El espíritu de la esperanza: Hacia un horizonte de sentido
La esperanza
es un afán y un salto
Gabriel
Marcel
La extensa obra escrita del filósofo Byung-Chul Han se caracteriza por su lúcida crítica al neoliberalismo que rige nuestro mundo buscando desenmascarar las trampas de un sistema que aísla y adormece a las personas en una falsa libertad que las despoja de su valor humano. Un sistema sustentado en la competencia indiscriminada y el miedo que día a día evidencia su deriva abismal sumiéndonos en una profunda incertidumbre que parece no sabemos bien cómo afrontar
En este sentido y con su brillante El espíritu de la esperanza (2024) Han da un paso más en sus sabios análisis enalteciendo el valor activo de la esperanza como forma de afrontar la necesaria revolución social hacia algo realmente nuevo que de sentido a esta depresiva realidad nuestra partiendo del principio de que es en la mayor oscuridad donde paradójicamente puede germinar o renacer con mayor fuerza nuestra luz
Un análisis personal que se apoya en las ideas de
grandes pensadores (filósofos, poetas…) como Friedrich Nietzsche, Paul Celan o Gabriel Marcel y que asimismo busca rebatir la de otros
referentes como Hannah Arendt, Albert Camus o Martin Heidegger quienes al igual
que tanta gente tienden a ningunear el valor de la esperanza por considerarla
esencialmente pasiva
La sociedad del miedo
En el preludio del libro, Han arranca su análisis con un significativo “Merodea el fantasma del miedo” para hablarnos de que actualmente tenemos tantos problemas por resolver y crisis por gestionar que nuestra vida se ha reducido a una supervivencia “en un clima de miedo que mata todo germen de esperanza”
Y nos hace ver que -como estamos comprobando- en ese clima de miedo se favorecen los narcicismos, resentimientos y odios que acarrean la pérdida de solidaridad y empatía humanas provocando el embrutecimiento de toda la sociedad y en definitiva amenazando convertir nuestras frágiles democracias en autoritarismos
En sus palabras: “Hoy ya nos da miedo hasta pensar. Se diría que hemos perdido el valor de pensar. Y, sin embargo, es el pensamiento, cuando se hace empático, el que nos abre las puertas de lo totalmente distinto. Cuando impera el miedo las diferencias no se atreven a mostrarse, de modo que solo se produce una prosecución de lo igual. Se impone el conformismo… Donde hay miedo es imposible la libertad. Miedo y libertad son incompatibles”
Y sobre la falta de cohesión social en estos tiempos de gran comunicación digital Han apunta: “Se da la paradoja de que los medios sociales socavan lo social. En definitiva, acaban erosionando la cohesión social. Estamos estupendamente interconectados, pero nada nos vincula a unos con otros. El contacto sustituye a la relación. No tenemos trato. Vivimos en una sociedad en la que no nos tratamos. A diferencia del trato, el contacto no crea proximidad”
Ante esta oscura realidad nuestra Han propone dar valor y protagonismo activo a la esperanza porque parafraseando a Gabriel Marcel ella “es el salto, el afán que nos libera de la depresión, del futuro agotado”
La audaz esperanza
En efecto, la esperanza impulsa una fuerza humana renovadora en la que se produce “una síntesis muy fecunda entre la vita activa y la vita contemplativa que no obvia el mundo ni lo escamotea, sino que se enfrenta a él y a toda su negatividad, y los recurre”. Para Han la esperanza nos hace perseverar a pesar de todos los males del mundo alimentando el espíritu de la revolución hacia el advenimiento de algo nuevo:
“No se puede recomenzar sin esperanza… nos permite despedirnos de lo pasado y estar atentos al futuro, a lo posible, a lo que todavía no existe… Quien tiene esperanza confía en lo imprevisible, cuenta con que haya posibilidades contra toda probabilidad… confía en algo que lo trasciende”
En este sentido la esperanza es audaz porque “tiende una pasarela sobre un abismo al que la razón no se atreve a asomarse. La esperanza percibe un armónico para el que la razón es sorda. La razón no advierte los indicios de lo venidero, de lo nonato. Es un órgano que solo rastrea lo ya existente”
De este modo, frente al común dominio de la razón necesitamos recuperar la esperanza porque “nos hace estar más atentos a lo que todavía no existe, sobre lo cual no podemos influir directamente. Incluso el pensamiento y la acción tienen ese carácter contemplativo de la esperanza, que es el carácter de la receptividad, del presentimiento, de la espera” favoreciendo “sueños en los que actuamos en aras de una vida nueva y mejor” que “hacen desaparecer lo que no debería existir”
