Thelma: Del poder del deseo y la ambivalencia humana



 

Sueño con el amor

mientras el tiempo corre por mi mano

 

Sueño con fuego

Esos sueños que atan los corazones que nunca morirán

 

Ese fuego arde

Me doy cuenta de que nada es lo que parece

 

Y cerca de las llamas

Las sombras juegan en la forma del deseo humano

 

¡Oh por Dios, oh, noche!

 

Sting (Desert Rose)

 

Joachim Trier nos subyuga con su Thelma (2017), una inquietante ficción que tiene como protagonista a una joven con extraordinarios poderes mentales. A mi entender el realizador danés es uno de los mejores cineastas contemporáneos; y es que todas sus películas se disfrutan por su arte estético (especialmente por su bella mirada buscando encuadres originales)  y por su lucidez en el retrato de los personajes, una lucidez que denota su hondo conocimiento de la condición humana

En este cuarto largometraje (le seguirán los aclamados La peor persona del mundo (2021) y Valor Sentimental (2025) que analicé también en este blog) se nos muestra como un excelente creador del género sobrenatural psicológico que nada tiene que envidiar a especialistas consagrados como David Lynch, M. Night Shymalan o Mike Flanagan. En efecto, Thelma nos atrapa e intriga gracias a la ambivalencia de su protagonista quien es capaz de provocar reacciones asombrosas en su entorno físico y humano

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Controlada

Una fuerza que la joven parece desconocer y que iremos comprobando se manifiesta cuando su sentir/desear/querer entra en conflicto con lo que se establece como adecuado en su entorno familiar de convicciones religiosas radicales. El padre –médico de profesión- es quien lo gobierna todo disfrazando su autoridad en amabilidad cómplice, y la madre –inválida- se nos presenta como una mujer de tendencia sufridora que acepta y apoya a su esposo

Thelma ha vivido siempre con ellos en un pequeño poblado de montaña y ahora ya veinteañera se ha mudado a la ciudad para ir a estudiar a la universidad. La vemos en su apartamento atendiendo las llamadas diarias de sus progenitores quienes le piden todo tipo de explicaciones sobre su día a día, eso sí asegurando que la aman...

Ella se manifiesta como la “buena chica” que ellos esperan sea siempre pese a que siente como toda joven la necesidad de experimentar y vivenciar lo “prohibido” que para sus padres es casi todo. En este sentido es significativa la escena en la que hablando con un grupo de compañeros Thelma rememora cuando siendo niña su padre le acercó la palma de la mano a una vela hasta el límite del dolor para que ella conociera lo que es el “infierno”

Así que pese a que en la ciudad ellos no están físicamente sí que permanecen en ella por esas llamadas/controles recurrentes y por esa evocación/voz interior impostada. En consecuencia Thelma quiere y duele experimentar porque se sabe controlada y ha integrado ese control como normalidad



Convulsionada

Pero cuando en la biblioteca la sonriente Anja se sienta a su lado todo explosiona. En una impactante escena vemos como un pájaro negro choca contra el gran ventanal donde ellas se encuentran mientras Thelma comienza a temblar con intensidad creciente cayendo al suelo en convulsiones descontroladas

Tras esta manifestación se sucederán otras incluso más extraordinarias en las que se desencadenarán inestabilidades electromagnéticas en el alumbrado y movimientos descontrolados de objetos. Manifestaciones todas asociadas al creciente deseo amoroso/sexual que siente Thelma por Anja, un deseo correspondido

En este sentido es magnífica la escena en la que las vemos en un gran teatro asistiendo a un espectáculo, allí Anja posa su mano dulcemente en sus ingles lo que perturba a Thelma, una perturbación que -más allá de hacerla estremecer- provoca el temblor de la gran lámpara de la sala en un éxtasis resonante

Thelma se debatirá entre la entrega y el control, es decir habrá beso apasionado (para nada un caer convulsionada como antes puesto que el deseo se consuma) y asimismo la huida culpable en un significativo “de cara a la pared” rezando para que ese Dios paterno le saque/arranque sus pensamientos “impuros”

Y se nos muestra como esa Thelma culpabilizada se ve recurrentemente rodeada de serpientes que la rodean y llegan a introducirse en su interior por la boca del beso “pecaminoso”



Mujeres del padre

Paralelamente Thelma acepta ser ingresada unos días para valorar médicamente lo que le ocurre. Allí le provocarán un ataque al evocar su sentir por Anja y allí ella sabrá de su historial sanitario marcado por la ingesta de potentes ansiolíticos siendo niña debido a un ataque “de nervios”

Y se nos muestra como con seis años buscaba la atención de una madre siempre pendiente de su hermano bebé, pero que al no lograr su objetivo probó de hacerlo desaparecer en consciencia vigilia y semi-consciencia durmiente. Un bebé que ella logra tele-transportar con su gran poder mental y que finalmente acaba ahogado bajo el hielo del lago vecino

Por ese fatal incidente, y en su condición de médico, el padre toma las riendas determinando una medicación sobredimensionada y ocultando la verdad de lo ocurrido a todos los vecinos sin plantearse tratamiento psiquiátrico externo. Y por el trauma la desesperada madre –tan creyente- “peca” intentando suicidarse pero acaba inválida en silla de ruedas con un fuerte sentimiento de culpa que el omnipresente esposo busca reconducir

