Big Eyes: El arte como expresión que busca emocionar y ser entendida
Esos
niños preguntaban: “¿Por qué estamos aquí? ¿De qué se trata la vida? ¿Por qué
hay tristeza e injusticia?" Todas esas preguntas profundas. Esos niños
estaban tristes porque no tenían las respuestas. Estaban buscando
Margaret
Tim Burton nos sumerge en las vidas de Margaret Keane artista
conocida por sus cuadros de niños con grandes ojos y su esposo Walter quien se
hizo pasar por el autor de su obra. La película, que se estrenó en 2014,
refleja la realidad de la mujer en la sociedad norteamericana de los años 50 y
60 del pasado siglo; y muestra también los oscuros entresijos del mundo del
arte. El reparto lo encabezan Amy Adams que es una muy convincente Margaret y
Christoph Waltz encarnando a Walter
Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers
Margaret,
una mujer sensible en un mundo de hombres
A mediados del siglo pasado desafortunadamente las desigualdades
sociales eran muy comunes en las sociedades consideradas “civilizadas” y “avanzadas”.
La película nos muestra la triste realidad de la mujer en un mundo dominado por
los hombres, y es que si bien está ambientada en EEUU podría haberse ubicado en
cualquier otro país occidental u occidentalizado porque esa era la norma que
dificultaba que la mujer pudiera ser algo más que madre y/o esposa
En ese contexto, se entiende la historia de Margaret. Es una
pintora muy sensible cuya obra son rostros de niños de grandes ojos que
conmueven. La vemos abandonando el hogar matrimonial con su hija Jane y sus
cuadros, algo muy inusual en la época. Inicialmente todos sus cuadros son de
Jane porque afirma que es la niña que conoce mejor. Así es ella, una mujer que
crea desde su autenticidad “Los ojos son la ventana al alma. Son mi forma de
expresar mis emociones, cuando era pequeña me operaron y me quedé sorda por un
tiempo, como no podía escuchar me quedaba mirando, confiaba en los ojos de las
personas”
Y conoce a Walter Keane un supuesto pintor que será su segundo
esposo. Poco a poco su bondad junto con la discriminación social reinante
propicia que Walter la domine y anule. Margaret decide firmar Keane al igual
que su marido, lo hace como agradecimiento a su apoyo a Jane y a ella misma, y
por la significativa costumbre de adoptar el apellido del hombre, costumbre
habitual hasta no hace tanto tiempo; ese será el inicio de su pérdida
identitaria
El primer cuadro que vende a un buen precio lo adquiere una mujer
que se conmueve ante la tristeza que transmite la mirada de la niña retratada, y
es su pareja quien compra-paga el cuadro (la mujer dependiente, nuevamente un
reflejo de la desigualdad de sexos) Esa expresividad, esas miradas auténticas
de niñas y niños de grandes ojos que conforman su sello distintivo llegarán a
mucha gente gracias al saber comercial de Walter, pero lamentablemente a costa
de anular a Margaret. Así, la pintora verá ojos grandes en todas las
niñas/mujeres (nos lo muestra contundentemente Burton en varias escenas) como
reflejo de la niña/mujer insatisfecha y asustada que es ella misma por su frustrante
asociación matrimonial y artística con Walter
Walter, un
hombre que miente y se miente
Walter es un gran embaucador que miente a todos, pero sobretodo se
miente a sí mismo. Se cree un artista pero sabe que no lo es, “sus” cuadros de
paisajes se los envía un pintor y él los firma como suyos. Se apropia también
de la obra de Margaret aprovechándose de que ella la firma con su apellido; en
un principio no aclara quien lo pinta para seguidamente afirmar sin reparos que
son obra suya. Y cuando Margaret se da cuenta le “vende” (es un gran vendedor)
que la gente no compra obra de mujeres, ella sabe que alguna mujer lo ha
conseguido pero por su forma apocada de ser acaba aceptando la gran mentira
Como Walter es un gran vendedor consigue que se reconozca la
personalísima obra de su mujer. Atribuyéndose la autoría de los cuadros de
grandes ojos engrandece su ego, le encanta ser reconocido-famoso hasta el punto
de creerse un artista consagrado. Interpreta el papel de genio altruista y
sensible mintiendo sobre su vida, se siente casi como un dios. Hasta que su
ambición sin límite le lleva a querer crear “su” obra maestra y propone-exige a
Margaret que pinte un gran cuadro lleno de niños para una entidad benéfica de
ayuda a la infancia, quiere donarlo para que sea expuesto en su pabellón de la
feria mundial que está a punto de celebrarse. Y ese exceso va a ser el punto de
inflexión que le llevará a ser descubierto en sus mentiras. El mundo lo va a
saber pero él nunca lo aceptará y acabará sus días tristemente como un solitario
arruinado. El primer perjudicado por sus mentiras es él mismo porque nunca supo
ser auténtico aun teniendo a su lado la encarnación de la autenticidad
Los
entresijos del arte
Big Eyes también
retrata las maneras y formas dominantes en el mundo del arte. Queda claro que la
comercialización es un factor muy importante y esta suele regirse por las
“leyes del mercado” de nuestra sociedad capitalista. Así, parece necesario
saber vender-venderse. Desafortunadamente Margaret no se valora y sin la propia
estima se hace muy difícil conseguir vivir del arte. Tal y como ya se ha
comentado es Walter quien con su olfato comercial y su don comunicativo logra
llevar su obra a lo más alto
