Nunca, casi nunca, a veces, siempre: En la piel de la mujer adolescente
Tú me
dijiste: no lloró mi padre
tú me
dijiste: no lloró mi abuelo
no han
llorado los hombres de mi raza
eran de
acero
Así
diciendo te brotó una lágrima
y me
calló en la boca…; más veneno
yo no he
bebido nunca en otro vaso
así de
pequeño
Débil
mujer, pobre mujer que entiende,
dolor de
siglos conocí al beberlo
¡Oh, el
Alma mía soportar no puede
todo su
peso!
Eliza Hittman nos ofrece una contundente ficción dramática que
es fiel reflejo de la desigualdad de género que –pese a los avances- rige en
nuestro mundo. Ambientada en el interior de Estados Unidos, Nunca, casi nunca, a veces, siempre
(2020) retrata el drama que vivencia una joven adolescente para conseguir
abortar y aún más allá nos pone en la piel del sentir la mujer adolescente ante
el machismo social
Debo advertir que el análisis que sigue contiene inevitablemente spoilers
Machismo
Autum (Sidney Flanigan, en una buena interpretación) es una joven de carácter introvertido que “respira” el machismo de su entorno. En casa, tiene que lidiar con un padre –o padrastro- que desprecia a las mujeres y una madre que lo tolera. Un hombre que delante de su mujer, la propia Autum y sus dos hermanas menores, estimula sexualmente a la perra de la familia afirmando que es una “pequeña zorra”
El machismo también impera en la escuela. Es muy significativa la escena inicial en la que en una celebración a la que acuden las familias vemos a Autum cantando un tema a guitarra (sola, así se siente) sobre el poder del amor –que ella busca y desea- y como un chico entre el público cobardemente –en el no ser visto de la oscuridad- le grita “puta”. Nada pasa, que siga el espectáculo, el bochornoso espectáculo de la humillación de género, de la humillación de una mujer
Nadie dice nada en esa sala de actos ni en la comida posterior. Se consiente el agravio, ha de ser ella misma la que vierta un vaso de agua sobre el cobarde identificado
“Puta” o “zorra” en boca de hombres que nunca serán calificados como “puto” o “zorro”, porque es sabido que para demasiada gente un machote libre en lo sexual es un héroe a aplaudir y no una estigmatizada a maltratar
Y como sabemos mientras que para la mujer la libertad sexual puede
ser fácilmente una carga, para el hombre casi nunca lo es. En efecto, un hombre
puede y a menudo suele pasar de las consecuencias de un sexo sin control con una
mujer mientras que ellas las sufren en propia piel
Cargas en complicidad
Ese es el caso de Autum, quien es humillada –lo sabremos después- por haber tenido varias relaciones. Y quien carga en su soledad la responsabilidad de saberse embarazada. Nada quiere decir a una madre servil incapaz de empoderarse ante su macho, ante el machismo reinante en esa población del interior de EEUU en el que se ambienta la acción
Al saberse embarazada, Autum prueba de auto inducirse el aborto de distintas maneras. Impacta la escena en la que se golpea la barriga frente al espejo cual boxeadora. Es durísimo ese tenerse que auto agredirse
Y es duro ser culpabilizada por querer abortar. Así es en su visita a una veterana profesional médica local que le “invita” a ver un vídeo anti-aborto
Y probablemente en esa culpa impuesta de forma más o menos silenciosa –no sólo por esa mujer que la ha atendido- y como modo de rebeldía o de estar hasta las narices de la falsedad e injusticia social, se agujerea la nariz para colocarse un piercing
Pero afortunadamente Autum no está del todo sola, tiene a su prima Skylar (Talia Ryder) y es ella la única que se da cuenta de que algo le ocurre
Las dos adolescentes trabajan como cajeras en un supermercado. Es sintomática la escena en la que la amabilidad de la prima con un cliente le da pie a este a una incómoda invitación que ella esquiva como puede o el desafortunadamente común “entrar a saco” de tantos machos que se creen con derecho a todo y que confunden una sonrisa cortés con una insinuación
