The Librarians: Del valor de los libros y las bibliotecas ante los autoritarismos

 



En estos días inciertos, cuando parece que los gritos se oyen más que los susurros, los libros siguen manteniendo vivo el diálogo silencioso de un par de ojos que escuchan la voz de una hilera de letras. En los anaqueles de las bibliotecas, en las mesas de las librerías, en los tenderetes al aire libre, conviven juntos libros escritos en países adversarios, incluso en guerra unos con otros

Irene Vallejo

 

La insigne filóloga humanista Irene Vallejo se ha convertido en una reconocida abanderada del gran valor del libro a nivel mundial gracias a su maravilloso ensayo El infinito en un junco (2019), de ahí que la Federación de Gremios de Editores de España le encargara que fuera la voz que acompañara su petición de un Pacto de Estado por la lectura. La cita del encabezado pertenece al bello y sensible discurso que ella pronunció editado como  Manifiesto por la lectura (2023)

En su saberse referente necesario ante las oleadas de desinformación y las vorágines de confrontación que amenazan nuestra cohesión social, Vallejo escribe y publica en distintos medios buscando concienciar a la ciudadanía sobre el valor del libro. En este sentido fue de las primeras en ensalzar The Librarians (2025), gran trabajo documentalista de la realizadora estadounidense Kim A. Snyder que retrata los preocupantes hechos ocurridos en varios estados de su país y que está disponible en la plataforma Movistar con el significativo título  EE.UU: censura en las bibliotecas

El documental nos sumerge en la represión ejercida desde principios de esta década por grupos de poder político y religioso sobre la labor de las bibliotecas públicas escolares y particularmente sobre sus profesionales –la mayoría de ellas mujeres- al censurar miles de los libros que allí custodian por considerados inapropiados, libros que reflejan la diversidad racial y sexual humana pero que a ojos de esos colectivos de cortas miras son etiquetados como “vergonzantes” e incluso “pornográficos”

Y aunque parezca una ficción distópica esos hombres y mujeres -todos ellos conservadores y de raza blanca- que aseguran ser cristianos están logrando sus objetivos forzando el despido de muchas bibliotecarias que se opusieron a retirar esos libros “malditos”, e incluso algunas de ellas han llegado a ser acusadas y amenazadas públicamente por pertenecer a las “mafias LGBTQ” o ya en el colmo del desatino por ensalzar la pedofilia

Así que de la noche a la mañana (o mejor dicho de la mañana a la noche) el noble oficio de bibliotecaria pública en EE.UU pasó de ser expresión de libertad y apertura ideológica/cultural a convertirse en servilismo al dictado autoritario ultra derechista “cristiano” blanco bajo la amenaza del delito penal



Custodiando portales

Snyder nos introduce a la realidad retratada mediante el testimonio de algunas de las muchas mujeres bibliotecarias que sufrieron y sufren en propia piel la persecución y el odio de quienes poco a poco van socavando la libertad de los niños y jóvenes a acceder a distintas visiones del mundo gracias a los libros

En bellas palabras de una de ellas quien nos habla del valor de su oficio, de los libros y de las bibliotecas: “Somos custodios de estos espacios y estos recursos deberían ser un punto de entrada al mundo, a las historias, a las ideas”

Otra mujer pone el dedo en la llaga sobre el objetivo último de esa censura creciente de libros: “Si controlas la biblioteca, controlas la comunidad. Porque si controlas el flujo de información y controlas las ideas, ya está: puedes hacer lo que sea”

Y ellas mismas nos muestran algunos de esos libros malditos: desde el galardonado El color púrpura (1982) de Alice Walker cuyo supuesto “delito” es el haber sido escrito por una comprometida autora afroamericana al libro infantil Con Tango son tres (2005) acusado de pornográfico por retratar un caso real que tiene como protagonistas a dos pingüinos machos adultos que cuidaron a un pingüino bebé…O la novela gráfica El diario de Anna Frank (2017) censurada por mostrar un parque público con esculturas de torsos desnudos…

Lamentablemente la lista de libros censurados crece día a día, según informa el diario El País son cerca de 7.000 los títulos malditos que incluyen toda la obra de Stephen King, o clásicos como La casa de los espíritus (1982) de Isabel Allende o Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez

Analizando esos miles de títulos se evidencia que el foco principal censor está en dos ámbitos: la sexualidad (y especialmente en lo referente a la diversidad sexual) y la diversidad racial



