Another Earth: Del valor de perdonarse y perdonar

 



Si te encuentras contigo, ¿Qué te dirías?

Citado en la película

 

Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón. Y nada peor que el miedo, la culpa y el resentimiento

Facundo Cabral

 

Mike Cahill nos ofrece una excelente película de ciencia ficción que plantea un futuro en el que de repente en el cielo aparece una inquietante réplica de nuestro planeta. Another Earth (2011) a través de su pareja protagonista deviene una lúcida reflexión sobre la necesidad de conocerse a uno mismo y el valor de perdonar. Ellos son una joven llamada Rhoda (Brit Marling en una espléndida interpretación) y John (William Mapother), un hombre que perdió a su mujer e hijo en un accidente causado por ella

Es bella la mirada del realizador estadounidense: bello es su mirar reposado del paisaje y de las personas y grande su sensibilidad en el retrato de sus sensaciones. En este sentido cabe destacar el magnífico uso del color azul –algunas escenas se nos muestran en gamas azules- como reflejo de esa enigmática Tierra 2 y de esta enigmática Tierra nuestra que habitamos. El azul vinculado al agua de la madre mar –muy presente en el film ambientado en una población costera- y de las lágrimas saladas de nuestros mares emocionales; el agua también como espejo que refleja imágenes, que refleja nuestra imagen, que refleja nuestros sentimientos, que refleja nuestras historias en las “aguas de los tiempos”…

En este sentido Cahill -en una entrevista concedida a Sensacine- comenta que “La parte dramática es el verdadero corazón de la historia, la parte fantástica es básicamente metafórica, la uso para explorar la autocompasión o, mejor dicho, como una manera de que cada uno se plantee qué piensa de sí mismo”

Así -a través de la fantasía de un planeta espejo- la obra invita a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre el “planeta” que cada uno encarnamos. En este sentido es de notar que Earth (Tierra) se asemeja mucho a Hearth (Hogar) y Heart (Corazón)

 

El análisis que sigue contiene spoilers, así que para aquellos lectores que no hayan visto este filme y quieran hacerlo quizás sea mejor leerlo tras su visionado

 

Planeta espejo

Un planeta “nuevo” aparece en el cielo. Primero como un punto azulado, como una estrella más en el firmamento nocturno. Pero poco a poco ese planeta se acerca siendo visible incluso en luz diurna. Y es aparentemente igual a nuestra tierra, por lo que se le denomina Tierra 2

Lo vemos en el cielo junto a la Luna aunque Tierra 2 es de mayor tamaño y parece estar en fase con nuestro satélite. Los científicos logran contactar con él y descubren que están hablando consigo mismos. La gente reacciona con asombro y miedo al saber que Tierra 2 está habitada por personas de vidas coincidentes, personas que parecen ser ellas mismas

Es sintomática la reacción de Jeff -el hermano de Rhoda- quien afirma que todos “van a ser chupados por la estrella oscura y van a morir” o el común miedo que nos hace ver como oscuridad terrible lo que se muestra en Luz (así se observa Tierra 2, luminosa) y paralelamente nos empuja a asociar toda exploración a lo desconocido como gran peligro que en su grado máximo sería peligro de muerte

Miedo a la muerte física que entiendo –en parte- como reflejo inconsciente de la necesaria muerte psicológica para la evolución personal y grupal. El humanísimo miedo a lo desconocido que en este caso tiene la lectura psicológica y anímica de miedo a lo desconocido en uno mismo. En este sentido en la película se hace hincapié sobre el espíritu explorador humano que nos ha llevado a investigar el microcosmos y el macrocosmos, y que a pesar de ello nuestro mayor reto sigue siendo la autoexploración, el laborioso conocernos a nosotros mismos

Es significativa la escena en la que vemos a Rhoda caminando por la ciudad sobre un pavimento con un gran “Perdónanos” mientras una voz en off reflexiona “¿Puedo ir a conocerme?, ¿es mejor ese yo que éste?, ¿puedo aprender de mi otro yo? ¿mi otro yo cometió mis mismos errores?”. Es de notar que se pregunta por los errores pero nada se dice de los aciertos. Ese modo de pensar y ese ruego es –entiendo- el de la desafortunadamente común maximización del error frente al acierto que tanto daño ha hecho y hace a niños y adultos

