El tiempo de los lirios: Contemplando la evocadora Umbría franciscana
La Umbría es,
podríamos decir, una región italiana en la que un hombre se opuso con
determinación y radicalidad al imparable curso económico y moral de la
Historia, como si hubiera observado y comprendido en su propio presente –en su
propia familia, para empezar- todo el futuro. No fue el primero ni tampoco
sería el último, pero su figura se revela aún –mientras recorremos con asombro
sus caminos y ciudades, la literatura, el arte, la arquitectura, la música, las
ilusiones espirituales generadas por esta tierra- como original y única
La cita expresa en palabras del autor la esencia de este valioso cuaderno de viaje por las tierras del mítico Francisco de Asís. Un género –el ensayo crónica- en el que el poeta ibicenco Vicente Valero se manifiesta con erudición y belleza
Y es que El
tiempo de los lirios (2024) se disfruta y se degusta en cada anotación
diaria por su forma y su fondo. La forma a menudo poética de su prosa y el
fondo lúcido que enlaza artes, historia y espiritualidad
Francesco
Valero se siente atraído por la figura de ese hombre asceta revolucionario al que ya en vida muchos equipararon a Jesucristo. La misma atracción que sintieran tantos escritores -a menudo poetas- de todos los tiempos, desde Herman Hesse a lord Byron, a los que el autor ibicenco hace referencia
Una atracción la suya que se expresa en respeto hacia el santo pero sin la devoción del creyente. Valero lo siente y lo entiende como héroe humano religioso en el sentido original de la palabra que la vincula al religare latino, es decir al “volver a pasar por el corazón”. Así lo expresa:
En las palabras y en la vida de San Francisco de Asís había una propuesta vital inmediata, en el interior del cristianismo, sí, pero también más allá de él, y esta es la razón, creo yo, por la que tuvo tantos seguidores y desde tan temprano, porque convertía en diferente y nuevo lo que ya había sido casi completamente olvidado. Y lo hizo como suelen hacerlo los héroes de las fábulas, cambiando su estado para conseguir la meta: era rico y se hizo pobre; era amo y se convirtió en siervo; era cuerdo y se transformó en loco; era listo pero se hizo el tonto y el distraído
Y de alguna manera ese espíritu, esa esencia permanece
como atemporal en la austera pero bella Umbría donde nació y vivió Francesco…
Atrapante Umbría
Hay una tristeza en la Umbría que no se encuentra en otras regiones de Italia, pero no es fácil definirla, explicar su origen. Una tristeza que, aun así, consigue atraparte, se convierte poco a poco en una melancolía dulce como la de los rostros amorosos de las vírgenes prerrenacentistas o la de las ermitas perdidas en un bosque alto y húmedo. Una tristeza en la que se está plenamente feliz
Como poeta sintiente y tras vivenciar unos días la región interior italiana, Valero nos transmite la sutil energía que emana de sus paisajes, de sus caminos, de sus piedras, de sus ciudades y de sus artes: “una tristeza en la que se está plenamente feliz”
O –entiendo- la ambivalencia del “paraíso” perdido que encarnara Francesco versus el “paraíso” reencontrado ni que sea por instantes al contemplar su espíritu-corazón en la evocadora Umbría. Quizás más que nada en la contemplación del arte pictórico –en especial el del postergado Lo Spagna- que permite que Valero “descanse de la vida real”, en sus bellísimas palabras:
Hay una sala
monográfica en la que uno podría pasarse la tarde entera disfrutando de sus
colores y figuras, descansando de la vida real, porque este es el efecto mayor
que me producen todas sus pinturas, todas estas obras antiguas en general, como
si nos invitaran a entrar no tanto en un mundo pretérito y caducado como en un
mundo paralelo al nuestro y diferente cuyas principales peculiaridades fueran
una paz envuelta en mil colores y unas figuras reverenciales de alma cálida y
elegante
Paraíso terrenal
Y es que el título del libro evoca de alguna manera ese estado interior paradisiaco que se desea comunitario. En efecto, como nos recuerda el autor, en el siglo XIII mucha gente creyó que se iniciaba una nueva época que denominaron tiempo de los lirios. Un tiempo nuevo lleno de paz y justicia en un mundo nuevo organizado a partir de comunidades pequeñas contemplativas
Un paraíso terrenal comunitario no alcanzado entonces y que no parece alcanzable ahora. Pero un paraíso interior “de alma cálida y elegante” que encarnara Francesco y que es ejemplo luminoso para todos al recordarnos que todo empieza en uno mismo
Por todo lo expresado y muchísimo más mi
recomendación a dejarse llevar de la mano de Valero por la evocadora Umbría y descansar como él de la a
menudo dolorosa realidad












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