La Grazia: El peso de la impecabilidad
Toda la luz
del universo
la divina,
la poética
aquella que
buscamos
la verá el
hombre
por la
ventana de una lágrima
León Felipe
Paolo Sorrentino nos ofrece una sobresaliente película dramática que nos sumerge en los últimos días como presidente de la República Italiana del ficticio Mariano De Santis que interpreta con maestría el veterano Toni Servilo, actor habitual en la filmografía del genial realizador napolitano
La Grazia (2025) retrata a un presidente humanista de intachable trayectoria política que es un docto jurista de profundas convicciones democráticas y católicas
Un hombre consecuente que ha de decidir si rubrica la ley de eutanasia que el gobierno de la nación ha elaborado. Decisión que le enfrenta a sus contradicciones y hace que afloren sus dudas más profundas en su perenne búsqueda de la impecabilidad; una impecabilidad que cada vez más vivencia como pesada carga
Debo advertir que el análisis que sigue contiene
spoilers
Apodo
En estos últimos días un De Santis preocupado averiguará que lo apodan “hormigón armado” y se dará cuenta del elevado coste de su entrega al personaje que encarna. Sorrentino crea una atmósfera evocadora que refleja la soledad del máximo responsable del país que se ve ya jubilado sin júbilo alguno. Nos conmociona la atmósfera por la exquisita fotografía de los grandes espacios del palacio presidencial a la que se añade la comentada gran interpretación de Toni Servilo
Porque en la mirada y en los gestos del presidente De Santis anida el duelo por lo perdido (especialmente la muerte de su esposa) e incluso el temor a la decrepitud. En este sentido es significativa la fascinante escena en la que vemos a su homólogo portugués de visita oficial, se nos muestra la lucha del anciano para mantenerse en pie cuando abruptamente se desata una tormenta, vemos al presidente extranjero “navegando” en una ondeante alfombra roja y al presidente anfitrión preguntando/preguntándose si él se ve tan viejo
Lo pregunta a su ayudante de cámara con quien
mantiene conversaciones distantes, tal y como sucede –en mayor o menor medida-
con todos los que conforman su entorno. Especialmente doliente esa distancia
protectora del personaje/mito con su hija quien es también jurista y trabaja
junto a él en los temas que ha de resolver como esa indigesta ley de eutanasia
o dos indultos muy comprometidos
Dudas, lágrimas
Una hija que media entre el gobierno y su padre en su afán de que el presidente resuelva sus dudas, en especial que finalmente rubrique una ley de eutanasia que ella entiende como necesaria
En este sentido es potente la escena en la que la mujer le espeta un sentido ¿Cuándo te decidirás por algo?, sucede en la pista de equitación donde simbólicamente yace moribundo el caballo del padre quien por sus convicciones religiosas se opone a que lo sacrifiquen. Sufre el animal y sufren todos en palacio incluidos la hija y su parapetado padre presidente quien con esa nada empática decisión parece decantar su voluntad legisladora
La potente escena tiene el añadido del gran cartel en la pared de fondo en el que se lee el lema de la guardia de honor del presidente de la República: “Virtus in periculis firmior” que significa “la virtud se fortalece en el peligro”, el peligro que supone para él el contravenir los dictados de la doctrina católica. Por eso en sus recurrentes entrevistas con el Papa, el presidente confiesa sus dudas que el “hombre de Dios” busca resolver asegurando que sabrá decidir porque está en estado de Grazia (poseedor del favor o auxilio divino)
Paralelamente a las dudas del De Santis presidente a propósito de la rúbrica de la nueva ley (y de los dos indultos) afloran las dudas más profundas del De Santis esposo que se debate entre la devoción y el odio a la mujer de su vida quien en su juventud compartida le confesó haberle sido infiel con un amigo común que nunca quiso desenmascarar
Por eso el presidente viudo mira sosteniendo la mirada a varios hombres de su entorno buscando encontrar al traidor. Y es precisamente en ese mostrarse celoso cuando De Santis deja de ser el personaje impecable y es capaz de ser persona común, persona vulnerable, persona que siente, persona que quizás llegue a llorar…
Así, se entiende su fascinación ante un astronauta
italiano que llora creyéndose no observado cuando se comunica por
videoconferencia desde la estación espacial donde realiza una misión
internacional. Al hombre ingrávido se le escapa una lágrima que permanece
flotando en la nave, una lágrima de dolor humano que resigue sobre la pantalla
con su dedo el presidente de pesada gravidez
Ligereza
Una pesadez que de alguna manera ha heredado la hija: ambos juristas, ambos en lo más alto de la función política y ambos atenazados por múltiples responsabilidades que les provocan grandes déficits en lo personal
Esa realidad de ella queda en evidencia durante la entrevista que mantiene con una de las personas que han solicitado indulto en el recinto penitenciario donde la mujer cumple condena por haber asesinado a su marido maltratador. Potente el enfrentamiento cara a cara de esas mujeres tan dispares, un enfrentamiento que “gana” la solicitante quien en ningún momento baja la mirada de su sentir auténtico
En efecto, tras relatar su drama la reclusa es capaz de decirle a la “libre” la verdad que ella no quiere afrontar: “no sabe nada porque no ha amado” añadiendo un contundente “usted no respira”
No respira, no palpita amor, no vuela libre en su corsé impostado la hija ni tampoco el padre quien asimismo mantiene una entrevista en esa misma cárcel con la otra persona solicitante, un hombre en huelga de hambre que justifica su actitud aparentemente incoherente por un sincero “solo quiero olvidar y volver a ser ligero” que inevitablemente resuena en un De Santis atrapado en la dolorosa infidelidad conyugal y la gravidez de su personaje histórico
La película concluye con un acercamiento entre hija (e hijo hasta ese momento no visto) y padre retirado que ya ha resuelto sus dudas como presidente rubricando lo que ha entendido como procedente en el último instante de su mandato. A ellos les comenta su decisión en base al amor que provoca sus lágrimas de admiración resonante
Pero no llora el contenido padre al que sin embargo vemos emocionado como astronauta ingrávido, ¿será capaz de
llorarse como hizo su compatriota? ¿verá él toda la luz a través de las lágrimas como sugiere el gran
León Felipe en el poema del encabezado?













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