La “libertad” de quemar

Como se ha comentado la presión censora se ejerce desde el poder político y religioso conservador “cristiano” blanco (las comillas son las del dolor de tantos que tenemos un entender radicalmente distinto de lo que supuso y supone la figura de Cristo)

En este sentido se nos retrata como esos grupos han ido comprando voluntades y tergiversando informaciones para hacer suyos los concejos escolares que son los que tienen la decisión sobre los contenidos y recursos pedagógicos de esas bibliotecas. De entre los colectivos radicales de presión destaca el denominado Madres por la “libertad” (de nuevo las dolientes comillas ante una nueva prostitución –abundan las proclamas falsamente libertarias- de tan poderosa palabra) muy activos en su defensa de la rigidez “moral” con argumentaciones cargadas de odio propias de otros tiempos que se creían superados

Esa actitud abismal recuerda a la de autoritarismos como el nacismo alemán y su quema generalizada de libros, o el ficticio imaginado por Rad Bradbury en su lúcida novela Fahrenheit 451 (1953) que se cita al inicio del documental como modo de destacar el placer que embarga a los poderes autoritarios al quemar/destruir la riqueza cultural que atesoran los libros

Y más allá de las palabras que ensalzan la destrucción se nos muestran las desgarradoras imágenes de esas quemas: las de la brillante adaptación cinematográfica de la novela a cargo de Françoise Truffaut, las de las noches oscuras nazis y las muy lamentables imágenes también reales del presente (Tennesse, Febrero 2022)  en las que vemos a ciudadanos norteamericanos entregados a la quema de libros con gritos ofensivos en hogueras comunitarias. Un horror

En esas hogueras y en general en las intervenciones de los defensores de la “moral” ultraconservadora retratados se evidencian actitudes de odio hacia lo distinto que se expresan en un lenguaje gestual y hablado violento



La voz de los estudiantes

Ante ese fuego inquisidor los damnificados –más allá de las profesionales y los profesionales bibliotecarios- son los estudiantes. En este sentido se nos muestran testimonios de varios chavales que para nada están de acuerdo con la censura de libros y que tienen claro que pertenecer a una minoría es problema en esos estados de mayoría blanca heterosexual. Así una estudiante habla ante su concejo escolar reclamando que “despierten a la realidad de que todos somos diferentes y debemos aceptarnos entre nosotros con amor, no con odio”

Porque en efecto es fundamental aceptar la diversidad para el bien de los chavales que un día serán adultos, es decir para el bien social comunitario presente y futuro. Así lo entiende Snyder quien en una entrevista concedida al medio Cultured afirma que los estudiantes –y en general todo lector- necesitan “poder identificarse con un personaje de un libro, ya sea porque te recuerda a ti misma por ser niña, ser latina, ser negra, ser queer o por compartir rasgos de personalidad”

Lo confirma una de las bibliotecarias despedidas quien asegura que son varios los estudiantes que le comentaron que uno de esos libros censurados les salvaron al tiempo que nos recuerda que hay niños que se han suicidado tras ser aislados en su comunidad por ser como son, ella misma conoció varios casos



Democracia en peligro

Como conclusión ante esta preocupante escalada autoritaria las palabras de Snyder:

“Dicen que primero queman los libros y luego queman a la gente… Cuando retiramos ciertos libros de las estanterías, ¿qué significa eso para nuestra democracia? Muchos creemos que la libertad de expresión ha trascendido las bibliotecas. Ya está en los museos. En nuestras instituciones de educación superior. En nuestros programas de entrevistas nocturnos. La libertad de expresión está amenazada. Espero que la película nos recuerde que los valores sobre los que se fundó nuestra nación no son una cuestión partidista”

Personalmente creo que The Librarians es un trabajo documental muy necesario porque es en la educación donde se forja el futuro de una sociedad, en este caso la norteamericana. Si simbólicamente llora la estatua de la libertad por el actual retorno autoritario en las políticas interior y exterior del país, tanto o más llora –entiendo- por la censura de la libre información a sus nuevas generaciones


https://www.elpais.com/us/2025-10-07/la-prohibicion-de-libros-en-las-escuelas-publicas-de-estados-unidos-se-normaliza-casi-7000-titulos-fueron-vetados-en-el-ultimo-ano

https://www.culturedmag.com/article/2025/10/07/film-the-librarians-book-bans-first-amendment



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