A la cara: Ante las habladurías, el valor de conocer

 



En un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario

George Orwell

 

Sólo habrá habla verdadera cuando hayamos escuchado

Josep Maria Esquirol

 

Valga este artículo como respetuoso homenaje al recientemente fallecido Manuel Solo (nombre artístico de Manuel Fernández Soriano), un gran actor y, por lo que dicen los que lo han conocido, también una gran persona. Y precisamente A la carta (2025), una de sus últimas películas, explora el poder a menudo oscuro de los decires de la gente frente al valor de conocer verdaderamente al otro (y por ende a uno mismo)

En efecto, el realizador Javier Marco nos sumerge en la extraña relación entre Pedro, un hombre solitario que descarga su frustración en las redes sociales y Lina, una mujer famosa que es objeto de sus comentarios ofensivos. Manolo Solo encarna a Pedro y Sonia Almarcha es Lina, ambos excelentes en sus interpretaciones de unos personajes que se enfrentan a sí mismos en el espejo del otro

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Juzgar al otro

Más allá de la peculiaridad de la relación retratada entre ese hablador/criticador y su señalada, la película pone luz a un modo de operar humano que nos deshumaniza. Y es que tendemos a hablar de los demás juzgándolos pese a que a menudo no los conocemos lo suficiente ni tenemos la certeza de lo que les está sucediendo realmente. Este comportamiento nuestro crea recelos y discordias que en muchos casos podrían evitarse hablando con el señalado y escuchándolo sin juicios. Juicios que –entiendo- no nos corresponden salvo si el interesado pide nuestra opinión y esta nace desde el respeto al otro con voluntad constructiva

El caso de Pedro es exponente máximo de ese juzgar nocivo. Pedro encarna un fenómeno lamentablemente creciente en nuestra sociedad: el de los individuos que en redes sociales escriben críticas lacerantes y mensajes de odio a mujeres y hombres que no conocen personalmente, todo ello sin dar la cara gracias al anonimato de un pseudónimo. Para esta gente todo vale con tal de ser seguidos/vistos/leídos por otros anónimos y de esta manera sentirse “importante” como el mismo Pedro confesará a Lina

Sabemos que a esa inmunda palabrería se enfrentan muchas personas, especialmente las que de alguna manera son famosas. Y Lina lo es en su condición de periodista conductora de un programa televisivo de significativo título Culpable o Inocente en el que ella entrevista a sus invitados –como revelará a Pedro- evitando complicidades y “clavándoles” la mirada…



Mirarse

Lina cree que esa actitud los pone a la defensiva o lo que es lo mismo que la pone a ella en el “ventajoso” ataque para poder llegar a la verdad escondida tras la máscara del personaje entrevistado

Un modo de ser agresivo “ganador” que la define como profesional y queda en evidencia desde el minuto cero de su encuentro con Pedro. Es la periodista la que se presenta en casa de su hostigador espetándole su cobardía para exigirle que le diga a la cara mirándola a los ojos lo que escribió. Y en esa actitud la periodista logrará que él lo haga arrepentido en la voz trémula del que se reconoce indigno

Pedro quisiera que tras su arrepentimiento sincero ella se fuera y así “dejar atrás” lo ocurrido pero Lina quiere permanecer en su casa alquilando la habitación que él ha anunciado en redes, llamamiento que le ha permitido localizarle. De nuevo se hará lo que Lina quiere gracias a esa actitud y voluntad que la define pero que también la encierra



Encerra-dos

En efecto, pronto comprobaremos que el objetivo último de Lina es encerrase lejos de su lacerante realidad aislándose de todo y todos. Y se hará evidente que de alguna manera Pedro también vive o sobrevive encerrado en sí mismo aislándose de sus allegados desde que se divorciara. En este sentido es simbólica la imagen de su primer encuentro, los vemos a ambos tras la reja de la puerta de esa casa de encierro donde se esconden más que nada –entiendo- de sí mismos

