Room: La fuerza de la unión

 



Todos nos ayudamos unos a otros a ser fuertes. Nadie es fuerte solo. Compartimos la misma fuerza

Citado en la película

 

Una madre y su hijo viviendo en una insalubre habitación en su forzado confinamiento. Ella es Joy quien hace que la vida del niño Jack –que nació allí- sea agradable a pesar de su secuestro. Este es el punto de partida de Room (2015) que el director y filósofo irlandés Lenny Abrahamson rodó en base a la exitosa novela de título homónimo escrita por Enma Donhogue. La película es una lúcida reflexión a propósito de las relaciones materno-filiales, la fuerza de la unión entre las personas amadas y el valor necesario para superar dolorosos pasados. Destacar las extraordinarias interpretaciones de la pareja protagonista, Brie Larson (Joy) y Jacob Tremblay (Jack)

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers (incluido el final)



Encerrados, un mundo pequeño

Se nos muestra al detalle esa habitación, ese pequeño mundo que para Jack es la única realidad. Joy así se lo ha hecho ver para ocultarle la dura verdad de su encierro, para hacerle sentir bien. Su creatividad parece no tener límites, impresiona ver al niño feliz en esa celda siendo inmune a tanto mal; Joy juega, canta, le cuenta cuentos… y lo manda a dormir al armario cuando llega su secuestrador/violador al que llama “el viejo Nick”. Gran entereza la suya para crear ese clima en esa vivencia tan angustiosa y dolorosa, entereza que a veces flaquea en los “días malos” tal y como los denomina Jack

La habitación tiene tres aberturas al gran mundo: la puerta que requiere de código para abrirse, un tragaluz alto que permite ver el cielo y ocasionalmente alguna hoja que el viento transporta y un viejo televisor. Para Joy todo lo que ve en él es ficción, da igual que sean dibujos animados o personas

En ese ahora celebran que Jack cumple cinco años y Joy le convence de que ya es mayor porque tiene un plan para liberarle/liberarse. En ese hacerle sentir mayor la madre va explicándole ya lo que es real y lo que es ficción, lo grande que es el mundo real fuera de su limitado/limitante cuarto. Y le explica el plan para salir de su encierro: hacer ver que él tiene una enfermedad con fiebre para poder ser asistido por algún médico pero como “el viejo Nick” no se deja convencer finalmente decide simular su muerte. El engaño funciona



Fuera, el gran mundo

Jack sale enrollado en la alfombra de la habitación que Nick carga en su ranchera. Ya en marcha el niño se desenrolla y sale, se nos muestra su cara de asombro al ver el mundo exterior. Y en un stop logra bajarse consiguiendo llamar la atención de un buen hombre, el secuestrador acaba marchando. Mientras esperan a la policía, Jack extenuado tumbado en el suelo recoge una hoja, al fin puede tocarla, está fuera, es libre

En el coche patrulla, una mujer policía gracias a su empatía e intuición logra averiguar lo que le ocurre al niño. Jack le habla de la habitación, del tragaluz y de su trayecto en el vehículo; con esa información localizan el lugar y liberan a Joy

En una de las mejores escenas del filme se nos muestra el primer despertar del Jack libre en su gran habitación de hospital limpia y muy luminosa, su extrañeza por todo: huele la ropa, sus pies desnudos sienten los tejidos y el pavimento, le deslumbra tanta luz… Y mira al exterior alzando la vista al conocido cielo para seguidamente bajar su rostro y ver la inmensidad del paisaje, y la gran impresión que le produce la altura en la que se encuentra. Desconcertado por tanto regresa a la cama compartida y pregunta a su madre si están en otro planeta

Y conoce a los abuelos. Jack acurrucado auto-protegiéndose de tanta novedad los mira a los tres en su reencuentro. Perdido en ese extraño mundo desconocido, Jack sólo habla con Joy y en presencia de otros lo hace en voz muy baja, en la intimidad de toda una vida a solas

