El prodigio: Confrontando creencias y moralidades
Todos los
que creyeron en un mundo mejor están creando la moral de un mundo que les fue
entregado sin terminar. Y lo hacen por dignidad, no por esperar una recompensa
o huir de un castigo
Francisco
González Ledesma (La ciudad sin tiempo)
Sebastián Lelio nos ofrece una sobresaliente ficción cinematográfica ambientada en la ultra católica Irlanda rural del siglo XIX. El prodigio (2022) retrata una historia protagonizada por tres mujeres: la enfermera Lib Wright (Florence Pugh) que acude al poblado donde vive la familia O’Donnell gobernada por la matriarca Kitty (Niamh Algar) para valorar la veracidad del supuesto don de su hija Anna (Kila Lord Cassidy) quien al parecer no necesitar comer
No obstante el poder comunitario y social está en manos de los hombres quienes han erigido un comité especial para evaluar la situación, entre ellos está el Dr. McBrearty (Toby Jones). Urge decidir qué hacer porque Anna atrae a curiosos y fieles que acuden a esas tierras remotas en peregrinaje. También se interesan por la niña prodigio periodistas como Will Byrne (Tom Burke)
El comité da dos semanas para que Lib Wright y
una monja permanezcan junto a la niña y valoren su caso. La valorarán pues dos
mujeres que representan dos visiones distintas del mundo: la científica y la
religiosa, dos visiones que -sabemos- en luz son complementarias pero que en
las sombras de los muros dogmáticos se enemistan
Debo advertir que el análisis que sigue
contiene spoilers
Maná
No obstante la película deja a la monja en casi irrelevante segundo plano colocando en su lugar a la madre de la niña, mujer de profundas convicciones católicas que Anna ha mamado desde pequeñita y ha hecho suyas. De este modo Anna se le muestra a la sorprendida enfermera como una especie de santa que con sus once años cumplidos reza constantemente y responde a sus preguntas en profundidad mística. Han transcurrido varios meses desde ese cumpleaños que inició su actual rechazo a comer, sólo bebe agua y dice alimentarse de maná divino, vocablo bíblico hebreo que significa ¿qué es esto?
No parece casual la pregunta implícita en el nombre del alimento sagrado que en la doble visión de esta historia puede interpretarse como la búsqueda científica de Lib Wright y así mismo como la búsqueda espiritual de una salida a ese oscuro mundo retratado. En efecto, Lelio nos sumerge en una simbólica ambientación fría y gris (en ningún momento luce el sol) que refleja la dureza de ese tiempo y ese lugar, en especial la dureza de la vida de la humilde familia O’Donell trabajando como cortadores de turba. Una turba formada por la descomposición de vegetales en esas zonas pantanosas donde se alza su cabaña, ese material de descomposición con el que ellos logran su sustento es otra imagen simbólica que evoca su miserable vida. Poquísimas alegrías para una niña en un lugar así, de ahí el extraordinario valor de saberse prodigiosa y ser reconocida como tal por la gente
En este sentido, el primer careo entre la
enfermera y la matriarca se produce en los lodazales, la mujer le espeta “yo
busco turba, usted la verdad” lo que ya es toda una declaración de intenciones:
ella no busca la verdad sino descomponerla, embarrarla
Creer historias
La madre O’Donell se escuda en el dogmatizante creer de su iglesia para cuestionar la incredulidad de la enfermera afirmando que ella también cree en historias, las que escribe en su cuaderno de anotaciones donde refleja sus impresiones y los resultados de las pruebas que realiza diariamente a Anna
El tema del creer en las historias está en el trasfondo de esta ficción cinematográfica que arranca con una escena muy original que evoca ese poder que en conciencia libre nos transporta y puede ser pedagogía: “sin historias no somos nada, por eso te invitamos a creer en esta”, nos dice la voz en off antes de entrar de lleno en la narración
Pero cuando las personas a las que se les cuenta una historia –sea cuál sea esta- no tienen esa conciencia y en consecuencia pueden ser fácilmente manipulables es fácil que asuman como verdad lo que claramente no es y estén dispuestas a defender una historia dada acorazadas en su limitante creencia ante quien sea y a costa de lo que sea
A este segundo tipo de historia pertenece la
que desenmascarará Lib Wright con la ayuda del periodista amigo al averiguar
cuál es la verdad del caso. Y sin embargo la historia toda relatada en El prodigio pertenece al primer tipo:
transporta y puede ser pedagogía
Morales y amor
Pedagogía del valor del amor humano como verdadera moralidad del ahora y aquí mundano. Y es que conforme avanza la trama nos damos cuenta de la radical diferencia entre Lib Wright y la matriarca O’Donnell más allá de su visión acerca de las creencias y las historias. Averiguamos que la enfermera perdió un bebé al poco de nacer, una muerte que es profunda herida interna que de alguna manera busca aminorar cuidando a las personas con amor. Y por su parte la madre de Anna –quien también perdió a un hijo aunque pre adolescente- antepone su doctrina “moral” de un más allá justiciero que de seguirse promete aportar amor eterno al cuidar con verdadero amor a su hija para una existencia terrena sana. La matriarca antepone la “moral” ultra católica a la moral del corazón humano que encarna la enfermera, una mujer que sana por ciencia y por amor
En ese modo de ser ella averiguará la verdad del caso, lo hará por deducción intuitiva y lo confirmará por su sincera amistad con Anna quien acabará confesando lo inconfesable. No es necesario desvelar los detalles, tan sólo comentar la lúcida resolución del embrollo que elabora Lib Wright con la ayuda del periodista más que amigo Will Byrne. En este sentido se nos ofrecen dos escenas relacionadas que conmueven por su belleza humana:
La que nos muestra el primer paseo de Anna junto a Lib y Will (así los llama en afinidad) hablando del viento y de los viajes por el mundo del periodista, hablando de libertad con las caras y cuerpos al viento. Y en ese Amoroso –por Libre y Empático- compartir él le regala un simbólico taumatropo que muestra un pájaro dentro y fuera de una jaula
(Antes de leer la segunda, recordarte amiga o amigo lector que contiene spoilers, en este caso el más spoiler de todos. Avisados pues)
Y la de la enfermera contándole una historia a Anna junto a un simbólico pozo enraizado en la tradición local para que la niña crea que puede morir y renacer ahora y aquí con otro nombre, siendo otra niña y por tanto liberada de las cargas ideológicas maternas
El
prodigio finaliza con una escena en línea con la inicial enfatizando el
poder de las historias ya sea para bien o para mal, la verdad es que esta
historia de historias lo es para bien gracias a su pedagogía humana que emana –no
puede ser de otra forma- del corazón












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