Anatomía de un instante: El valor de la democracia
El futuro no
está escrito porque sólo el pueblo puede escribirlo
Adolfo
Suárez
Alberto Rodríguez y Paco R. Baños nos ofrecen una notable adaptación cinematográfica del aplaudido ensayo histórico de título homónimo escrito por Javier Cercas. En efecto, Anatomía de un instante (2025) pone luz a los entresijos del fallido golpe de estado del 23 de Febrero de 1981 que a punto estuvo de acabar con la incipiente y frágil democracia española creada fundamentalmente gracias al empuje de un carismático político llamado Adolfo Suárez
La serie retrata las luces y las sombras del que fuera primer presidente de nuestra monarquía parlamentaria al que da excelente vida Álvaro Morte. Y paralelamente se nos retrata las de otros dos personajes claves en la llamada transición democrática española que junto a Suarez se mantuvieron erguidos en sus escaños mientras los militares golpistas disparaban en el hemiciclo de la soberanía popular: el general Manuel Gutiérrez Mellado (Manolo Soto) y el secretario general del Partido Comunista Santiago Carrillo (Eduard Fernández)
En un presente como el actual Anatomía de un instante se torna pedagogía necesaria ante el
engañoso enaltecimiento del franquismo y las recurrentes amenazas al sistema
democrático a cargo de los partidos ultraderechistas en España y en general en
todo nuestro mundo global de desquiciado capitalismo salvaje
Debo advertir que el análisis que sigue contiene
spoilers
Camaleón hábil
Tras prácticamente cuarenta años de férrea dictadura del general Franco la jefatura del estado pasó a manos de su heredero Juan Carlos I quien en principio se había comprometido en el continuismo de un sistema que aislaba a España de la floreciente Europa. Sin embargo el rey apostó por Suarez como presidente frente a otros candidatos con mayor peso político y apoyó su plan para democratizar el país
Se nos muestra la habilidad del joven presidente para que las cortes franquistas aprobaran la Ley para la Reforma Política que eliminaba las estructuras del régimen dictatorial desde el punto de vista jurídico. Y como tras su aprobación popular mediante referéndum se convocaron al fin las primeras elecciones democráticas que ganó Suarez por mayoría
Ahora era presidente del pueblo ese hombre ambicioso que ascendió vertiginosamente desde lo más bajo del inmovilista sistema franquista -irónicamente llamado movimiento por su génesis golpista contra la legítima democracia republicana- gracias fundamentalmente a su don de gentes, su creatividad y su gran habilidad negociadora
Ganó Suarez legítimamente desafiando a los poderes del viejo sistema –en especial al poder militar- al legalizar al Partido Comunista, una “traición” que validó internacionalmente la incipiente democracia española. Y una “traición” que lo convirtió en enemigo de los muchos que defendían los principios franquistas, en especial enemigo de la gran mayoría de los mandos del ejército
De ahí que Suárez eligiera a un militar de la
vieja escuela como vicepresidente. Gutiérrez Mellado tuvo que batallar con sus
antiguos colegas golpistas para convencerles de los valores de la recuperada
democracia buscando que cedieran su mando al renovado poder político. Tarea ya
de por sí ardua que se veía agravada por la espiral de asesinatos –a políticos
y a miembros de las fuerzas del orden- perpetrados por la organización
terrorista ETA y a la inseguridad propiciada por otros grupos radicales como los
falangistas
Amigos de verdad
Sorprende que un militar golpista se aviniera a semejante cruzada. En este sentido, se nos retrata como Suarez fue tejiendo complicidades con un hombre que -como él- aspiraba a una España más abierta. Y como en ese tejer complicidades poco a poco se forjó una sólida amistad que derivó en compartir el día a día familiar en el palacio presidencial de la Moncloa
Una amistad real entre dos hombres del bando “vencedor” que repudiaban al eterno enemigo comunista. Gutiérrez lo tuvo que tolerar muy a su pesar pero Suarez en ese camaleónico modo de ser suyo logró superar animadversiones entablando una sólida amistad con el “camarada” Santiago Carrillo
Así Suarez acabó siendo amigo de dos potentes líderes de ideas opuestas y que en el pasado lucharon en bandos enemigos. Esos tres hombres fueron sin proponérselo los valientes que desafiaron erguidos a los violentos insubordinados militares
Su actitud desafiante resultó decisiva pero como se nos muestra lo que acabó definitivamente con las aspiraciones golpistas fue la decisión final del rey quien, bien aconsejado por su secretario general, no dejó entrar al palacio de la Zarzuela al que fuera su secretario instructor y preceptor: el influyente general Armada que buscaba seducirlo con un gobierno de mayor peso militar y con restricciones ideológicas dirigido por él mismo
En este sentido es justo valorar que –tal y como se nos muestra- fue precisamente Suárez quien forzó el relevo del secretario real, de no haber sido así el general Armada lo hubiera tenido mucho más fácil para lograr que Juan Carlos I apoyara el golpe…
Así que gracias en gran parte a Suarez esa
“solución” que como reza el subtítulo de la obra audiovisual hubiera colocado a España al borde del
