Journey to the Shore: De retornos reparadores y lo infinito
Este
lugar es un sueño
sólo
un durmiente lo considera real
Luego
llega la muerte como el amanecer
y
te despiertas riendo
de
lo que pensabas que era tu pena
Rumi
Aunque sea más conocido por sus thrillers y sus películas de terror, la obra audiovisual del veterano realizador Kiyoshi Kurosawa abarca muy distintos géneros. En Journey to the Shore (2015) fusiona brillantemente el drama con lo fantástico adaptando la novela Kishibe no Tabi escrita por Kazumi Yomoto para retratar el regreso a casa de Yûsuke (Tadanobu Asano) años después de su muerte, un regreso fantasmagórico que supondrá un retorno a lo que quedara pendiente entre él y su mujer Mizuki (Eri Fukatsu en una excelente interpretación llena de matices)
Y
en el reencuentro emprenderán juntos un viaje hacia la mar –allí murió él
ahogado- que será algo así como un viaje iniciático para la apocada Misuki. Un viaje en el que surgirán historias de otras
personas que han perdido a un ser querido y sienten que no supieron o no
pudieron decírselo todo en vida al fallecido. Y a viceversa, personas que han
dejado este ahora y aquí con la dolorosa sensación de no haber tenido la
valentía de desnudar su alma para confrontar sus sentimientos con los que han
quedado “en la otra orilla”
Debo
advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Velos, muerte y realidades
Personas pues a un lado u otro de los velos que separan este espacio tiempo que llamamos realidad de la desconocida, olvidada e incluso negada Realidad (con mayúsculas) sin tiempo que tantos maestros espirituales de todas las épocas nos han evocado como el sufí Rumi cuyas palabras encabezan este ensayo
En ese entender la muerte es un amanecer abrazado en radical oposición al común temor occidental a la muerte que la convierte en un tema tabú para la gran mayoría de la gente
No es así en la cultura japonesa, en ella la muerte es parte esencial de su cosmovisión mitológica. Los nipones –y a pesar de la creciente occidentalización- tienden a pensar que generalmente los muertos aportan algo positivo a los vivos y creen que en caso contrario ellos tienen modos para calmarlos –y superar así su propio temor- mediante ofrendas en altares o festivales en su honor como el O-bon de origen budista que celebran cada verano
Por ese tener tan presente la muerte se puede entender que Journey to the Shore nos muestre con naturalidad la convivencia entre personas de ambos lados de los velos en un aquí y ahora de excelso realismo mágico que bien pudiera querer honrar las sabias palabras de otro gran maestro espiritual, el hindú Sri Aurobindo: “Lo que es mágico para nuestra razón finita es la lógica del infinito”
Un realismo mágico el de Kurosawa que entiendo excelso por su simplicidad y belleza. Así, las “puertas” entre los mundos o los “puentes” entre las orillas son sutiles brisas que hacen oscilar cortinas ligeras, “crescendos” de luz solar en los espacios interiores o bien sugerentes cortinas de agua creadas por cascadas naturales
Y excelsas son también las delicadas mutaciones
espacio-temporales que nos muestra, como la del hogar de un anciano amigo de Yûsuke aficionado a coleccionar flores recortadas
de la prensa que él distribuye como repartidor local. La espectacular belleza
de su cabezal de cama multifloral muta a marchito y polvo en el momento en que
el anciano vuelve a cruzar al otro lado, sólo una flor roja permanece intacta
como legado en medio de la devastación de un espacio antes “vivo” y ahora
abandonado
Necesidad de ayuda
La mutación sucede en el momento en que el anciano admite que no trató bien a su mujer, sucede en el momento en que conversando con Mizuki y Yûsuke llega a ahondar en su herida antes no reconocida y puede ser al fin consciente de su propio dolor que expresa en significativa pregunta: “¿Basta con que uno se derrumbe para que todo se acabe?”
Ese anciano –entiendo- regresó al aquí y ahora pidiendo ayuda ni que sea inconscientemente. Y como él se nos muestran a otros buscando reparación entre los vivos o para ayudar a sus seres queridos
Es el caso del propio Yûsuke o de la niña Mako que al ser evocada aparece para consolar y perdonar a su hermana mayor. Es evocada junto al piano que la pequeña tocaba, la evoca su hermana ante Mizuki quien también sabe tocar el instrumento. Precisamente ese es el problema, la mujer nunca tuvo la oportunidad de aprender a tocarlo y envidiaba por ello a su querida Mako
Es
bella la escena en que vemos a Mako practicando y Mizuki que le hace de
profesora, una profesora amable y dulce (la antítesis de la rabiosa hermana de
su infancia) quien le pide que repita la partitura suavemente hasta lograr que
fluya a su ritmo; y cómo las observa la hermana en presenta a lágrimas. La niña
sonríe, la hermana también y el salón ya sin la pequeña se inunda de simbólica
luz natural
El sonido propio
Y en esa reparadora labor docente, Mizuki recuerda a su profesor de música quien también la animaba a dar lo mejor de sí misma dejando que todo fluyera a su ritmo. Una excelente enseñanza (simple y profunda) que más allá de ser básica para el arte musical y se entiende también como pedagogía esencial del arte de vivir
Y es precisamente el arte de vivir la asignatura pendiente de Mizuki quien siempre ha vivido a “la sombra” de su esposo sin capacidad ni valor para reconocer su propia luz. Así se lo expresa cuando Yûsuke alaba su fortaleza: "yo sola no voy a ningún lado"
Por esa carencia, se entiende que Yûsuke ha regresado, para realizar un último viaje en el aquí y ahora junto a su amada. Mizuki descubre de esta manera escenarios y facetas desconocidas –luces y sombras- de él
Y del mismo modo Mizuki le explicará a su esposo aspectos de su vida que nunca le había confesado. Ambos se sienten bien hablando de estas intimidades que antes no compartían “en realidad hay un montón de cosas que no te he contado, son mis secretos” le confiesa ella sintiéndose más suelta que nunca a Yûsuke mientras sonríe su felicidad y sus ojos brillan vida
Mizuki tenía una vida vacua al no ser capaz de tener el valor de descubrir ni desarrollar su propio sonido, el “fantasma” de Yûsuke ha sido su gran maestro
El viaje iniciático termina junto a la simbólica inmensidad marina –la de la “muerte/ahogo” de él y la de la reunión de todo lo que muta en el ciclo del agua de la vida- y con la presencia del también simbólico fuego de la pasión propia que por fin late en Mizuki
Porque Mizuki quema en esa playa unas oraciones que escribió con “mala letra” (así lo entendía Yûsuke) Una expresión simbólica que evocaba su falta de convicción y su falta de luz y voz propia. Y ahora en ese quemar recetas impostadas (las de una religión concreta que no siente como suya), Mizuki busca dejar atrás definitivamente la mujer apocada que se creía incapaz de ser por sí misma
Mizuki ha necesitado el apoyo de Yûsuke y a pesar del dolor por la separación ha tenido la valentía de no agarrarse a él permitiéndole regresar a lo infinito, ahí en la orilla sin tiempo le espera su amado. Él se lo promete y le entrega una simbólica caja de cerillas con dos (la dualidad de nuestro mundo) esferas temporales, con ellas Mizuki prende las oraciones ajenas y deviene fe/convicción interior, prende bellamente en sí misma
Este
ensayo es la revisión del publicado en el diario CyL













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