Empatía: La vida como danza de claroscuros
Las personas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades… tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que las llena de compasión, humildad y un profundo amor
Elisabeth Kübler-Ross
No solo tratamos diagnósticos, tratamos seres humanos
Citado en la serie
Guillaume Lonergan nos ofrece una maravillosa ficción en formato serie que tiene como protagonista a una joven psiquiatra que ejerce su oficio con suma empatía. Florence Longpré da vida a la Dra. Suzanne Bien-Aimé y es el alma creadora de Empatía (2025 T1, continuará con al menos una segunda temporada) pues ella firma su magnífico guion que según confiesa es fruto de un trabajo de tres años de investigación con profesionales de la salud mental y personas que habían sido internadas en hospitales psiquiátricos
Por esa concienzuda labor de base, Empatía se empareja a otras dos excelentes producciones del mismo año que también han sido comentados en este blog: la británica Adolescencia y la catalana Pubertat. Pero la serie canadiense que ahora nos ocupa tiene la maestría de relatar la vida como una danza emocional con sus claroscuros, sus dolores y sus alegrías en un equilibrio natural bellísimo que simbólicamente visualizamos con apariciones de bailarinas de ballet
Se agradece –y mucho- esa calidad artística y humana, y también su labor pedagógica social ante la común dominancia del entretenimiento vacuo de las plataformas de vídeo streaming
Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Profesionales humanos
Ambientada en el ala más conflictiva de un ficticio hospital psiquiátrico quebequense, Empatía nos sumerge en las luces y las sombras de sus personajes ya sean estos pacientes o miembros del equipo que los atiende. Y es precisamente su detenido mostrar la humanidad de los profesionales lo que da un plus de autenticidad al relato
En este sentido Logpré comenta: “Era importante mostrar a una doctora que no se encuentra bien. Muchos profesionales de la salud me escribieron: médicos, psiquiatras, psicólogos. Solemos ver a los médicos casi como dioses, pero tienen vidas, sentimientos y también pueden sufrir depresión. Ver a Suzanne, una psiquiatra que ha pasado por la depresión, les hizo mucho bien”
De hecho, la guionista y actriz confiesa que ella misma sufrió depresiones con ataques de pánico: “sé por lo que se pasa para superarla y lo largo que puede ser el camino”. Y esas vivencias -como afirma la eminente psiquiatra Kübler-Ross en la cita del encabezado- suelen transformar la forma de ser y estar en el mundo
Se entiende pues la excelencia de su veraz guion y su convincente interpretación de una Suzanne que ejerce su oficio con aplomo y sabiduría pese a estar rota interiormente. Iremos descubriendo la carga de culpabilidad y el dolor que soporta a causa de la muerte accidental de su mujer y de la muy deseada bebé que ella estaba a punto de alumbrar
Así, comprobamos que en todo momento la recién llegada Dra. Suzanne sabe escuchar e intuir lo que bulle en sus pacientes y no duda en aplicar sus criterios pese a la oposición de algunos veteranos profesionales del centro que prefieren el dopaje al tener que afrontar el problema diferencial del dopado
Pero por el contrario la Suzanne fuera del trabajo parece no poder lidiar consigo misma refugiándose a menudo en el alcohol. Y es que las sombras de las abruptas muertes de sus seres más queridas son alargadas y además a menudo no le es fácil conectar con su “impecable” madre con la que mantiene una relación ambivalente. Ante toda esa realidad personal lacerante, su mayor apoyo es su única hermana y especialmente Mortimer, un trabajador social que pertenece a su equipo hospitalario y con el que día a día va entablando una relación cada vez más estrecha gracias a su resonar empático, una relación con sus altibajos que le hará cuestionar su lesbianismo identitario
En una de las mejores –son muchas las mejores- escenas de la serie los vemos atrapados en un ascensor sin ser capaces de verbalizar lo que realmente sienten por el otro situándose simbólicamente alejados físicamente e incluso en momentos de espaldas. Los dos atrapados solos en un espacio asfixiante temiendo y deseando dar el paso “definitivo” en su relación
Precisamente ese proceso de acercamiento entre ellos es uno de los puntos fuertes de Empatía: en ambos está el valor humano que da nombre a la obra, en ambos está el respeto a los demás y el sentir a flor de piel el dolor propio y ajeno; y en ambos está la belleza “artística” que aligera las cargas soportadas o su capacidad de distanciarse –ni que sea momentáneamente- de tanto que les afecta gracias al sano humor y la música. Un humor y unas melodías que se forjan en el singular vehículo en el que se desplazan juntos y que son contagiosa luz en sus oscuridades
