Requisitos para ser una persona normal: El valor de la autenticidad

 



Si intentas ser normal nunca descubrirás lo extraordinario que puedes llegar a ser 

Maya Angelou 


Con Requisitos para ser una persona normal (2015) la realizadora barcelonesa Leticia Dolera nos ofrece una lúcida comedia que reivindica la autenticidad personal frente a la adaptación a aquello que está más considerado por nuestra sociedad del culto al éxito material

La película se inicia con María (la propia Leticia Dolera en excelente interpretación) en una entrevista de trabajo que no logra superar por no encajar en el “perfil” de persona “normal” que la empresa parece buscar. María es una treintañera en paro sin apenas recursos económicos por lo que se ve forzada a volver a la casa de su madre viuda Bárbara (Silvia Munt) con la que no se habla, y donde vive aún su hermano menor Álex quien pese a su discapacidad siempre ha tenido las cosas más claras que ella…

María vuelve a casa y será su oportunidad para solucionar viejas heridas con su madre, viejas heridas que le impiden reconocerse y aceptarse, que hacen que se aísle, que le dificultan amarse y por tanto amar. Oportunidad que aprovechará con la ayuda de su nuevo amigo Borja (Manuel Burque), un compañero de trabajo de Álex

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Heridas

Dolera nos muestra las grandes dificultades de comunicación que tienen madre e hija. En este sentido vemos como Bárbara no se atreve a entrar en la habitación de María para reencontrase con su hija cuando esta regresa, o el claro reflejo del abismo que existe entre ellas. Y Álex que le explica a su hermana que la madre sigue encerrándose en el coche del padre cuando está triste (en una significativa escena la vemos escuchando el tema Je l’Aime-Yo lo amo como imagen de que aún es muy importante en ella el “amor” por su hombre, un hombre que sabremos la maltrataba). No obstante la madre quiere aproximarse al mundo de María aunque sin atreverse a hablarle

Paralelamente María ve que su madre tiene su mismo libro de autoayuda de significativo título Vivir feliz. Y es Borja quien le sugiere que hable con Bárbara. Por eso María decide entrar en la habitación de su madre (como anteriormente a la inversa finalmente hizo Bárbara en su búsqueda de aproximación) y observa el retrato familiar que tiene allí. María recuerda ese día de excursión retratado con sus ratos alegres y sus ratos desagradables. Y recuerda que ellos discutían a menudo, que él la insultaba para luego encerrarse en su despacho mientras la madre se retiraba al coche (que puede interpretarse como imagen de su búsqueda/deseo de salida hacia otros mundos) Sea como sea apreciamos que en la foto Bárbara tiene un brazo vendado aunque da la sensación de que María no lo quiere/puede ver…

Parece que nuestra protagonista no ha asumido plenamente el conflicto entre sus padres, un conflicto que “bebió” durante su infancia y adolescencia. Y en ese no ver la herida se entiende que históricamente (quizás inconscientemente) ha preferido no ver toda la dimensión del maltrato de su padre a su madre, un no querer asumir que parece afectarle en sus relaciones haciendo que tienda a aislarse de la gente…



Hacia la autenticidad

En la entrevista de trabajo del inicio del filme le preguntan a María qué es para ella una persona normal, a lo que contesta “aquella que tiene un trabajo, una casa, una pareja, aficiones, vida social, vida familiar y que es feliz” (todo con imágenes en las que vemos como vive y se siente ella realmente que para nada concuerdan con su descripción). Y a la pregunta de si cree que cumple todos esos requisitos ella asegura que sí, claramente todos; mientras que se nos muestra como mentalmente los tacha todos

En realidad comprobaremos que pese a tanto tachón María es una chica vívidamente especial, muy expresiva, auténtica… aunque no se reconoce/valora a sí misma y se siente desubicada. Por eso tras la entrevista María quiere creer que si llega a cumplir los requisitos de persona “normal” que ella misma citó estará bien, será plenamente feliz. En este sentido Álex al ver la lista de su hermana la cuestiona preguntándole por qué quiere ser “normal”, María asegura que porque es lo que quiere todo el mundo pero su hermano en sinceridad le dice que él no, y es entonces cuando María acaba confesando que lo quiere lograr para encajar

