A Ghost Story: Más allá de la muerte y el tiempo



 

A Ghost Story es una película acerca de lo que significa permanecer en el espacio que nos rodea, existir en ese espacio. Todos intentamos influir en el mundo que nos rodea, luchamos contra nuestra falta de permanencia

David Lowery

 

Con estas palabras el guionista y director tejano expresa cuál es el significado trascendente de su película en declaraciones publicadas por lahiguera.net (https://www.lahiguera.net/cinemania/pelicula/8229/comentario.php) Y es que su relato de tintes fantásticos supone una invitación a reflexionar o a debatir entorno a qué hay tras la muerte y asimismo sobre la necesidad humana de ser vistos y recordados en esta vida y más allá de ella

Lowery utiliza a un personaje secundario –un filósofo ebrio que encarna el actor y cantante Will Oldham-  para exponer su visión racional al respecto, una reflexión sobre la vida y la muerte que es un alegato nada luminoso sobre la fugacidad de todo, el inevitable fin de nuestra especie y en general de todo el universo conocido. No obstante, esa visión que niega lo eterno parece cuestionarse –ni que sea tímidamente- en el sensible y emocional retrato de lo que le ocurre a su desconcertado fantasma protagonista

Sea como sea A Ghost Story (2017) es una bellísima obra audiovisual que emociona sin casi utilizar palabras. En efecto, predominan los sonidos ambientales, las melodías, los silencios que hablan… y especialmente la recreación visual con un gran uso de la luz natural (quizás esa luminosidad sea la esperanza deseada). Todo a un ritmo muy reposado logrando una evocación etérea que recuerda al maestro Terrence Malick

Contribuye a esa sensación tan especial el hecho de estar rodada en formato 1:33 sutilmente suavizado mediante el redondeo de sus vértices; de esta forma las imágenes huyen de la habitual horizontalidad y en palabras del director “Te dominan. Y también confinan y atrapan a los personajes en la pantalla, y por lo tanto, al espectador”



Tríada protagonista

Tres son esos personajes protagonistas:

C un joven músico que muere en accidente automovilístico poco antes de mudarse de una casa a la que siempre se ha sentido muy apegado; un músico que interpreta Casey Affleck quien pasa inadvertido gran parte del metraje bajo una clásica sábana blanca de fantasma

M la joven con quien comparte ese hogar y que es la que impulsa ese dejar atrás indeseado; le da excelente vida la magnética Rooney Mara. Se da la circunstancia que esta pareja actoral ya protagonizó Ain’t Then Bodies Saints (2013), otra notable película de Lowery

Y que es tan o más importante que ellos, se trata de la clásica casa de madera asentada en un privilegiado enclave natural de esa nación de grandes espacios que es Estados Unidos. Un enclave tejano como protagonista a imagen del territorio familiar del realizador quien también situó allí su anterior película de pareja actoral coincidente

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene inevitablemente spoilers



Fantasmas

Fantasma es una palabra de origen griego que proviene del verbo phaenin (del que también deriva fantasía) cuyo significado es brillar, aparecer, mostrarse, hacerse visible. Más allá de sus múltiples significados, comúnmente entendemos como fantasma “un ser irreal que se imagina o se sueña” a menudo vinculado con la manifestación de fenómenos paranormales que desafían nuestra lógica

Lowely se arriesga a situar como protagonista a uno ataviado con la clásica sábana blanca y orificios visuales, un personaje que sin su exquisito trato podría llegar a ser grotesco. En ese fantasma está el desconcierto, la soledad, la muerte, el dolor, el amor, la necesidad de comunicarse y ser visto… De alguna manera nosotros los espectadores somos ese ser etéreo que nos “habla” -sin hablar- con gran profundidad emocional, porque ¿quién no se ha sentido como fantasma alguna vez en este extraño mundo real?

Tras su muerte clínica, C regresa a casa enfundado en la sábana blanca con la que le cubrieron para certificar su defunción. Le mueve el apego a ese espacio hogar y el amor que siente por M. Allí la observa desconcertado, allí duele por él mismo y por ella tras su traumática separación

Y allí permanece impotente al darse cuenta de su invisibilidad, de su imposibilidad de comunicarse y de ser correspondido: la mano de ella que le roza sin sentirlo, su desesperación al verla sufrir… C se da cuenta de su extraña condición, de su abrumadora soledad como fantasma

Sólo es reconocido por otro fantasma en la casa vecina quien se comporta cual anciano senil al esperar a alguien que no recuerda

C es potencialmente “visible” para M sólo gracias a un débil halo de luz (como una pequeña llama, como una pequeña esperanza trascendente) que se refleja en las paredes interiores del hogar, qué bella plasmación de su presencia interior que el realizador llega a fundir con el cielo estrellado de la noche evocando –entiendo- el misterio de lo creado

Y C también se manifiesta a través de sonidos y ruidos que muy a su pesar inquietan a su amada. A menudo se producen gracias al piano que le vincula a su condición de músico que ha tenido como musa a su amada M

