Joyland: La familia y la tradición como cárcel

 



Donde la mente se halla sin temor y la cabeza se yergue alta

donde el conocimiento es libre
donde el mundo no se ha roto en pedazos
por estrechas paredes domésticas
donde las palabras vienen del fondo de la verdad...

… en ese cielo de libertad. Nada más. Nada más

 Rabindranath Tagore

 

Con esta ópera prima, el creador paquistaní Sam Sadiq puso al desconocido cine de su país en el foco mundial. Joyland (2022) se presentó en el 75 Festival de Cannes obteniendo el premio del Jurado de la sección Un Certain Reguard y fue galardonada como Mejor película extranjera en el 38 Independent Spirit Awards

Sadiq nos ofrece un excelente retrato de las nefastas consecuencias sobre la población del severo sistema patriarcal de radicalidad religiosa que rige en Pakistán. Con sensibilidad exquisita y muy buen oficio, nos pone en la piel de unos personajes atrapados por las “estrechas paredes domésticas” (en la poética del lúcido Tagore) y también sociales que conforman su asfixiante realidad

Según expresó el realizador en la entrevista concedida al medio euronews (https://es.euronews.com/cultura/2023/03/08/saim-sadiq-habla-de-joyceland-una-desgarrada-carta-de-amor-a-mi-tierra) su interés principal fue honrar al colectivo trans que en su país malvive en los márgenes por el estigma negativo que sufren debido a su “indesable” condición sexual

Un interés que surge tras trabajar como voluntario para una ONG que ayuda a la comunidad trans de la muy conservadora Lahore –ciudad en la que se ambienta el filme-, en sus palabras: “Me sentaba y conversaba con ellos, documentaba sus experiencias. Tomé todo lo que pude de su verdad emocional”

Y según confiesa todo ese trabajo de campo le ayudó y mucho personalmente: “Ha sido un proceso catártico. En lugar de estar inmerso en mi trauma, Joyland me ayudó a ampliar mis perspectivas. Me ha salvado la vida”

Pero pese a la evidente crítica al maltrato a la comunidad trans y otros colectivos como el homosexual y las mujeres en general que sufren grandes discriminaciones en Pakistán, la película la siente él como amor patrio: “una desgarrada carta de amor a mi tierra”

Se nota ese pálpito en cada escenario, en cada plano, en cada enfoque y en cada situación de la historia dramática retratada. En efecto, Sadiq conmueve en lo hondo por su capacidad de hacernos vivenciar el sentir humano de sus personajes y el modo de ser de una sociedad que busca nuevos horizontes más allá de los limitadores dictados tradicionales

Y es que pese al protagonismo de Biba (Alina Khan) como artista trans que con coraje se abre camino al estrellato sorteando todo tipo de dificultades, el drama se focaliza también -e incluso con mayor riqueza de matices- en el sensible Haider (Ali Junejo) y su familia quienes sufren en propia piel la asfixia del entorno familiar y social al que pertenecen, una cárcel mental fundamentalista a la que alimentan en mayor o menor medida con sus inseguridades y miedos

Llegado a este punto y antes de proseguir creo necesario destacar la gran calidad actoral del reparto que encabezan los citados Alina Khan y Ali Junejo, todos los intérpretes rezuman autenticidad en sus personajes, personajes que vale decir bien pudieran ser reales



Fantasmas por la asfixia

La película arranca con una bella escena -una de las muchas- en la que vemos a Haider cubierto con una sábana blanca cual fantasma jugando con sus dos sobrinitas en la vivienda familiar que comparte con su mujer Mumtaz (ellos no tienen hijos), el matrimonio formado por su hermano Saleem y su mujer Nucchi (los padres de las niñas) y Abba el patriarca del clan Rana quien pese a su invalidez gobierna con mano firme la vida de todos ellos

Así como Saleem encarna el modelo de hombre fuerte y duro que se exige en esa sociedad tradicional patriarcal, Haider está en las antípodas: él es un joven muy sensible y como tal se muestra incapaz de emular a su hermano

Lo vemos intentando degollar a un cabrito -la única escena que cuesta calificar como bella- alentado por el patriarca, y como al no poder hacerlo es su esposa Mumtaz quien acaba sacrificando al animal. Un acto que impacta y que muestra lo que en esa familia -y en esa comunidad a la que pertenecen- se considera honorable, por eso allí están con total “normalidad” las sobrinitas observando sin pestañear semejante baño de sangre

Y es que hay que celebrar que tras dos niñas “por fin” ha nacido el ansiado y distinguido varón -el primer nieto del patriarca- y como marca la tradición hay que obsequiar a familiares y amigos con las mejores carnes

