Valor sentimental: Reconociéndose en los espejos familiares

 



Entonces tuve una especie de crisis. Estaba sola en casa otra vez acostada en mi cama, llorando… y luego por primera vez recé, no sé a quién, grité: ¡ayúdame, ya no puedo hacer esto sola! ¡Quiero un hogar!

Citado en la película

 

Joachim Trier nos ofrece una obra maestra cinematográfica que honra la tradición dramática nórdica de grandes realizadores como el sueco Ingmar Bergman. Y es que Valor sentimental (2025) nos sumerge en una historia de relaciones paterno filiales rica en matices psicológicos y humanos, un retrato cuidadísimo de personajes en el que todo está interrelacionado y tiene su significado profundo. Los protagonistas son el patriarca Gustav Borg (Stellan Skarsgard) y sus dos hijas Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter)

A mi entender se trata de una obra maestra por su excelente guion –que Trier firma junto a Eskil Vogt- y puesta en escena de la que destacan las buenas interpretaciones del elenco actoral y la bella omnipresencia de dos espacios de resonancias temporales: el antiguo teatro dónde actúa Nora y la calurosa vivienda histórica familiar en la que transcurre gran parte de la acción

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



La casa como viva memoria familiar

En un arranque que anticipa la sensibilidad y luminosidad de la obra audiovisual, Trier nos retrata la casa familiar donde crecieron las hermanas a través del recuerdo del poético trabajo que realizara Nora sobre esa bella y antigua vivienda en la que ya vivieron sus tatarabuelos

Vamos conociéndola en todos sus rincones especialmente a través de las imágenes –inundadas de luz solar- de la infancia de Nora mientras una voz femenina nos explica que ella: “describió cómo se sacudía su vientre al bajar corriendo con su hermana y salir por la puerta trasera… La niña se preguntó entonces si a la casa le gustaba estar vacía y ligera o llena y pesada. Si a los pisos les gustaba que los pisaran y si las paredes sentían cosquillas. Si alguna vez la casa sintió dolor…”

Y tras ese introducir el dolor, el foco en una simbólica grieta que se origina en los muros de cimentación y trepa por los pisos, una grieta que observa la sensible Nora acurrucada en su cama. Imágenes que dan paso al relato de que en sus escritos ella hablaba del ruido entre sus padres, es decir dolía de sus continuas discusiones; un ruido hiriente aunque peor era para Nora –se nos cuenta- el silencio de las muchas ausencias temporales del padre

Hasta que un día él ya no regresó: “cuando su papá se fue para siempre la casa se volvió más ligera. El ruido que hacían sus padres se acabó pero la casa perdió los otros sonidos que él hacía” concluye la voz en off mientras se nos muestra a la niña Nora llorando su ausencia

Sobre la casa el realizador danés comenta -a distintos medios- que usa esa antiquísima vivienda hogar como imagen que “ancla la idea de lo rápido que pasa el tiempo en una familia” y que su omnipresencia en la película nos recuerda –más allá de la historia retratada- que no tenemos tiempo infinito para entender, reconocer y reconciliarnos con los nuestros y con nosotros mismos…



Ante el regreso del padre

En la familia Vogh el nudo gordiano se concentra en la animadversión de Nora hacia su evasivo padre, un hombre que se fue siendo ella preadolescente y que siempre se ha mantenido alejado del día a día de sus hijas

La pequeña Agnes vivenció todo ese vacío de manera menos traumática entre otros motivos porque –más allá de su madre- siempre tuvo a la hermana mayor cuidándola. Nora se entregó a protegerla por su ser más consciente de lo que ocurría y sin embargo no encontró quien la protegiera o no supo cómo protegerse a sí misma

Se nos retrata la ambivalencia que encarna Nora siendo una actriz de teatro aclamada que no obstante teme mostrarse en un nuevo personaje –magistral escena la del estreno de su última obra en la que se nos sumerge en su tensión e impulso de huida entre bastidores de una sala expectante- tal y como teme mostrarse en sus relaciones personales

Una Nora que tiene a Agnes como su mayor apoyo/ayuda, es con la hermana -que ha conseguido una relación estable y es madre de un maravilloso niño- con quien ella se siente más cómoda para desnudar su alma. Y también, aunque de otra forma, su oficio actoral le brinda la posibilidad de acercarse a hacerlo