Así el –inevitable y a menudo necesario- error se carga como culpa por la falta de apoyo pedagógico y de comprensión plena. Porque cuando el error no se acepta ni se entiende, no se puede perdonar; sin esa aceptación no hay perdón ya sea a uno mismo o a los demás y en consecuencia la vida se vivencia como una pesada carga, como un tormento que afecta a la persona e inevitablemente a aquellos con las que esta se relaciona



Culpa

Desde niña a Rhoda le fascina el espacio exterior y poco antes de la mayoría de edad consigue ser admitida en una prestigiosa institución astronómica. Y es precisamente su pasión observadora del espacio exterior la que la distrae de la observación del espacio interior el día que conduciendo su coche –el vehículo particular como imagen de la propia vida- observa esa nueva luz en el cielo y en la distracción choca con un automóvil parado junto al arcén. En ese coche se encuentran una pareja con un niño que están jugando a las rimas, se nos muestra como el impacto se produce justo cuando el pequeño preguntaba a sus padres qué rima con Luz, todo un simbólico “guiño” de Cahill

Ese accidente supone un antes y un después para la adolescente Rhoda, madre e hijo morirán por su “culpa”. Cumple su pena de cárcel pero sigue en ella la cárcel mental. Poco ayudan sus padres y hermano quienes en ningún momento se interesan por cómo se siente realmente su Rhoda. Ella necesita ayuda para salir de su pozo de culpa y su familia no sabe dársela, siempre se agradece la ayuda de aquellos que se supone que te conocen pero en su defecto –o complementariamente- es favorable el apoyo de algún profesional especializado. La familia no se la ofrece ni directa ni indirectamente

Esa necesidad de ayuda se hace evidente la noche en la que averigua que el padre del accidente sobrevivió al superar un estado de coma, la vemos muy afectada tras observar a ese hombre en su solitario hogar. Rhoda no puede con su culpa, no puede con su dolor empático y se acerca a la playa desnudándose temblorosa para tumbarse en la arena observando Tierra 2 como queriendo encontrar respuestas en ese espejo planetario. Un desnudo físico en la fría oscuridad nocturna que entiendo a modo de imagen de la oscuridad de aquella fatídica noche que perdura en ella en espera de luz. Y despierta ya en el hospital, junto a la joven está su padre en silencio, en ese frío y triste silencio de la incomunicación familiar

Su culpa la aísla de la comunidad, por eso Rhoda escoge un trabajo sin apenas contacto personal. Elige ser limpiadora de una escuela superior, la vemos limpiar con mucho brío cómo si en el limpiar el espacio pudiera “limpiar” su espacio. La limpieza o la lucha frente a la suciedad, frente al polvo que todo lo invade, en especial los rincones escondidos y oscuros… Es bella la escena en la que en la intimidad de su habitación Rhoda observa el polvo en suspensión visible gracias a los rayos solares que penetran o la fascinación por la luz que ilumina las motas de oscuridad, la fascinación por la luz que tanto necesita en su oscuridad personal que quiere transmutar

De ahí su interés por viajar al planeta espejo, por reconocerse y perdonarse. Se nos muestra cómo rellena su solicitud en una convocatoria cuyo significativo lema es “Viaje a Tierra 2. Daremos a nuestros viajeros una experiencia única y transformadora”. En la casilla sobre sus motivos escribe sobre el histórico afán humano por explorar tierras desconocidas, de cómo las expediciones solían estar formadas por “personas viviendo al límite de la vida: locos, huérfanos, ex-convictos y marginados como yo. Como delincuente no son muchas las cosas que puedo hacer” O la carga que tantas personas han tenido y tienen que soportar al estar marcados por la sociedad en su distante incomprensión, en su lamentable falta de empatía; muy triste realidad esta



Rabia y Valor

En esa voluntad “transmutadora” Rhoda se atreve a visitar al hombre al que truncó la vida, su intención es presentarse y disculparse pero finalmente le/se miente ofreciendo servicios de limpieza, afirmando pertenecer a una empresa de significativo nombre “Maid in Heaven” (Sirvienta en el Cielo). John –así se llama él- acepta y la joven entra en su hogar que está tan destrozado como él. El hombre le pide que siga viniendo y ella acepta satisfecha e intenta siempre confesarle la verdad pero sin la suficiente convicción y valentía. La vemos llorar al ver la fotografía familiar, al ver a la madre y su niño. Su llorar contrasta con la rabia un John que explota el día en que ella lava una prenda de su mujer, el día en que Rhoda –inconscientemente y simbólicamente- quita el rastro de olor de su amada compañera