En ese compartir espacio interior asistiremos a los diálogos incluso en silencio de dos almas que están en proceso de conocerse, porque Lina nada sabe de Pedro y él poco sabe realmente de esa mujer criticada con sarna. Y en ese conocerse sabrán que tienen mucho en común que simbólicamente Lina verbaliza asegurando que esa casa familiar heredada se parece a la de sus raíces; comprobaremos que en especial comparten el tener hijas adolescentes desatendidas:

La de Lina está conectada a una máquina tras buscar suicidarse y la de Pedro parece no existir para ese padre encerrado. Es la hija la que se acercará a la casa de las raíces paternas movida por el interés de conocer a Lina cuando ya se sepa públicamente que ella y Pedro conviven juntos, la joven la visitará a menudo -cuando su padre se ausenta por trabajo- y empatizará con el profundo dolor de esa mujer madre

Porque pese a que Lina evita llorar, quizás porque ella lo entienda como detestable señal de debilidad, poco a poco va dejando atrás la máscara profesional para ni que sea por momentos derrumbarse en humana vulnerabilidad. Enfrente tiene a un Pedro silente que a su manera la atiende y se da cuenta de la presión que soportan los personajes públicos. Se da cuenta cuando frente a su casa se instalan periodistas ávidos de información y especialmente al comprobar como ahora él también es objeto de habladurías maliciosas en esas redes en las que antes se sentía tan bien…



Preguntarse

Por esa difusa empatía de Pedro y gracias a la franca relación que entabla con su hija, Lina se enfrenta valerosamente a la dolorosa verdad que la atormenta. Y lo hace de forma acorde con su forma de ser proponiéndole a un sorprendido Pedro que la entreviste cara a cara como si fuera ella misma la que se entrevistara en su exitoso programa televisivo

Un recurso original que le permitirá verbalizar lo nunca expresado como puerta de salida a su encierro físico y anímico. Un verbalizar conmovedor surgido de un cara a cara resonante para nada agresivo que tendrá además un beneficioso eco en su interlocutor

En efecto, Lina confesará su parte de responsabilidad en lo que le ha ocurrido a su hija y llorando –por fin- firmará el consentimiento para que la desconecten del aparato que la mantiene “viva”. Y Pedro se acercará a la suya dejándose fotografiar –simbólicamente dejándose ver- por ella con la cámara que él usara para retratarla en su infancia, en esa cámara su profundo vínculo y unión

Así que para esta extraña pareja encerrada se ha abierto la puerta a la oportunidad de un tiempo nuevo que se espera más acorde con los claroscuros de su verdad interior



Simbología

La película tiene distintos elementos simbólicos que enfatizan el sentir de sus protagonistas. Se ha comentado ya los significados de la definitoria reja de la vivienda y su interior antiguo como espacio de resonancias personales similares, y también esa cámara fotográfica que une a Pedro con su hija

A estos cabe añadir:

Los azules celestes oscuros: Se aprecian esos tonos como dominantes en el interior de la vivienda que puede entenderse como modo de visualizar la ambivalencia luz-oscuridad de la verdad interior que ellos buscan –ni que sea inconscientemente- encontrar. Azules celestes que también viste Lina -tanto al llegar como cuando decide ponerse una bata de la madre de Pedro- quizás evocando el papel relevante de la mujer en esta historia porque pese a las lecturas actuales cabe tener en cuenta que antes de la aparición de las prendas índigo para uso masculino las tonalidades azules se asociaban a la feminidad como bien atestiguan las pinturas religiosas antiguas

La piscina con agua estancada de la vivienda como imagen de sus vidas encalladas en el dolor, la rabia, la culpa…

La plaga de cotorras: La cultura popular asocia a las cotorras con el hablar molesto por volumen, tono y persistencia. A ese no parar vociferante se enfrentan los señalados por la gente como Lina y finalmente también Pedro




 


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