Con ese propósito la vemos contactando con una antigua compañera de instituto quien sí parece “normal” y entrando en su mundo; incluso en su afán “normalizador” sale con Gustavo, un amigo de esta. Se adentra en un mundo de estereotipos que para nada le es resonante, un mundo de “gente bien” que supuestamente cumplen los requisitos de su lista. María quiere encajar ahí pero se da cuenta de que la “normalidad” de esas gentes es una triste y patética máscara para esconder vacíos, que ellos no son  para nada personas auténticas, que todo lo que hacen es fingir ser felices. Se da cuenta de que lo que vale realmente no es la normalidad de un patrón determinado sino la autenticidad de una persona afortunadamente única. Esa autenticidad que encarnan Álex, Borja y ella misma. Esa autenticidad propia/diferencial que María no reconocía, no valoraba, no amaba debido fundamentalmente a sus heridas no curadas…



Amarse, amar

Lo hará con el apoyo de Borja a quien le gusta María y aunque ella lo tome tan solo como amigo todos los que la rodean los ven como pareja. En efecto, cada vez hay más complicidad entre ellos, con Borja juegan, ríen e incluso intimidan compartiendo pedos bajo una manta, una intimidad quizás más potente que el propio acto sexual

En esa complicidad buscarán superar sus miedos apoyándose mutuamente decidiendo acudir a un taller de risoterapia. En una de las mejores escenas de la película los vemos en el coche del padre de María para realizar un ejercicio de superación/liberación. Ambos escriben palabras significativas en globos de colores

Aparecen las palabras. Él: soledad, miedo, gordo, rechazo (Borja no acepta su físico y no se cree atractivo para las mujeres) Ella: mama (vemos a María con la foto, ahora sí observando como ella la está abrazando con un brazo vendado), gritos-golpes (se nos muestran las imágenes de su madre sola en el coche triste y María llorando al darse cuenta), culpa (la madre tapándola cuando se ha quedado dormida diciéndole lo siento, te quiero mucho)…

Y en belleza sueltan los globos por la ventana del simbólico coche en movimiento (el coche, vinculado al padre que dirigía-dominaba la familia y a la madre que se dejaba dirigir-dominar por su “amor” a él; el coche en general como símbolo del curso-viaje vital individual)

Tras haber liberado los globos, vemos a Borja conduciendo preguntándole a María si está bien. Por fin ella tiene claro que su prioridad es el amor por las personas queridas. Con su hermano nunca hubo distancias; pero con su madre y con Borja sí (a él lo había relegado a ser solo su amigo)

Vemos a María en el garaje de casa esperando sentada en el asiento del copiloto del coche. Bárbara se da cuenta y entra. María le entrega una cinta de cassette en donde se lee “para cuando mamá está triste” con todo lleno de corazones. Se oye la voz de Álex y María niños explicando sus cosas con un “te queremos mami”. María para la cinta y le dice “te quiero mami” y ella “y yo a ti hija”. Y se liberan mutuamente hablando de sus humanísimos errores por fin abrazados

Y va al encuentro de Borja. Le vemos en el almacén donde trabaja justo antes de abrir, se oye la voz de Maria que le pide que acuda a la sección de cocinas (imagen del corazón del hogar). Está aún a oscuras, le ha dejado notas Quiero (en la cocina)… una tercera (en un reloj o el tiempo necesario para la comprensión)… cita (en unos espejos, el símbolo del ver la verdad). Lo espera en un banco de jardín con su césped (imagen del hogar al aire libre) y confiesa que se ha dado cuenta de lo mucho que le gusta

Como imagen de su amor compartido, Dolera elige la simbólica iluminación de una bombilla/lámpara que fue lo que hizo que Borja se fijara en María la primera vez que se conocieron

Al final del filme vemos como tachan lo de normal del título y se quedan con requisitos para ser persona. Y vemos como son en su caso esos requisitos: leer en sueco, comer helado, bailar, tener ataques de risa, hacer striptease… Ahora sí el amor –y no lo material normativo- es lo primero, ahora sí son felices a pesar de la a menudo lacerante realidad

Este ensayo es la revisión del publicado por el diario chileno CyL




 

 

 


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