Poco a poco John sale de su encierro teñido de rabia y se acerca a Rhoda, los vemos jugando a un vídeo juego de lucha. Él pelea enérgicamente y ella se defiende o el reflejo de su realidad: la rabia de uno y la culpa de la otra. En ese acercamiento hablan de Tierra 2, ella le pregunta “Si te encuentras contigo, ¿Qué te dirías?” y el hombre le responde un rabioso “Probablemente me golpee” fruto del no haber podido evitar la tragedia. Y le devuelve la pregunta, Rhoda afirma “Estoy segura que me quedaría muda” o su no encontrar la manera de perdonarse

En este sentido es bella la historia sobre el primer astronauta que vio la Tierra desde el espacio que Rhoda cuenta a John. Con su dulce voz ella le relata cómo este ve absorto desde su pequeña escotilla la curvatura de la Tierra añadiendo “Y de repente, un extraño tic-tac comienza a salir del panel de mando. Maldice el panel y saca sus herramientas tratando de encontrar el ruido para detenerlo. Pero no lo encuentra. Pasan unos pocos días y él sabe que ese pequeño sonido lo va a enloquecer. Decide que sólo salvará su cordura enamorándose de él. Así que cierra sus ojos (ella se los cierra a John) tratando de imaginárselo y luego los abre. Él ya no escucha más el tic-tac sino que oye música. De este modo sigue navegando en total felicidad y paz” En esa historia anida la invitación a abrazar el dolor de lo que ha ocurrido y que no puede callarse, la invitación a amar la “desgracia” por dura y torturante que sea, la invitación a transmutar ese dolor, esa rabia o culpa que los ancla a ambos

Así y cuando Jhon le pregunta su nombre, Rhoda por fin le dice la verdad y temerosa observa su reacción. Pero el viudo no la reconoce porque tal y como le explicará no sabe quién causó su desgracia. Sea como sea en su atracción mutua hacen el amor, Cahill nos muestra esa fusión con gran sensibilidad, especialmente en la belleza de la música elegida, la música del amor que –como en el relato del astronauta- transmuta ruidos en melodías. La música que es precisamente el oficio de John y que es la poesía que él le ofrece con ternura

Y la seleccionan para viajar a Tierra 2. Rhoda acude a casa de John para comunicarle la gran noticia, él se alegra pero en la cena íntima de celebración confiesa lo que siente y le pide que se quede. Y ella –ahora sí- le explica la verdad afirmando antes que si sabiéndola sigue queriendo que se quede lo hará (anteponiendo su amor a él a su definitorio amor al espacio exterior). En ese explicar Rhoda confiesa haber sido débil para tener el valor de decir la verdad antes, pero John se muestra incapaz de asumir la verdad y la echa de allí en su recurrente rabia

A pesar del rechazo, la joven vuelve para explicarle una teoría que ha oído; se lo explica después de recuperarse de la casi asfixia que John le causa al agarrarla con su desatada fuerza. Le comenta -buscando una explicación a su trauma compartido- que “en el momento en que vimos por primera vez la otra Tierra, nuestra sincronía se rompió. Tal vez ellos –su mujer e hijo- estén ahí arriba” y se marcha dejándole su billete espacial, regalándole su bien más preciado en su liberador amor

Al cabo de un tiempo se nos muestra a Rhoda viendo a John en las noticias televisivas dispuesto a emprender el vuelo, “Me siento privilegiado y curiosamente estoy orgulloso” declara y ella sonríe satisfecha. Su culpa se ha deshecho en ese regalo de amor  que es una gran oportunidad para John

En la última escena la vemos en el jardín familiar donde se encuentra a su otra Rhoda vestida de negro, se miran y el fundido a negro final. El negro del vestido y del fundido, el negro de lo oscuro/desconocido en Rhoda que ahora tiene la oportunidad de iluminar, de conocer

No obstante queda claro que se trata de un final abierto en el que cada espectador puede sacar sus conclusiones. Así lo ha querido Cahill quien declara “Yo podría haber hecho una película media hora más larga, tratar de explicar qué significa ese otro planeta, quién lo habita… pero no era necesario. Lo que interesaba era llegar a ese punto de emoción que se alcanza al final de la historia, el resto no es tan importante. El resto de la historia debe finalizarlo cada espectador por separado, que cada uno especule sobre qué demonios pasará a partir de ahí”

 

Entrevista a Mike Cahill citada: http://www.sensacine.com/noticias/cine/noticia-18503515/  

Este artículo es  la revisión del publicado en el diario CyL




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