En ese acogedor hogar, Jack conoce cómo era la vida de su madre. La habitación de Joy está intacta –reflejo de la esperanza de su madre, una madre nunca se da por vencida-  llena de recuerdos. Y el compañero de la abuela pronto se hace suyo a Jack, él es un hombre que mantiene vivo a su niño interior con lo que sabe entrar en el mundo de ese niño asustado. Hablan de su perro Seamus y Jack le explica que “una vez tuve un perro, se llamaba Lucky pero no era real”. Afortunadamente Jack se va abriendo a él y a la abuela, va saliendo de la relación exclusiva y dependiente con su madre

No ocurre igual con Joy quien está cansada e irritable, por la rabia acumulada en su cautiverio culpa a su madre de lo ocurrido afirmando que por su educación del “sé amable” ella fue engañada/secuestrada por aquel hombre



¿Dónde está la puerta?

En una entrevista Joy habla de que Jack no tiene padre “un padre es un hombre que ama a su hijo”, y la periodista le que espeta si se le ocurrió alguna vez pedirle a su secuestrador que se llevará a Jack de ahí, que lo dejara en algún lugar como un hospital (se lo pregunta y vemos detrás una fotografía de ella niña con el padre) para que el niño pudiera ser libre. Qué falta de sensibilidad, qué nula empatía la de esa “profesional” quien no tiene reparos en culpabilizar a una madre tocada, porque de haber estado bien Joy hubiera podido responder lo obvio: que no tenía garantías de lo qué haría en realidad aquel hombre con su hijo (era necesario que Jack tuviera la edad suficiente para tener conciencia y autonomía)

La pregunta la descoloca y va a ser la gota que derrame el vaso de su malestar que le llevará a intentar suicidarse. Y será Jack –siempre a su lado, siempre pendiente de ella- quien la descubra tirada en el baño. Joy ingresa en un psiquiátrico, Jack en su primera llamada telefónica a casa le exige que vuelva con un contundente “yo decido por ambos” o la conciencia de que ella está mal y que él –quizás más que nadie- puede ayudarla

Jack es un niño excepcionalmente sensible y despierto que mucho entiende lo que sucede. Y decide cortarse su larga melena que para él –cual Sansón bíblico- es su fuerza, quiere dárselo a su madre porque entiende que lo necesita, “¿Mi fuerza también puede ser su fuerza?” le pregunta a la abuela quien satisfecha dice que sí añadiendo unas sabias palabras: “Todos nos ayudamos unos a otros a ser fuertes. Nadie es fuerte solo. Compartimos la misma fuerza”. Y el bello cerrar los ojos de Jack –del sentir, del imaginar, del desear- cuando la abuela empieza a cortarle, otra experiencia nueva para él

Jack ya ha salido del encierro: se relaciona amorosamente con la abuela, Leo, Seamus y un niño vecino con el que empieza a jugar, su primer amigo. Y cuando regresa la madre, se abrazan; hablan, ella le comenta que cuando la abuela le trajo su mechón supo que podía mejorar “tú me salvaste otra vez” dice, y dice verdad porque Joy es grande

De nuevo juntos, los vemos tumbados en la simbólica gran hamaca del jardín familiar, la red familiar a la que pertenecen, la red que puede ser encierro o puede ser soporte. Jack se dice, nos dice “Cuando tenía cuatro ni siquiera sabía que existía el mundo y ahora mamá y yo viviremos en él para siempre hasta que muramos. A veces da miedo, pero no pasa nada. Porque seguimos siendo sólo tú y yo”  Y le pide a ella ir a ver la habitación de su encierro, allí con una Joy muy incómoda –se queda en el vano de la puerta, no entra- él se da cuenta de que en realidad es pequeña y se despide de todos los elementos que conformaron su antiguo mundo. Jack ya ha dejado atrás todo aquello, y vuelve a echar una mano a su madre con un sentido “Dile adiós a cuarto” y ahora es ella la que lo hace pero en voz muy baja

Parece que Joy está dispuesta a cumplir su promesa, a sanarse dejando todo aquello atrás con conciencia. Dispuesta a salir del encierro, a encontrar la puerta al gran mundo, en palabras del gran Hafiz:


¿Dónde está la puerta?

En el ladrido de un perro

en una gota de lluvia

en el rostro de todo aquel

al que miras

 

Este artículo es la revisión del publicado en el diario CyL




 

 


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