À pied d’oeuvre: Del conformismo social y la búsqueda de autenticidad

 



Cuando impera el miedo se impone el conformismo. Donde hay miedo es imposible la libertad. Miedo y libertad son incompatibles. El miedo puede transformar una sociedad entera en una cárcel

Byung-Chul Han

 

 

Creo en mí

Porque algún día seré

Todas las cosas que amo

Luis Cernuda

 

 

La realizadora y actriz Valérie Donzelli nos ofrece una sobresaliente película dramática que está basada en el libro autobiográfico de título homónimo escrito por Franck Courtès. À pied d’oeuvre (2025) muestra con sensibilidad y empatía la historia real de un hombre que dejó su seguridad económica para emprender la aventura de dedicarse al oficio de escribir. En el retrato de su día a día vivenciamos su sentir ambivalente por la libertad alcanzada versus su precariedad económica y la negativa reacción de sus allegados. Más allá de la mirada a su valerosa historia personal, se nos sumerge en la precariedad laboral y la insensibilidad social de nuestro mundo aunque evitando juicios. En este sentido la película nos invita a reflexionar sobre nuestra actitud personal ante la degradación moral y la progresiva pérdida de libertades actual

 

Añadir que la propia Donzelli interpreta a la ex mujer de Paul (nombre que Franck eligió para su alter ego) acompañada por un soberbio Bastien Bouillon encarnando a Paul. Por último mencionar que en nuestro país –como es desgraciadamente habitual- se ha cambiado el título original. En efecto, el excelente A pie de obra -título ambivalente que como veremos le viene al dedo a este escritor vocacional y manitas del hogar por necesidad- ha devenido en un facilón  Por la mañana escribo; y se da la circunstancia de que uno de los temas que abordan Courtès y Donzelli es precisamente el necesario respeto a los artistas y sus obras

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers




Valiente

Paul se nos presenta como alguien que en un momento de crisis profesional/vital decide dejar atrás lo conocido/seguro para aventurarse a seguir lo que siente que quiere hacer: ser escritor. Decide apartarse de lo que no quiere más para sin garantía alguna adentrarse en lo que quiere. No se nos informa sobre los motivos por los cuales abandona su oficio de fotógrafo pero sí que en su primer libro lo explica con todo detalle. No obstante –entiendo y parece entender Donzelli- no importa tanto saber cuáles son estos como el saber que los tiene y se arriesga a saltar a otra realidad dejando atrás su seguridad económica y el reconocimiento social alcanzado

Y consigue que sus libros sean bien recibidos por la crítica y el público aunque para nada le reporten suficientes ingresos como desafortunadamente les ocurre a tantos buenos escritores. En esa realidad poco a poco ha de aceptarse como alguien, en sus palabras, cuyo “estatus social se ha vuelto difuso” tanto que -como confiesa- empieza “a ver muy cerca el vivir en la miseria”. Ahora Paul ha de racionarlo todo, vivencia la privación al tiempo que se recuerda gastando sin medida

En este sentido se nos muestra cómo ha de mudarse de domicilio cambiando su confortable piso parisino con vistas sobre la ciudad por un semisótano con vistas a los calzados de sus transeúntes. Tremendamente simbólico ese cambio del ver en alto y ancho empoderado versus el apenas ver lo más bajo en su nueva realidad. Donzelli lo enfatiza enfocando a menudo los calzados de la gente que pasa de largo por su pequeña ventana y más allá de esa visión hogareña también mediante primeros planos de los zapatos impecables de gente que pertenece al mundo que Paul dejó atrás y que él encuentra de nuevo ejerciendo alguno de los oficios con los que busca aumentar sus ingresos

Porque como sugiere el ambivalente título de la película, Paul escribe obras literarias y se ve forzado a trabajar en todo tipo de obras manuales. Podría haber buscado empleo en labores intelectuales –quizás como profesor- pero decide ejercer profesiones para nada intelectuales que no siempre domina: desde hacer de manitas reparador del hogar o jardinero hasta trabajar como taxista conduciendo el coche “prestado” de su padre

Pero pese a esa situación de pluriempleado por necesidad él nunca se presenta como víctima sino como alguien que con voluntad ha decidido seguir su senda pese a lo que pese, como alguien que vive en su incierto día a día la ambivalencia del gratificante sentirse libre (él ha elegido y elige en cada instante) y el saberse al borde de la pobreza. Su actitud es la de aceptación no resignada, en él anida la fuerza de la autenticidad