En bellas palabras de Friedrich Nietzsche: “La
esperanza es un arco iris desplegándose sobre el manantial de la vida que se
precipita en vertiginosa cascada; un arco iris cien veces engullido por el
espumaje y otras tantas veces rehecho de nuevo, y que con tierna y bella
audacia despunta sobre el torrente, ahí donde su rugido es más salvaje y
peligroso”
Tinieblas y Luz
Han advierte de la necesidad de distinguir esta esperanza activa-contemplativa que él denomina absoluta del optimismo que “carece de toda negatividad desconociendo la duda y la desesperación. Su naturaleza es pura positividad. El optimista está convencido de que las cosas acabarán saliendo bien. Vive en un tiempo cerrado… Le parece que tiene el futuro a su entera disposición. Sin embargo, al verdadero futuro le es inherente la indisponibilidad”. El optimismo vendría a ser el polo inverso de la negatividad que domina nuestro presente, ambas visiones están “encerradas en la cárcel del tiempo”
La grandeza de la esperanza está en su capacidad de permitirnos escapar de la cárcel del tiempo en que vivimos gracias precisamente a no darle la espalda a las negatividades de la vida: “La esperanza absoluta supone un movimiento de búsqueda que nace ante la negatividad de la desesperación absoluta. Germina cerca del abismo… Se da la paradoja de que la luminosa luz de la esperanza se aviva con las tinieblas más profundas… Sin tinieblas no hay luz… La estrella de la esperanza colinda con el astro fatídico (del latín des-astrum), con el desastre. Sin la negatividad del desastre y la porfía solo queda la banalidad del optimismo”
En este sentido Han recurre a la bella poesía de Paul Celan para expresar la profunda vivencia luminosa abismal germen de
la esperanza absoluta:
Soles irradiando sus hilos
sobre el gris negruzco del páramo
Una idea
que se ha elevado tanto como un árbol
alcanza a atrapar una nota de luz:
donde no llegan los hombres
quedan aún canciones por cantar
Han aclara que “El gris negruzco del páramo representa la negatividad, que es tan característica de la esperanza. El árbol de la esperanza crece en el páramo. Además, la esperanza habita en un más allá, en una trascendencia que no se puede describir, sino cantar. Trasciende la inmanencia de lo humano”
En esa trascendencia la esperanza nos brinda “la
certeza de que algo tiene sentido… quien tiene esperanza descubre en las cosas
contenidos oníricos ocultos y los interpreta como misteriosos signos del futuro”
Las tres bellas hermanas
Han concluye su ensayo con un capítulo significativamente titulado Esperanza como forma de vida en el que reflexiona sobre el poder de nuestros estados de ánimo en nuestras vidas:
“El estado de ánimo abre el mundo en cuanto tal, antes de que en él aparezca nada. Lo suyo es el preludio de la percepción. El estado de ánimo es anterior a la emoción, la precede. Por eso, nos templa más y está él mismo más templado que toda emoción predominante y sobrecogedora”
Y frente al común ánimo angustiado por el “desmoronamiento de todas las instancias que infunden sentido y dan orientación” él pone en valor al estado de ánimo esperanzado:
“Llenos de esperanza, nos elevamos por encima de lo que no debería existir. Lo perdonamos, mientras estamos expectantes de algo totalmente distinto. El perdón abona el terreno para lo nuevo y distinto” de ahí que Han afirme que “La esperanza conlleva una gran benignidad, una radiante serenidad, incluso una profunda cordialidad, pues no fuerza a nada”
Porque según reflexiona en la esperanza –al contrario que la angustia- el yo se trasciende en un nosotros. Por eso la esperanza está emparentada con la fe y el amor, ellas son “las tres bellas hermanas” de las que hablaba Achim vor Arnim; en palabras de Han: “Cada una de ellas se consagra a las otras. Quien tiene esperanza, ama o cree, se entrega al otro y trasciende la inmanencia del yo”
De ahí que afirme que la esperanza es un estado de ánimo mesiánico: “el pensamiento de la esperanza no se rige por la muerte, sino por el nacimiento; no se rige por la estancia en el mundo, sino por la venida al mundo. La esperanza espera incluso más allá de la muerte. La andadura del pensamiento esperanzado no es el adelantarse hacia la muerte, sino el adelantarse hacia el nuevo nacimiento. La clave fundamental de la esperanza es la venida al mundo como nacimiento”
Son estas las últimas palabras de El espíritu de la esperanza, un libro
que emana belleza trascendental en sus texto y en sus ilustraciones a cargo del
artista Anselm Kiefer. Un libro para leer y releer periódicamente, un libro
imprescindible












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