La chica zurda: Mujeres ante la tradición patriarcal
Tú me
dijiste: no lloró mi padre
tú me
dijiste: no lloró mi abuelo
no han
llorado los hombres de mi raza
eran de
acero
Así
diciendo te brotó una lágrima
y me
calló en la boca…; más veneno
yo no he
bebido nunca en otro vaso
así de
pequeño
Débil
mujer, pobre mujer que entiende,
dolor de
siglos conocí al beberlo
¡Oh, el
Alma mía soportar no puede
todo su
peso!
Alfonsina
Storni
La realizadora taiwanesa Shih-Ching Tsou nos ofrece con su La chica zurda (2025) una comprometida película protagonizada por una madre divorciada y sus dos hijas quienes han de afrontar su difícil día a día en su regreso a la ciudad tras años de vivir en el campo. Una ficción realista que reivindica a la mujer frente a la obsoleta tradición patriarcal china que pervive en muchos hombres –y también en algunas mujeres- de todas las edades
La suya es una mirada empática de gran
sensibilidad que a menudo se mimetiza en la más pequeña de las hijas, I-Jing
(Nina Ye en una espléndida interpretación natural). La atención en la niña que
da título a la obra sí, pero también en las ajetreadas madre Shu-Fen y hermana
mayor I-Ann ambas excelentemente encarnadas por las actrices Janel Tsai y Shih
Yuan Ma
Debo advertir que el análisis que sigue contiene
spoilers
Niña precoz
Se nos retrata una ciudad ajetreada tanto de día como de noche en la que sus numerosos comercios buscan ser vistos gracias al incansable brillo de sus neones. En ese cosmos de necesidad/reclamo consumista, el foco sobre un intrincado mercado al aire libre de estrecheces físicas y saturado de colores llamativos que es donde la madre instala su bar de comidas rápidas buscando poder mantenerse
Un microcosmos laberíntico en el que se enfatiza el peculiar carácter de la ciudad y por el que a menudo camina sin compañía I-Jing quien con solo cinco años se orienta perfectamente en ese enjambre de comercios observándolo todo con su mirada inocente
A ojos europeos sorprende que una niña tan pequeña ande sola por las calles y callejuelas o que se encargue –por ejemplo- de ir a comprar tabaco para su madre. Sin embargo en su cultura se entiende como positivo esa independencia temprana y de alguna manera se supone que más allá de la familia es la comunidad toda la que vigila a los niños…
Sea como sea I-Jing se muestra precozmente “segura” en su deambular y actuar, y eso pese a que no tiene padre conocido y pese a que tanto su hermana mayor como especialmente su madre le dedican poca atención. Una niña “segura” pese a esas carencias… o quizás precisamente por esas carencias
Y es que se evidencia que las dos mujeres de la
casa priorizan sus vidas a la de la niña. La madre en sus angustiosos gestionar
el bar y atender –física y económicamente- al que fuera su esposo y padre de la
mayor, un hombre que la trató mal y que ahora yace enfermo terminal en un
hospital. Y en lo que se refiere la hermana su desatención es consecuencia de
su trabajo independiente en un comercio y su necesidad de salir para disfrutar
Fuerza femenina
No obstante ambas mujeres tratan cariñosamente a I-Jing, el problema de afectos se evidencia entre ellas dos quienes mantienen una relación ambivalente. Sobre todo se evidencia en la joven quien a menudo fulmina a su madre con su mirada desafiante –y en general fulmina a casi todos, I-jing es de las pocas que se salvan-. En I-Ann anida una rabia contra la madre que entenderemos a su debido momento
Sea como sea las tres están muy unidas, las tres juntas son fuerza femenina ante una sociedad –la china retratada- de tradición patriarcal que se resiste a salir de su limitada y limitante visión
En este sentido se nos retrata como en esa sociedad de incitantes neones muchos hombres –adultos y jóvenes- ven a las mujeres como objetos de consumo y sin pudor les ofrecen dinero a cambio de ver sus pechos normalizando –entre bromas- lo abominable
Ese “tufo” patriarcal se vivencia también en la familia de la que ellas tres proceden y a la que visitan en ocasiones: la abuela es una mujer que adora a su hijo y tiende a arrinconar a sus hijas y el abuelo es un hombre marcado por la tradición
Y sin embargo sintomáticamente esos personajes hombres para nada son fuertes sino que se nos retratan dominados por sus mujeres, tal es el caso del propietario de la tienda en donde trabaja la hermana o el mismo abuelo. Son hombres en general patéticos por su entender la mujer como objeto y asimismo por su falta de compromiso y responsabilidad en sus acciones, son “niños” en el mal sentido de la palabra acostumbrados a ser arropados/descargados por sus “madres”
Ante tanto hombre minúsculo, la grandeza de un
personaje masculino que encarna el nuevo hombre para una nueva sociedad: su
nombre es Johnny (Teng-Hui Huang), él regenta un puesto de venta junto al bar
de la madre, él es un ser sensible que sabe amar y en ese saber busca
entender/apoyar a la mujer que ama y a sus hijas
Bendita mano "maldita"
Nada que ver con el abuelo que como se ha comentado encarna el arquetipo antagónico y vive anclado en lo obsoleto. En ese entender, el hombre busca rectificar a su pequeña nieta por ser zurda ya que según la tradición la mano izquierda está gobernada por el “diablo”
Pese a que nadie apoya su desvarío, el anciano logra sembrar la duda en la pequeña I-Jing a quien veremos intentando desprenderse de esa mano “maldita” y paralelamente actuando riesgosamente robando todo aquello que desea con su mano dominante en el convencimiento de que no es ella misma quien lo hace sino el mal que gobierna esa mano. Nadie se da cuenta, ni la comunidad de ese mercado ni las mujeres de su hogar
Pero gracias a su actuar como ladrona paradójicamente I-Jing salvará a su abuela de ser detenida por la policía. Bendita mano "maldita"
Son muy bellas las imágenes en las que la vemos -tras ser descubierta- acompañada por su hermana recorriendo los comercios en los que ella robó devolviendo sus “tesoros” y pidiendo perdón a sus propietarios, la belleza está en la actitud bondadosa de los afectados y especialmente en el acompañamiento amoroso de la hermana. Ningún estigma en esa pequeña gran lección pedagógica
Y tras ese luminoso vuelco que parece estrechar la relación entre las dos hermanas se producirá una sorpresiva catarsis femenina intergeneracional que tendrá lugar durante la celebración del cumpleaños de la abuela. Todo aflora simbólicamente en el día de la matriarca patriarcal quien encarna el arquetipo de fémina que acepta y apoya los dictados que relegan a las mujeres
Allí y ante todos los sorprendidos invitados se
produce una catarsis espléndida tanto en su desarrollo como en su final, una
catarsis que más que explicarla hay que verla y sentirla. Sólo apuntar que tras
ese desnudo sanador vemos juntas a Shu-Fen y I-Ann en un simbólico nuevo
amanecer con desbordante luz solar













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