Otro elemento clave retratado es la valoración de los críticos de
arte. Los críticos influyen en la opinión del público, pueden ensalzar o hundir
a un artista con sus apreciaciones. En la película John Canaday un crítico que
trabaja para un importante periódico está muy en contra de Walter, considera
que “su” obra es demasiado comercial y que no es arte. Walter se encara con él
en un acto donde asisten diversas “personalidades” y se defiende afirmando que al
público le gustan sus cuadros. Pero el crítico le contesta “Eso no significa
que sean obras de arte. El arte debe inspirar, no complacer” y añade “son obras
producidas en masa, su obra maestra (el gran cuadro para la feria) no es más
que un sinfín de Keanes, un sinfín de obras kitsch”
Algunas consideraciones sobre las palabras del crítico. Es
evidente que Walter antepone la comercialidad al arte, que convierte la obra de
su mujer en un producto muy masificado; y en este sentido en mi opinión se
tiene bien merecido que no se exponga finalmente “su obra maestra” forzada (las
obras maestras se reconocen más allá de la voluntad del artista, Leonardo
cuando pintó la Gioconda no pretendía lo que ha llegado a ser su cuadro)
Otra cosa distinta es el criterio de que si algo es comercial no
es arte, tras este convencimiento está una opinión muy extendida entre gentes
doctas que de alguna manera creen superior aquello que no todo el mundo
comprende. Y esa idea-actitud entiendo que es muy triste. A mi sentir, arte es
todo aquello que sale verdaderamente de dentro de la persona artista, todo
aquello que refleja su diferencia de ser-sentir-entender-expresar, todo aquello
que la hace única y distinta. Podrá tener o no repercusión-seguimiento en un
tiempo presente o futuro, en un país o en una cultura determinados, pero
entiendo que sólo por el hecho de ser auténtica expresión de una persona es
arte, quizás se quede sólo en arte para sí misma o quizás logre ser arte para
muchos o todos. El tiempo acostumbra a hacer justicia, aunque a veces demasiado
tarde para el artista
Y finalmente otro matiz, el crítico dice “el arte debe inspirar,
no complacer”. Y yo me pregunto ¿por qué no complacer? Así ¿un pastel que ha
elaborado una artista o un artista pastelero sólo es arte si inspira y no si
provoca placer-goce al degustarlo? Siento que tras esta afirmación se esconde
una actitud de rechazo al placer mundano, una actitud de distanciamiento
similar a la de ciertos ámbitos religiosos. Entiendo que, en general, la gente
queremos sentir de verdad ahora y aquí lo que la o el artista crea-muestra, sentir
desde los sentidos humanos, sentir desde nuestra vivencia, emocionarnos,
llorar, reír, ser tocado, tocarse… Y si la obra (sea culinaria, sea gráfica,
sea sonora o sea como sea) logra complacernos, entonces a mi entender es puro
virtuosismo artístico, es deleite que se agradece muchísimo
Dándose
las manos, la fuerza madre-hija
Margaret es una mujer íntegra que sabe lo que no quiere y lo que
quiere. Ama a su hija y a sus obras artísticas que son también como hijas
porque así las siente. Es valiente abandonando a su primer marido y lo vuelve a
ser librándose de Walter para recuperar su identidad, su vida
La fuerza motriz que la impulsa es el sentirse y saberse madre. Su
hija es su gran amor, el amor del conocerse, el apoyo mutuo del ser amadas
incondicionalmente. Jane es el espejo donde la madre ve-reconoce la verdad que
ambas encarnan. Cuando en su coche Margaret huye del primer marido las vemos
unidas en el dolor-miedo dándose la mano, el gesto se repite nuevamente al
abandonar del mismo modo a Walter. En esta segunda ocasión Jane ya no es una
niña y ha sido determinante en la decisión de Margaret. Y más lo es en la
tercera y definitiva, la que llevará a su madre a la liberación real, a que se
la reconozca como la artista que es. Es Jane la que le apoya para que lo haga
público en la radio y le estimula para que lleve a juicio a Walter. Las vemos
satisfechas durante la vista al ver que las mentiras del embaucador se van
haciendo evidentes a los ojos de todos; nuevamente se dan la mano, la señal de
que en su unión está la fuerza capaz de vencer
Margaret gana el juicio, Walter es condenado por “difamación,
angustia emocional y calumnias”, la prueba definitiva ha sido pintar un cuadro
de grandes ojos en la sala. Él patéticamente finge no poder y ella pinta a la
perfección lo que sabe hacer. Al ser preguntada por un periodista Margaret dice
que esta obra la titulará “prueba 224”, es un niño o una niña de grandes ojos
negros con las manos apoyadas en la baranda y tras él un cielo azul como el
vestido que lleva su hija, su hija que siempre está a su lado. Un homenaje
simbólico a Jane quien con su apoyo le ha ayudado a recuperar su cielo abierto
luminoso de libertad
Al final del filme se nos explica que Margaret encontró la felicidad y se volvió a casar. Ella ya anciana sigue pintando todos los días, la vemos sonriendo con Amy Adams la actriz que la encarna en la película. Una bella imagen que estimula a seguir “a pesar de” lo que sea: es posible superar las barreras propias y ajenas
Dedicado a Pilar, Montse, Monse y Zulema artistas únicas que
llevo en el corazón
Este ensayo es la revisión del publicado en el diario cultural CyL













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