En este sentido es luminosamente significativa la escena en la que Nora habla de su sentir en ambos “hogares”, Trier solapa brillantemente esos dos espacios humanos de confort –la hermana en su vivienda independiente y el grupo artístico en el histórico teatro- para que vivenciemos la ambivalencia de una mujer que dice sentirse bien cuando su cuerpo “grita” al salir a escena porque no puede esconderse, y una mujer que al hablar de su personaje rememora la frustración y la ira a causa de la sensación de injusticia por el peso de la responsabilidad que asumió al faltar el padre

Un padre, ahora ya anciano, que vuelve a la casa familiar tras la muerte de la madre. Vuelve el padre a esa casa llena de recuerdos y vivencias que en el pasado reciente se había convertido en el hogar materno al que las hermanas acudían asiduamente. Vuelve el padre al espacio del pasado en común y en ese volver se despiertan fantasmas y se abren posibilidades reparadoras…



Contrariamente similares

El patriarca que es un prestigioso director cinematográfico vuelve con la intención de ofrecer a Nora el papel protagonista de su nuevo y tal vez último largometraje tras años de inactividad. Se trata de una película ambientada en la casa familiar que rememora el trauma que vivenció él siendo niño cuando su madre –traumatizada por las torturas sufridas a manos de los invasores nazis- se suicidó colgándose en una habitación de la planta baja

La hija no acepta el papel y en su rechazo queda en evidencia el dolor por su no estar histórico que va mucho más allá de la infancia. Y es que el cineasta sólo fue una vez a verla actuar y marchó mucho antes de que la función acabara, el padre se excusa -cuando ella se lo echa en cara- afirmando que no le gusta el teatro de forma un tanto despreciativa

E inversamente Nora jamás ha actuado en una película, su carrera se ha centrado en las representaciones teatrales y alguna que otra aparición en series televisivas (otro territorio artístico que el progenitor detesta)

Así que ambos destacan en las artes escénicas pero en “bandos” que para ellos son prácticamente enemigos… La hija deslumbra por su capacidad de expresar la ambivalencia humana en autenticidad descarnada aunque le cueste interpretarse a sí misma, y su progenitor es un referente gracias al don de captar la verdad tras las máscaras personales, un don que como Nora usa preponderantemente en lo profesional haciendo que sus películas emocionen profundamente

Dos personalidades potentes con rasgos opuestos y sin embargo de grandes similitudes como esa falta de aplicar su grandeza en lo personal y asimismo su dificultad para amar al desnudo a los que les aman

En este sentido es el director quien verbaliza esa similitud a Nora en una de sus tensionadas conversaciones con un sincero “me reconozco en ti, soy sensible y tú también” que da pie a hablarle de la ira que ella siente –especialmente hacia él- y que a su juicio hace difícil que sea amada



Hacia la reconciliación

Esa similitud contraria dificulta el abrazo entre ambos y como añadido la carga histórica soportada ha creado en Nora una brecha que parece imposible de superar. Lo sufren ambos en mayor o menor conciencia y lo sufre en impotencia Agnes

Y es que como se ha comentado ella no está tan traumatizada como Nora. En este sentido se nos muestra como canaliza su dolor por el vacío histórico verbalizando su sentir con voluntad reconciliadora valorando el retorno del padre/abuelo, un buen hombre que sabe ver a las mujeres –también a sus hijas- pero que en lo personal no se arriesga a entrar en sus vorágines y un hombre al que le cuesta reconocer errores y pedir perdón

Así, Agnes ve la totalidad de ambos, las luces y las sombras de su hermana y de su padre. Y por amor a ambos en cada conversación busca maneras de tender puentes haciendo reflexionar a Nora que es quien parece menos dispuesta a la reconciliación

La película “real” concluye con un esperanzador final y nos visualiza -a modo de pedagogía necesaria- que pese a las dificultades nunca es tarde para intentar reparar grietas generacionales que inevitablemente nos afectan. Un final esperanzador protagonizado por la película “ficticia” que Gustav se propone filmar, en ella su voluntad de poner luz –de abrazar- a los fantasmas familiares mediante espejos temporales que reflejan rostros de mujeres traumatizadas





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