abismo no fructificó; afortunadamente no fructificó la vuelta a ese abismo
oscuro de voces rotas/acalladas que durante cuatro décadas había convertido
nuestra rica diversidad en mono visión gris asfixiante
Autocracia “fácil” versus democracia “compleja”
El mayor valor de la serie está precisamente en ese recordar la historia reciente española y en consecuencia darse cuenta de la fina línea entre el permanecer en un sistema “complejo” como es el democrático o el abismarse en la “fácil” autocracia vestida de falsa “democracia” que manipula voluntades en pos de un orden más autoritario y excluyente
Desafortunadamente tanto en nuestro país como en el resto del mundo día a día comprobamos que la democracia real –esa que pese a sus imperfecciones durante décadas ha hecho avanzar en todos los aspectos a nuestras sociedades occidentales- está seriamente amenazada
Sabemos que la democracia real (y con ese real no me refiero exclusivamente a la monárquica) requiere consensos y soluciones para la gran diversidad de colectivos que conforman una sociedad y sabemos que históricamente se han cometido grandes fallos en la gestión de los partidos gobernantes que han derivado en el hastío de muchos ciudadanos, especialmente de los más jóvenes
Pero ante esa a menudo lacerante realidad la solución no está en los cantos de sirena retrógrados y autoritarios, lo sabemos bien los que vivenciamos dictaduras (en España y otros países de derechas y por el contrario en otros países de izquierdas). La solución está en luchar por una democracia mejor exigiendo responsabilidades y participando activamente en reconstruir un sistema que pese a sus humanos defectos es el mejor método para garantizar el bienestar social para la comunidad toda
En este sentido entiendo necesario recuperar el diálogo reposado entre grupos ideológicos distintos con voluntad de llegar a acuerdos recordando que todo avance se consigue aceptando concesiones para un bien lo más común posible
Así fue en esa perfecta imperfecta transición española retratada, los comunistas cedieron y también lo hicieron los derechistas no radicales. El resultado fue la redacción de la Constitución de 1978 y la consolidación de la democracia monárquica que derribó las oscuras fronteras del franquismo y nos reconvirtió en ciudadanos europeos de pleno derecho
Otra cosa es que tras décadas de esa constitución -nacida en el extremadamente difícil equilibrio de la reciente muerte del dictador- debería haberse reformado para equipararla a la de otros países europeos dejando atrás anacronismos de épocas autoritarias. Pero ni unos ni otros gobernantes se han atrevido a ello, lamentablemente tan sólo la rectificaron sustancialmente en 2011 para menoscabar los derechos sociales en pos de los “sacrosantos” intereses económicos
Una rectificación fruto del consenso de los dos
partidos históricamente mayoritarios y de alternancia gubernamental (PSOE y PP)
que nunca fue refrendada por el pueblo español
Miedo a refrendar
Y es que en nuestro país parece que da miedo convocar a la ciudadanía para opinar de temas fundamentales, da la impresión que solo podemos opinar sobre qué lista o personas queremos que nos representen en las distintas instituciones democráticas que gobiernan nuestra sociedad
Llama la atención que en cincuenta años sólo se hayan convocado cuatro referéndums a nivel estatal. El primero de ellos el de la Reforma política (1976) que abría las puertas a la democracia y el segundo dos años después para ratificar la Constitución. Dos referéndums promovidos por Suárez quien con convencimiento animaba así a los españoles a votar a favor de la democracia: “El futuro no está escrito porque sólo el pueblo puede escribirlo”
Desde esos esperanzadores inicios sólo dos convocatorias más: el controvertido referéndum para ratificar nuestra permanencia en la OTAN (1986) y el que en 2005 validó la Constitución europea
Nadie nos preguntó, por ejemplo, cuando abdicó el heredero de Franco, a propósito de si queríamos seguir siendo monarquía democrática o preferíamos recuperar la república democrática derrocada por el golpe militar de 1936
Ni tantas otras decisiones importantes como qué hacer con el impagado rescate bancario de 2009 o con el modelo de estado de las autonomías y las aspiraciones de las nacionalidades históricas…
Personalmente entiendo necesario dar mayor voz al pueblo en este tipo de decisiones como modo de afianzar el sistema democrático frente a los que pretenden enterrarlo por la vía de los autoritarismos que cada vez más emanan de la radicalidad derechista en forma de muy engañosos fascismos que buscan canalizar la rebeldía popular tergiversando la verdad histórica y actual
Por todo ello, a mi entender, la excelente Anatomía de un instante debería ser vista por el público español para así ayudar a valorar nuestra democracia, especialmente adecuada para todos aquellos que no vivenciaron ese tiempo inestable que fue la transición en el que pudimos abismarnos de nuevo en lo más inhumano
Dedicado a Carmen Rubio y Javier Valverde amigos de profundas resonancias políticas y humanistas














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