Calle Málaga: Retrato de una anciana vital

 



Creo que envejecer es un privilegio, y cada arruga de nuestro rostro es testimonio de una vida plenamente vivida, con todas sus alegrías y tristezas

Maryam Touzani

 

A veces cuando los ojos crecen una ya no comprende nada

María Ángeles a propósito de su hija

 

Maryam Touzani dirige con mirada empática la notable Calle Málaga (2025) en homenaje a su abuela Juana quien como muchos españoles de su época se había mudado al marroquí Tánger a causa de nuestra Guerra Civil y que acabó quedándose a vivir en esas tierras hermanas el resto de su vida

Según confiesa a distintos medios, la idea surgió de su sentir "la profunda necesidad de reconectar con los recuerdos familiares para devolverles la vida". En este sentido afirma: “creo que lo que creamos es un eco de las huellas que la vida deja en nosotros”

Juana es pues la mujer real referente que ha devenido creativamente en la ficticia María Ángeles protagonista de esta historia cuyo sensible guion firma Touzani junto a su esposo, el también realizador Nabil Ayouch

Una historia ambivalente de tono esperanzador que pone el foco en un tipo de ancianidad distinto al comúnmente retratado al presentarnos a una mujer septuagenaria llena de vida que vivencia su presente como privilegio desafiando los límites y los estándares sociales sobre el envejecimiento

Destacar la excelente fotografía a cargo de Virginie Surdej y la gran interpretación de Carmen Maura como la vibrante María Ángeles

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Desahucio insensible

Desde las primeras imágenes nos embarga la pasión vital de María Ángeles en su mostrarse feliz entre la amable gente del barrio de la Medina. Y asimismo en su reconfortante hogar dónde disfruta de una soledad para nada hiriente

Un hogar que evoca tiempos pasados para ella siempre presentes y que tiene como elemento central a un viejo tocadiscos del que a menudo suenan los acordes de su tema favorito: Toda una Vida en la voz de María Dolores Pradera. En esa canción, su energía “juvenil” y sus ganas de vivir. María Ángeles es feliz en su casa, en su barrio, en su ciudad, en su universo marroquí porque ella nació en Tánger siendo hija de padres españoles que huyeron de la dictadura franquista

Todo cambiará cuando venga a visitarla Clara (Marta Etura), su única hija. Cuando María Ángeles le abre la puerta se pone de manifiesto las distintas sensaciones de ambas por ese reencuentro, la felicidad de una con su “hola, mi niña” versus el agobio de la ya no niña cuya vida tiene poco de vida feliz

La vuelta de Clara tiene un objetivo que la joven suelta sin preámbulos: ha decidido vender la vivienda que heredó del padre (nada se nos dice del porqué no fue la esposa la heredera pero todo parece apuntar que el motivo sería minimizar impuestos sobre sucesiones en beneficio de la hija). Se lo dice así de sopetón y le habla de sus urgencias estando como está en proceso de separación y pensando en sus dos hijos, quiere reinvertir en una vivienda en España y dejar de pagar alquileres

No hay espacio para el diálogo, la hija le ofrece dos alternativas: irse a vivir con ella y con sus nietos a los que apenas ha visto o bien quedarse en Tánger en una residencia para ancianos. Y ante la comprensible negativa de María Ángeles por ese abrupto desahucio, Clara le espeta que nunca le pidió nada desde que marchó de allí a poco de cumplir la mayoría de edad

Se nos retrata lúcidamente la confrontación materno-filial: las argumentaciones y reclamaciones de Clara versus los gestos y los silencios rebeldes de María Ángeles quien finalmente a regañadientes “aceptará” ingresar en la residencia

Impactan especialmente las escenas del insensible vaciado de sus muebles y objetos para “facilitar la venta”, la madre ha de defender cada enser ante la hija asistiendo con impotencia a la venta de casi todos sus bienes, especialmente doliente la de su amadísimo tocadiscos



Roja pasión

Pese a tanto la María Ángeles ingresada no deja de ser ella misma y en su silencio/aislamiento anida el no aceptar perder su dignidad ni su libertad última. Por eso, cuando una cuidadora pretende cortarle su preciada cabellera, ella elabora un plan de huida tejido con convenientes mentiras a su hija y a la dirección del centro

Así, la vemos regresar al hogar vacío y poco a poco recuperar sus muebles encontrando siempre soluciones a todos los problemas que se le presentan. Y es que ella sabe aprovechar cada momento/ocasión/recurso con gran habilidad

María Ángeles vuelve a ser plenamente feliz, la vemos de nuevo por las calles y con las gentes del barrio. Y de nuevo en su hogar al calor de los objetos queridos, y en el cuidado de sí misma que visualizamos en su atento maquillarse, peinarse y vestirse

Sintomáticamente la tonalidad dominante es la roja tanto en vestimenta como en pintura labial y de uñas. Se muestra roja y le gusta cultivar flores de geranio rojas. Porque ella es roja pasión y en esa resonancia vital acabara experimentando amor pasional con Anslam (Ahmed Boulane), el anticuario que compró sus muebles

En este sentido es bella la escena de su primer estar juntos piel a piel, delicadísima y tierna manifestación de que ni el amor ni la pasión carnal amorosa tienen edad



Día y noche

Una fusión de dos personas “sin edad” que se produce cuando Anslam localiza el amado tocadiscos de ella, sintomáticamente el único bien que él no conservaba cuando María Ángeles acudió a su tienda

Viajan juntos a una población cercana en un simbólico antiguo descapotable que refleja la libertad que ambos encarnan. Touzani nos muestra su amor a Marruecos en ese retrato de la bella población costera de viviendas con paredes encaladas y aperturas teñidas de azul, el mismo amor con el que retrata la Medina de Tánger en su explosión sensitiva (los colores, los sonidos, las texturas e incluso los aromas evocados) y a sus gentes

Un amor también patente en su mostrar el microcosmos español de ese Tánger que hace casi cien años acogió a los “rojos” huidos. Es especialmente sensible el retrato del viejo cementerio cristiano en el que reposan los restos del esposo de María Ángeles, un espacio bellísimo pese a su descuido (y que adquiere especial protagonismo para la realizadora al ser el lugar dónde enterraron a su abuela Juana)

Todas esas imágenes están inundadas de luz diurna africana, esa potente luz que de alguna manera brilla en la mirada de María Ángeles, una mujer luminosa que no se deja arrastrar por las preocupaciones futuras y en consecuencia vive en plenitud el momento presente. Una forma de encarar la vida radicalmente opuesta a la de su hija quien por su condición de madre de menores y por su edad se ve en la necesidad de no perder de vista el tiempo futuro, son muchas sus responsabilidades

Touzani confronta esta oposición materno-filial en un final abierto que transcurre en la simbólica noche estrellada tangerina. Se nos muestra el regreso de Clara para formalizar la venta de la vivienda heredada y como para su sorpresa descubre la realidad que María Ángeles le ocultaba

¿Qué se supone que debo de hacer ahora? se pregunta ahora que la verdad ha aflorado sentada en el balancín de su madre; se lo pregunta al tiempo que toca, acaricia y duele el mundo hogar materno que la rodea que es también su propia infancia, y en ese recordarse juntas rompe a llorar...Ese darse cuenta -entiendo- como base para poder abrir la puerta a soluciones más consensuadas






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