En esa visualización la constatación de la grandeza musical; la música nos eleva, la música nos evoca… La música en definitiva como potente vínculo emocional, como medio de expresión de emociones profundas a menudo difíciles de expresar con palabras. Así lo vivencia la pareja en su día a día y así lo entiende Lowery quien a propósito de la película afirma que la música le devuelve la confianza cuando le entra el miedo a que no sean suficientes las imágenes para expresar los sentimientos que quiere mostrarnos



Espacio-tiempo en espiral

Y llega el día en que M deja la casa. C se queda aún más solo en ese espacio de apego, se nos muestra como su duelo ahora y aquí muta progresivamente a un muy sensible viaje espacio-temporal a los orígenes y al futuro del lugar. En su condición de observador no visto, el músico vivencia impotente las transformaciones que acontecen en ese espacio y en las gentes que lo habitan a lo largo de los tiempos

Vivencia vidas y muertes de otros en un solar lleno de vida –qué belleza y fuerza la de sus árboles- pero que alberga también muerte por la presencia sutil de un árbol seco. Ese paisaje refleja la esencia de la película: el tratar lo fantasmagórico y la muerte desde una óptica predominantemente luminosa y vital que huye del miedo al que comúnmente se los asocia

En ese fantástico viaje desfilan ante sus ojos huecos familias, gentes de todo tipo –entre ellos el filósofo ebrio-, e incluso presencia el derribo de la casa –y la vecina del fantasma perdido- para la construcción de un edificio de oficinas en un paisaje antes natural que se transforma en desconectado asfalto y cemento armado

Esa transformación del medio ambiente sí que da miedo, esas imágenes sí que son oscuras. C presencia esa dura ciudad observando que las luces del cielo han sido sustituidas por las de la artificialidad humana y se lanza al vacío “viajando” al otro extremo de la historia del lugar –en nuestra visión lineal del espacio tiempo- es decir a la época de los primeros colonos, aquellos que iniciaron la espiral de propiedad sobre la tierra que antes era de todos (así lo entendían los nativos americanos)

Todo ese horror humano expuesto brillantemente sin palabras

 


La nota y la luz

Y son precisamente las palabras, o mejor dicho las pocas palabras, las justas y necesarias palabras sin mayores devaneos, las que abren y cierran la película. Abren y cierran la película, y abren y cierran ese viaje espacio temporal emocional, esa plasmación de lo que vivenciamos como realidad que se recrea aquí no al modo de constructo lineal sino en dúctil círculo o espiral en la que el tiempo se deshace cual reloj daliniano

Al inicio se nos muestra como M le explica a C que siendo niña su familia se mudó muchas veces y que en cada hogar abandonado escribía pequeñas notas que doblaba y escondía para que “si un día quería volver hubiera un pedazo de mí esperándome”. Notas sobre buenos recuerdos vividos entre esas paredes, unas pocas palabras de la niña –toda niña, todo niño- que anhela y desea un hogar estable, unas buenas raíces para crecer

Un papel de este tipo coloca la pequeña de la familia de los primeros colonos bajo una simbólica piedra (la base constructiva, la edificación humana, el cobijo seguro) de ese solar que pronto va a alojar por primera vez una vivienda

También M deja escondida una nota en la casa antes de marchar, en ese acto la constatación de que afortunadamente la niña que anida en ella sigue viva. La deja en una grieta de una pared que el músico rasca y rasca en su bucle espacio-temporal buscando rescatarla

Y lo consigue al final de la película tras haber vivenciado como fantasma su paso por la casa, se ve y la ve, y se da cuenta que en su impotencia de observador no visto provoca esos sonidos que inquietan a la pareja, especialmente a M. Probablemente quisiera cambiar su historia, impedir esa mudanza y el accidente que lo avocó a ser fantasma…

Sea como sea lo vemos abriendo esa nota al tiempo que se nos muestra cómo se abre la puerta del hogar. Y es que en ese acto de conciencia –de saber, de saberse- pierde su condición fantasmal, por eso su sábana cae inerte al suelo de vívida madera. Ya como imagen final esa tenue luz que siempre lo ha acompañado proyectada en la pared del hogar

En esa luz que no se apaga, en esa luz que se funde en el cielo estrellado, en esa luz tenue que evoca al misterio, en esa luz parece depositar Lowery su esperanza, quizás su deseo de que el filósofo ebrio esté equivocado. E incluso la posibilidad de que el espacio-tiempo dúctil espiral retratado pueda ser más real que el lineal en el que parecemos transitar…

Esa es la grandeza de la película, una historia que emociona y sugiere más allá de lo poco que acota en palabras y en consecuencia permite distintas lecturas. Diría más, una película fantástica –en todos los sentidos de la palabra- que nos invita a sentirla en propia piel y a buscar nuestra implicación desde el fondo de uno mismo y quizás en la inmersión emocional reconocer esa tenue luz como propia pese a los fantasmas de la a menudo temerosa razón

 

Este ensayo es la revisión del publicado en el diario chileno CyL




 

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