En su entender de sombrío arraigo religioso, Dios “bendice” esos sacrificios carnívoros pero “condena” el mostrar -ni que sea mínimamente- la carne viva humana, especialmente condena mostrarla a las marginadas mujeres

En este sentido resulta muy simbólica la decisión de cubrir con una sábana una monumental imagen de una bailarina (Biba, la más que amiga trans de Haider) que el patriarca descubre en el terrado de la vivienda familiar

Esa Biba bailarina pues como fantasma del mismo modo que el sensible Haider que juega con las niñas: una mujer que se deja llevar en desenfreno “desnudo” y un hombre que se muestra en “inocencia” son fantasmas en semejante microcosmos de intolerancias y de asfixias

Un microcosmos cárcel en el que priva más “el qué dirán” castrante al necesario y liberador qué dice/expresa cada cual en su diferencia de ser y entender



Terrados, el aire libre

En este sentido son simbólicas las distintas escenas que suceden en los terrados de Lahore donde algunos de los personajes dialogan “al aire libre” o la imagen de la libertad a “cielo abierto” que anhelan los pocos asfixiados que son conscientes de su asfixia, de la cárcel ideológica comunitaria en la que día a día pierden su identidad:

Lo es la escena nocturna en la que vemos a Haider y Mumtaz hablando con total sinceridad de su sentir tras “esconder” la gran imagen de Biba danzante. En esa conversación a la luz de la luna ella se muestra muy empática con su esposo, le apoya y le anima como bailarín del espectáculo nocturno pese a que se siente muy sola; probablemente no lo haría si supiera la verdad de sus prolongadas ausencias

Porque Haider poco a poco va sintiéndose atraído por Biba. Los vemos juntos ensayando con el resto de bailarines, lo hacen también en un liberador terrado pero a plena luz del día. En esos bailes -y en ese deseo- pretende Haider desprenderse de complejos y ataduras heredadas

Y en el alto al aire libre de la vivienda familiar hablan las mujeres de los hermanos. Nucchi le explica como aceptó dejar de trabajar en la sumisión característica de las mujeres de su comunidad. Ella lo acepta -o quiere convencerse de que lo acepta- pero para nada lo acepta Muntag quien condicionó su compromiso matrimonial al derecho a seguir trabajando. Una promesa que sin embargo su esposo incumple

Y es que el jefe del clan está en contra e incluso desdeña que Muntag use su dinero para el beneficio de todos. En efecto, la esposa de Haider se queda con las ganas de comprar un simbólico aparato de aire acondicionado para hacer más soportable los rigores ambientales (entiéndase en todos los sentidos de la palabra ambiente)



Fracasos y responsabilidades

La buena voluntad y el empuje de Muntag nada pueden hacer sin los necesarios apoyos internos. Y tanto su cuñada como su esposo -los únicos que pueden entenderla- no están por la labor de enfrentar la limitante realidad, una en su aceptación sumisa y el otro en su falta de coraje

Por eso Muntag siente crecer en ella el deseo de huir y más cuando se sabe embarazada. Lo hace finalmente una de esas noches en soledad pero vuelve de inmediato -se entiende que consciente de las dificultades para afrontar la situación en una sociedad que tanto estigmatiza- y al volver se encuentra con un Haider que ha sido rechazado por Biba

Un reencuentro matrimonial que se convierte en oportunidad perdida puesto que Haider sigue mostrándose débil buscando ser protegido en total incapacidad de ver la enorme desesperación de su mujer

De ahí que en el simbólico día de la celebración del cumpleaños del patriarca, una Muntag fuera de sí decida tomarse un veneno para acabar con su vida y la del bebé que lleva en sus entrañas

Tras el entierro, el aquelarre familiar. El patriarca y Saleem responsabilizan a Muntag del drama vivenciado, para el anciano “le han llevado el nieto antes de verlo”. Y los dos hermanos se encaran en su parecer antagónico sobre la difunta Muntag. Pero es la cuñada la única que pone el dedo en la yaga al afirmar que “la hemos matado todos”

En la última escena vemos a Haider adentrándose desnudo en el mar. Biba le habló del mar y él confesó que nunca lo había visto. La conversación cambió de alcoba y su mujer le explicó de su única experiencia marina siendo adolescente: ella se bañó pero sólo le permitieron mojarse los pies. Una Muntag ilusionada le propuso esa noche ir juntos a la playa un día y él agobiado -por su mentira y su asunción fantasmal- salió de casa para regresar con Biba

Ese bello adentrarse marino como final abierto a una ficción dramática que muestra las terribles consecuencias de vivir en un entorno de radicalidad patriarcal y religiosa que es asfixia al estigmatizar todo aquello que se sale de las estrechas paredes del dogma


Este artículo es la revisión del publicado en el diario chileno CyL




 

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