La hija pequeña: Retrato de una emancipación

 


La emancipación es una exigencia de reconocimiento como igual, entre iguales. Es una liberación de una dependencia, sea ésta el capital, la iglesia, los hombres o un estado dominante

Etienne de la Boétie (Discurso sobre la servidumbre voluntaria)

 

Con La hija pequeña (2025) la realizadora Hafsia Herzi adapta al cine la reconocida novela autobiográfica de título homónimo escrita por Fátima Daas centrándose en el retrato de la ambivalencia del sentir de esa joven musulmana parisina que con diecisiete años se reconocía lesbiana. Herzi –según confiesa en distintas entrevistas-descartó toda la parte de la niña Fátima “pensando que al ver a su familia se entendería qué tipo de infancia había tenido” añadiendo que “reuní todo en el arco de un año de su vida y seleccioné lo que más me inspiraba del libro: el personaje de una joven lesbiana musulmana en conflicto con su fe, con sus deseos, en busca de sí misma. En definitiva una chica que se siente mal por dentro porque se percibe diferente”

La película fusiona excelentemente la fuerza del relato de Dass con el trabajo de investigación personal de Herzi a propósito de la sexualidad femenina en las comunidades musulmanas que viven en los suburbios de ciudades francesas. La hija pequeña destaca también por la extraordinaria interpretación de Nadia Melliti quien da vida a Nadia logrando transmitir fuerza y profundidad mucho más allá de las palabras


Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Asfixias y fuegos

Fátima padece de asma crónico, una enfermedad que refleja metafóricamente su realidad vital. En efecto, la joven se asfixia teniendo que ocultar su sentir lésbico a las personas amadas que conforman su familia de marcada tradición musulmana. Oculta su sentir –entiendo- por no dolerles y llegado al caso por no perderlos a sabiendas que para ellos la homosexualidad es inaceptable

Sintomáticamente Fátima se enamorará de Ji-Na, otra chica con su misma enfermedad pero que no parece estar condicionada por estrechas paredes mentales familiares, al menos no religiosas. De alguna manera esas dos chicas asfixiadas expresan la dificultad de mostrarse en la diferencia que tantos jóvenes sienten en nuestra sociedad pese a la aparente superación de la histórica mono-visión heterosexual

En este sentido son bellas las escenas de su estar juntas, especialmente en su compartir el rebelde fumar de Fátima quien la besa en humos. Una Fátima que se muestra más activa y atrevida en lo sexual –y más allá- que su compañera quien –quizás abrumada- pedirá cortar la relación confesándose deprimida. Y lamentablemente para nada servirá la empatía de su amada

Así que la fumadora silente –así vemos a menudo a Fátima, como en permanente auto exploración- vivenciará el común dolor de una relación que se corta como añadido a la carga de su comentado conflicto existencial. Y buscará descargar su necesidad afectiva con otras mujeres aunque serán sólo fuegos sexuales pasionales

Fuegos sexuales todos –esos impulsivos y los amorosos junto a Ji-Nan- que Herzi retrata en bellos “haikus visuales” donde se insinúan más que se recrean las pasiones. En sus palabras: “Quería mostrar tanto la sensualidad como la sexualidad, porque ambas forman parte de la vida… Intenté buscar algo nuevo, así que filmé una escena de sexo hablado que no aparece en el libro cuyos diálogos se inspiran en mi investigación sobre sexualidad femenina”

Una investigación que nace del interés por conocer la realidad lésbica que según confiesa no conocía personalmente; y añade que recibió testimonios de mujeres que le pedían que para nada rodara una nueva La vida de Adèle porque no se habían sentido reconocidas en el retrato de sus escenas íntimas. Así que Herzi evitó ser voyeur y construyó las secuencias desde la empatía, desde una mirada respetuosa que se agradece



Madre-imán-profesor

Una mirada comprometida que busca distanciarse de la mono-visión patriarcal que impregna el mundo en general y en mayor medida el universo musulmán del que directora y protagonista proceden. No obstante el suyo es un distanciamiento respetuoso –entiendo- por el fuerte arraigo a la familia que suele darse en las comunidades árabes

En este sentido, la familia de Fátima se nos muestra como un grupo afable en el que ella se siente a gusto. Se relaciona bien con sus hermanas y sus padres, especialmente con su amorosa madre que es el puntal familiar. Ríen, comparten el día a día pero queda silentemente claro que existe un límite en su compartir que es el de los preceptos religiosos. La madre quiere saber por qué Fátima está como está pero la hija pequeña no se atreve a decírselo

Ni se atreve a decírselo directamente al imán de su comunidad con quien hablará del tema fingiendo que tiene una amiga lesbiana. El hombre convendrá que esa joven abandone la homosexualidad porque está prohibida y se dedique a “atraer a hombres”

En esa conversación queda claro que para la religión musulmana sólo es válida la heterosexualidad. Y paralelamente se constata que a la mujer casi no se la menciona en su texto sagrado de referencia, un Corán escrito por y para hombres. Mucha carga sobre las mujeres por esa casi invisibilidad y muchísima más para las lesbianas por esa prohibición

No obstante Fátima sabe que hay otras formas de buscar entender el mundo y la vida, de ahí que estudie filosofía en la universidad. La vemos como una más en clase escuchando al profesor quien les habla de Etienne de la Boétie y su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, la cita destacada en el encabezado de este ensayo que resuena en su interior. Fátima sabe que tiene que liberarse de su servidumbre religiosa


Empoderamiento

La película concluye con la imagen de Fátima futbolista entrenando en solitario. En la novela ela no practica ese deporte, no obstante Herzi lo incorpora porque según explica “el campo de fútbol se convierte en un territorio donde el personaje olvida su encrucijada moral y respira sin culpa. También dialoga con la poca visibilidad de las mujeres, un ámbito que además ha estado históricamente marcado por la homofobia”

Al final con esa imagen se nos explicita que todo queda en el aire, como esa pelota que tan bien lanza la futbolista. Ella controla el esférico, ella sabe que de ella misma depende el control de su vida; su vida, no la que la tradición marca…

Entrevistas mencionadas:https://cineuropa.org/es/interview/477636/

https://valenciaplaza.com/cine-audiovisual-valencia-comunitat-valenciana/hafsia-herzi-directora-de-la-hija-pequena-muchas-personas-homosexuales-viven-en-el-autodesprecio





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