Por ese machismo que les desborda no es de extrañar que las dos aseguren que preferirían ser chicos, conscientes –en propia piel- de la dificultad de ser mujer en una sociedad tan desigual cómo la suya –y en general, cómo la nuestra-
Ellas han aprendido a sobrevivir en la complicidad del silencio y la mirada. Se apoyan en todo. Por eso Skylar acompaña a su prima a Nueva York para abortar a escondidas de todos –allí no se necesita autorización paterna-
Así, solas y con dinero
robado a esa empresa que las explota –hay una crítica a la precariedad laboral
de tantos trabajadores y especialmente de jóvenes y mujeres en el retrato de
cómo son tratadas en su trabajo diario- las primas cargan con su simbólica
pesada maleta rumbo a la gran ciudad
Ayudas
La gran ciudad, el contraste con el pequeño mundo en el que siempre han vivido. Así, la mirada de asombro de Autum al divisarla desde la ventana del autocar. Y el desconcierto de ambas, su estar perdidas en ese apresurado gentío urbano anónimo
Y el bello –a pesar de la dureza- retrato de sus vicisitudes de centro en centro de atención, sus noches sin alojamiento, sus caras de cansancio, sus silencios, su salir por piernas del metro al ver a un tipo masturbándose mientras las mira… Y simbólica la escena en la que las vemos en una sala de máquinas de juegos jugando a un estrambótico tres en raya con una gallina encerrada o la imagen de como “viven” ellas
Pese a esa oscuridad ciudadana, hay luz en las profesionales de los centros de ayuda a la mujer –todas mujeres, sintomático- a los que ellas acuden. Por esa confortable luz, Autum se abrirá a hablar de su sentir y responderá a la reveladora batería de preguntas sobre sus relaciones sexuales a las que debe responder con un: nunca, casi nuca, a veces, siempre que da título a la película
Preguntas que la inquietan y que tarda en responder, preguntas que
le hacen llorar. Y es que sus respuestas evidencian que algunos chicos con los
que se ha relacionado la han golpeado y le han obligado a tener sexo sin tener
ganas. E incluso que ha sido violada –quizás por el compañero de su madre-.
Pero ella no quiere profundizar. Frente a toda esa carga, el respeto de la
profesional y el teléfono como mano tendida para cuando la necesite
Manos femeninas
Y en la intervención, la mano de esa asistenta a Autum en la camilla. Una mano de mujer a mujer o la fuerza femenina ante la adversidad
Y ya a punto de regresar al “hogar” la mano de mujer a mujer de Autum a su querida prima cuando esta se encuentra en una situación muy desagradable con un joven amigo al que ha pedido dinero prestado para comprar sus billetes de autobús
Se nos muestra a la prima apoyada en una columna junto al cajero en el que él ha sacado el dinero dejándose toquetear y morrear por un chico al que nada importa su no implicación, su evidente no tener ganas de la chica. Y Autum que sin ser vista le tiende la mano, la mano de la fuerza femenina ante la adversidad
Y por fin ya en el bus, el mirar de ellas por la ventanilla el paisaje que simbólicamente pasa veloz y desenfocado –como la vida misma y como el no querer ver de tantos o el querer desaparecer de las/los que sufren por ese no querer ver-…
Puntos suspensivos de la posibilidad de cambio en el volver a lo que tanto carga y duele –nada fácil- gracias al uso de esa tarjeta de mano tendida profesional
Sea como sea, con su película Hittman nos hace reflexionar sobre la necesidad de cambiar entre todas y todos el caduco modelo social patriarcal en el que aún –en pleno siglo XXI- vivimos
En este sentido y al hilo del poema de la gran Alfonsina Storni que encabeza este artículo entiendo que es crucial preguntarse: ¿Hasta cuándo el no llorar de tantos hombres (y mujeres)? ¿Hasta cuando el no sentir la vida como la sienten los que lloran? ¿Hasta cuándo permitir que ellas (o ellos) beban el dolor no reconocido de los otros? ¿Hasta cuando el duro acero que les distancia en primer lugar de ellos mismos?
Este ensayo es la revisión del publicado en el
diario CyL













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