Un hombre que controla a las mujeres de su “hogar” y que sabremos también controla a su propia madre. En efecto, Thelma averiguará que la abuela –a la que ella creía muerta- está internada en un centro psiquiátrico porque también empezó a sufrir potentes crisis convulsivas y -como ella siendo niña- fue/es sobre-medicada por el padre que todo lo “soluciona” a base de químicos y oraciones

Por eso cuando Thelma decide volver a casa para resolver su “problemático” ambivalente sentir, el padre toma totalmente las riendas administrándole medicamentos de forma engañosa y con voluntad de anestesiarla y controlarla. Y por eso el hombre no la atiende cuando ella le pide por favor que la deje ir



Quién soy

Porque el padre quiere que ella sea como él, el padre médico anestesia manifestaciones que no están en línea con la normalidad conductual (descartando así investigar y buscar entenderlas por su naturaleza irracional y sentimentalmente explosiva) y asimismo el padre religioso no acepta los sentimientos sexuales de Thelma (en su entender el amor lésbico como “degenerado”). Y en ese no querer entender/aceptar/apoyar a su hija el hombre se empeña en reconducirla al redil asegurando que sabe quién es ella realmente

Pero Thelma ya no es la “buena” niña que teme “quemarse en el infierno” y se da cuenta de que ha de liberarse de la cárcel física y mental paterna. Ella empieza a saber quién es y para nada es la que el padre desea

En este sentido es potentísima la escena en la que la vemos antes de decidir regresar al hogar paterno y que –entiendo- visualiza su darse cuenta inconsciente que busca ser reconocido. La vemos bañarse en la piscina universitaria de su primera conversación con Anja y como sufre convulsiones que la hunden en simbólica agua oscura en una profundidad casi abismal, Thelma lucha para salir a flote buscando ascender aunque en realidad está tocando el duro fondo de la piscina por lo que voltea (invierte) su impulso y logra salir del trance

Una escena que armoniza con la de su liberación final cuando ella se lanza al lago de tantos duros momentos –allí murió su hermano, allí su padre estuvo a punto de matarla tras esa muerte y allí ahora acaba de hundirse el progenitor buscando apagar el fuego inducido por ella- que como en la piscina es un sumergirse en simbólica agua oscura. Se lanza buscando revivir al padre que ella en duermevela ha combustionado (excelentes imágenes la del prender en fuego/infierno paterno) pero nada puede hacer ya por él y en contrapartida sí encuentra al salir su simbólico revivir/renacer que se visualiza en el pájaro negro que expulsa por su boca anegada de fangos oscuros

Ese pájaro negro que impactó en la ventana del primer encuentro con la amada, ese pájaro que murió entonces y ahora revive es la expresión de su conquistada libertad personal, del preciado volar libre hacia nuevos y amplios horizontes

Y no sólo revive el pájaro de la libertad también la Anja del deseo/amor que había desaparecido misteriosamente cuando Thelma la evocó en las pruebas hospitalarias. El deseo/amor ha podido con la culpa/castigo



Ambivalencia y poder mental

La película da para mucho análisis pero para no extender más este ensayo concluir con el dilema moral que nos plantea esa “mala” joven que ha “matado” al padre, esa “mala” mujer de potente fuerza mental femenina heredada de la abuela y quizás no reconocida en la sumisa madre. Una “mala” que antes de dejar definitivamente atrás el “hogar” cárcel se acerca a su madre inválida y la cura de su dolencia física. Así que pese a todo es “buena” con la mujer que le dio a luz

¿“Mala” por tener poderes mentales tales que materializan deseos humanísimos –a menudo inconfesables- de matar al hermano o al padre? ¿Una “mala” tan “despiadada” puede ser “buena”? ¿Una “mala” puede amar realmente?

Trier nos plantea que puede ser así y en su inquietante plantear nos invita a reflexionar sobre esas comillas de opuestos a menudo incomprendidos en su complementariedad. Y más allá de la ficción retratada nos propone reflexionar sobre nuestro poder mental y su acción real en nuestras vidas



Anexo: Simbología

La película es rica en simbolismos, algunos de los cuales se han apuntado ya, de los que cabe destacar:

Hielo y cristal: En esas superficies transparentes y quebradizas se producen varias manifestaciones del poder mental de Thelma. Esas superficies pueden entenderse como imagen de las sutiles cárceles mentales que nos limitan y del miedo a romper sus límites

Pájaro negro: La imagen del vuelo en libertad asumiendo lo prohibido o lo relegado a la oscuridad (en la película el deseo sexual/amoroso lésbico). Además se da la circunstancia de que el pájaro que impacta en la biblioteca sintomáticamente había dejado previamente su grupo/manada

Serpiente: El animal del “pecado original” por la tentación de la carne. La serpiente que se enrolla y puede asfixiar, la serpiente que puede envenenar… la serpiente que explícitamente entra por la boca –del beso prohibido- de Thelma

Inestabilidad electromagnética: La imagen del poder mental como energía capaz de todo lo que parece imposible

Fuego: El elemento asociado al amor total y sin embargo al infierno, al castigo… en la ficción la llama no aceptada/temida por el padre y que finalmente lo combustiona

Beso final al cuello: La película concluye con el reencuentro de las amantes con la bella imagen de Thelma sentada al simbólico aire libre y Anja que se le acerca por detrás besándole al cuello. O -entiendo- la imagen de la confianza y entrega total de su amor




 

 

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