Degradación

Paul no se juzga ni juzga (salvo –como se verá- en defensa propia si se siente juzgado por otros), eso sí acepta una realidad individual que –en mayor o menor medida- es también la realidad de cada uno de nosotros como individuos que formamos parte de esta sociedad neoliberal global nuestra cuya economía extremadamente competitiva tiende a deshumanizarnos

En efecto, Paul se inscribe en una plataforma de servicios profesionales online en la que los empleadores particulares seleccionan personal para trabajos puntuales. Seleccionan entre los trabajadores apuntados quienes se ofrecen en puja a la baja sin límite y sin contrato ni apenas derechos laborales. Operarios desesperados como Paul se ofrecen y gente que busca ofertas para pequeños trabajos los selecciona como quien selecciona un producto dado atendiendo a su precio competitivo y a las opiniones de otros compradores

Esa es la degradación laboral y social normalizada que se nos muestra, un poner el dedo en la llaga a modo de incitación a nuestra posible reflexión personal. Pero es fácil que nos “traguemos” esa degradación en la total insensibilidad del que nada se plantea o con el falaz argumento del “al menos ni que sea poco algo ingresan, peor les sería no trabajar”

Como solemos hacer, por ejemplo, con los productos manufacturados en países que permiten la explotación laboral o como, según denuncia Courtès en su libro –y no aparece reflejado en la película-, ocurre con esos ciclistas repartidores africanos indocumentados que pedalean por nuestras calles a cambio de una miseria: “Sus rodillas no aguantan el ritmo durante dos años. Da igual, el flujo de migrantes proporciona pantorrillas frescas. Tendremos nuestro plato de sushi o pizza a cualquier hora, cueste lo que cueste en meniscos africanos”

Lo cierto es que parece casi un imposible revertir la constante degradación laboral y social de nuestro mundo globalizado. Pero quizás algo podremos hacer más allá del cómodo mirar a otro lado esperando no ser nosotros los necesitados… Quizás sea mucho pedir que se consuman productos de comercio justo y se exijan esos estándar en todos los productos a la venta mediante etiquetado homologado pero sí parece asumible el no contratar como “negreros” directa o indirectamente a trabajadores auto-explotados



Señalar versus entender

Sea como sea -y volviendo a la voluntad de no juzgar de Paul- À pied d’oeuvre pone el foco en otra característica humana con la que a menudo nos dañamos y dañamos. Y es que solemos juzgarnos y especialmente juzgar a los demás con lupa crítica negativa sin ponderar la realidad personal del juzgado. Quizás el punto estaría en el dejar de señalar tanto y entender con más empatía. Pienso, por ejemplo, en los que opinan descalificando con saña en redes a propósito de servicios o productos como es el caso de los que juzgan a Paul como empleado “en oferta permanente”

Se nos muestra que él sufre en propia piel los vaivenes causados por la crítica de los usuarios de esa plataforma. Pero más aún sufre la crítica directa de sus allegados ya sea su ex mujer e hijos o su padre y hermana. Ninguno de ellos apoya el salto de Paul, ninguno se interesa por comprenderlo, nadie ha leído el libro en el que él se desnuda anímicamente, nadie se pone en su piel. Pero sí lo juzgan negativamente:

Su padre y su hermana lo critican por haber elegido trabajar como esclavo en esa plataforma, él mirándolos se defiende con un contundente “hoy en día hay esclavos muy bien pagados”. Y su ex mujer e hijos mayores de edad, quienes deciden irse a vivir al lejano Canadá, crean también distancia emocional con él; sólo el hijo se acercará entendiéndolo tras leer sus libros, en especial el exitoso último libro en el que el padre habla en ambivalencia tragicómica de su día a día como obrero pluriempleado

Queda claro que todos sus allegados lo quieren y sufren por él pero –entiendo- a menudo lo hacen desde la comodidad de su cosmovisión sin entender la peculiar cosmovisión de Paul. No leen sus libros, no buscan entender su nueva vida porque –ni que sea en parte- les obligaría a cuestionar su forma de vida

Y es que se necesita valor para romper con lo que te limita como hace Paul a quien simbólicamente vemos al inicio de la película derribando una pared interior antigua de una vivienda en reforma. Y se necesita tanto o más valor para persistir en el intento de llegar a ser persona consecuente con uno mismo, para persistir en la búsqueda de ser persona auténtica en un mundo dominado por la falsedad y el miedo. En este sentido son bellas sus palabras acerca del oficio de escribir que –entiendo- pueden extenderse al oficio de vivir en autenticidad: “El oficio de escritor consiste en avivar un fuego que está a punto de extinguirse. Un fuego en la nieve”







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