Porque en ese poner el foco en la humanidad de los profesionales también conoceremos las dolorosas sombras de Mortimer quien tiene que lidiar con una madre demente a la que no quiere ingresar en una paradoja profesional que se torna debate no lacerante cuando Suzanne es casi asfixiada por esa mujer perdida en los laberintos de su mente
Y asimismo vivenciaremos las sombras de otros miembros del equipo a cargo del ala de los internos más problemáticos como Diana, una mujer muy vulnerable que se verá envuelta en una situación delicada por su relación con uno de los pacientes
Fragilidad y fuerza
En este sentido, es un gran acierto esa inclusión en momentos significativos de bailarinas de ballet que acompañan en simbólico silencio a los protagonistas –profesionales y pacientes- cuando se debaten interiormente. Longpré comenta al respecto que “Guillaume y yo queríamos mostrar el equilibrio y el desequilibrio. Eso es lo que sugieren estas bailarinas de puntillas: fragilidad y fuerza. Y es hermoso de ver. Los coloridos tutús también evocan la nueva vida que están abrazando”
Es definitoria esa evocación luminosa de una nueva vida por parte de la creadora, ese mantener la posibilidad de un nuevo amanecer pese a tanto mal vivenciado… porque precisamente Empatía pretende mostrarnos que siempre hay salidas, especialmente para aquellos que no se dan por vencidos y valerosamente afrontan su realidad
Nos lo muestra bellamente en el retrato de algunos de los pacientes del psiquiátrico que aprovechan los “aires nuevos” generados por Suzanne como es el caso de un hombre de pasado pirómano que se ha acostumbrado a vivir en la “protectora” irrealidad de sus alucinaciones o un hombre auto-recluido en su habitación que acabaran unidos por amistad, uno sin alucinaciones y otro atreviéndose a franquear su portal
O también con la mencionada Diana a quien vemos en una reveladora escena junto a Suzanne sentadas en el simbólico suelo del baño, la doctora empática le comenta que ese paciente de rasgos psicóticos que la manipuló haciéndole creer que la amaba la “tentó con algo muy valioso: la esperanza. La esperanza de vivir un gran amor que atraviesa los muros y te hace sentir menos sola” y hablando de las heridas amorosas –las de Diana y también las de ella misma- que a menudo se remontan a la infancia añade: “Pero eso no significa que no podamos levantarnos”
Un necesario empoderamiento personal que tendrá lugar en la propia psiquiatra quien se enfrentará a su fragilidad, a su adicción, acudiendo a un grupo terapéutico de Alcohólicos Anónimos en el que conocerá a una mujer que carga con un trauma mucho más lacerante que el suyo
La empática Suzanne se dará cuenta de su fuerza auto-sanadora a través del dolor de su nueva amiga. Y pese a los humanos altibajos emprenderá la ardua tarea de dejar atrás su adicción, finalmente la Dra. Suzanne parece ser capaz de atender a la mujer Suzanne con la misma eficacia que trata a todos sus pacientes. Bello ese giro, bello ese paulatino salir del “confortable” pozo oscuro en el que –como tantos pacientes- ella se refugiaba
Mucha más pedagogía
Más allá de todo lo esbozado hasta aquí, Empatía aborda todo tipo de problemáticas humanas con una equilibrada mirada de cualidad fresca y comprometida que de hecho es la de la propia Suzanne en su faceta profesional
En la rica diversidad de sus personajes la serie se torna pedagogía en estos tiempos de incertidumbre y confusión en los que –como sabemos- la tendencia hacia un mundo más humano e inclusivo se ve contrarrestada por las inmovilistas ideas retrógradas que excluyen la natural variabilidad que somos
En esos personajes son muchos las temáticas tratadas como la manipulación de los sentimientos y las vulnerabilidades que ejercen tipos psicóticos con nula empatía sobre sus sensibles víctimas, aquí encarnado por el potente paciente que sedujo a Diana
O los muchos disfraces del machismo que se nos muestran especialmente en el personaje del criminólogo del equipo profesional del hospital quien continuamente cuestiona a sus compañeras mujeres, incluida Suzanne
Por tanto y más, mi recomendación a visionar esta joya cinematográfica de momento en su primera temporada, la única disponible. Y es que la tensión dramática de su final -con la omnipresente presencia de las danzantes mudas- promete mucho y nos deja a la espera de que pronto llegue la anunciada continuación
Declaraciones de la creadora extraidas de la entrevista concedida al medio Humanité (https://www.humanite.fr/medias/canada/les-maladies-mentales-generent-beaucoup-de-honte-florence-longpre-et-thomas-ngijol-racontent-le-succes-de-la-serie-empathie)













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