialécticos. No obstante Ivo sabe llevar esas situaciones imponiendo su autenticidad y haciendo gala de un inteligente sentido del humor capaz de deshacer tanta tontería

Ivo les habla con sabiduría de su obsesión por matarse “¿Quién les dio el derecho?” Ahmed responde convencido que la guerra les da el derecho -o la nefasta idea de que en guerra todo está permitido- a lo que el anciano les espeta “¡Imbéciles!” y les hace brindar por la muerte a la que ellos sirven afirmando que “Somos hijos de la Muerte, es tu madre”, palabras que hacen que de nuevo Ahmed le pida perdón pero Ivo ya cansado de sus tozudeces les suelta: “Qué sentido tiene, si se van a matar aquí o en otro lugar. Mejórense, váyanse al frente y mátense allá. Es absurdo obligarles a sentarse en la misma mesa”



Unidos

Tras el “tirar la toalla” de Ivo, un proyectil destruye la casa de Margus; una desgracia que será beneficiosa al lograr unir definitivamente a los cuatro hombres. Así, Ahmed le ofrece dinero a Margus para que regrese a su Estonia, bello gesto que el hombre rechaza por ser dinero ganado como mercenario de guerra. Y vemos a los “enemigos” desayunando juntos ya con total respeto hablando de los compañeros muertos, lamentando tanta muerte absurda en ambos bandos

Ahora Ivo, se siente satisfecho del cambio al que tanto ha contribuido, y le habla al “enemigo” Nika de su hermosa nieta. El georgian le cuenta de su familia y de que es actor, Ivo feliz comenta “Cuando la guerra termine te iré a ver actuar. Después recordaremos estos tiempos con Ahmed que estará sentado en el teatro conmigo aplaudiéndote”, ríen juntos en camaradería humana

Llegan unos hombres al mando de un oficial violento que cree que Ahmed es georgiano, se produce un tiroteo en el que los antes enemigos luchan juntos logrando acabar con esos hombres pero a costa de la muerte de Marcus y Nika

Los entierran, a Marcus en su finca y a Nika junto a la del hijo de Ivo. Ahmed aún se sorprende de que entierre a un georgiano a su lado, “Ahmed, ¿importa?” inquiere Ivo y el mercenario responde entendiendo “No, no importa” preguntándole que si en el caso de que hubiera muerto él lo hubiera enterrado también al lado de su hijo “sí, tal vez un poco más lejos” contesta con su sano sentido del humor

En la bella escena final, Ahmed regresa a su hogar en su vehículo oyendo la cinta de casete de Nika, una de sus pocas pertenencias que siempre tenía en sus manos. Música georgiana, la música del que había considerado “enemigo”, la música siempre como factor integrador capaz de deshacer las absurdas barreras que nos separan

 


Maestros

Tendemos a creer que los grandes maestros son personas que han leído mucho, eruditos que conocen perfectamente todo tipo de teorías. Entiendo que no tiene porqué ser así, los grandes maestros suelen ser gente normal que quizás no sepan leer pero que han vivenciado sus vidas y han comprendido lo que significa vivir. Son gente auténtica que no necesitan grandes retóricas ni discursos, son gente que encarnan verdad y hablan incluso en su silencio. Ivo es uno de ellos, ha transmutado su dolor y su rabia por la muerte del hijo en la absurdidad de una de tantas guerras que se libran inútilmente en este desconcertante mundo en que vivimos. Su ejemplo ha logrado sacar lo mejor de los dos huéspedes antes enemigos, su entrega de amor verdadero los ha transformado


A mi padre, un buen hombre que tanto me enseñó con su ejemplo

Este ensayo es la revisión del publicado por el diario cultural CyL





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