Incontrolable: Retrato de una superación

 



No puedo seguir, seguiré

Samuel Beckett

 

Kirk Jones dirige la excelente Incontrolable (2025), película dramática que retrata con mirada humanista y voluntad pedagógica la historia real de John Davidson (Robert Aramayo en sublime interpretación) quien desde su adolescencia se vio aquejado de una sorprendente enfermedad conocida como síndrome de Tourette

En efecto, de repente un día John empezó a tener espasmos y a proferir insultos incontrolables, dos de los síntomas característicos de la enfermedad. Desde entonces su vida se oscureció hasta que décadas después una mujer le ayudó a superarse

 

Debo advertir que el análisis que sigue contiene spoilers



Carencias familiares y sociales

Un sorprendido John observa como su cuerpo convulsiona sin poder hacer nada para evitarlo, y lo que es más preocupante en ese tiempo no tan lejano -la década de los setenta del siglo pasado- de extrema rigidez educativa: por su boca salen insultos hacia los adultos que siempre han de ser respetados y enaltecidos. Es así en la escuela y en su casa

Lamentablemente nadie se plantea que le pasa a ese joven ejemplar que de la noche a la mañana se muestra torpe físicamente y atrevido de verbo. Al contrario, John recibe duros castigos por parte de la dirección escolar y por parte de los progenitores como si su actuar fuera voluntario. Así el padre deja de creer en él como promesa futbolística y se aleja definitivamente del hogar al que poco estaba apegado y por su parte la madre resuelve que John coma a parte para no manchar a nadie con sus escupitajos espasmódicos. E incluso llegará a ser golpeado, detenido y juzgado como consecuencia de su desconcertante actuar

Una vez más vivenciamos la enfermedad como estigma y no como oportunidad para desarrollar mayor empatía ciudadana hacia los colectivos distintos. Se nos retratan adultos que se guían bien poco por el corazón y casi nada parecen saber de pedagogía/psicología humana. En esa realidad restrictiva los hijos y los alumnos han de supeditarse a lo normativo adulto: buena conducta y obediencia ciega como pilares de su “educación”



Del “lo siento” al “no es tu culpa”

Por eso John se ha acostumbrado a excusarse de los desagradables tics de su enfermedad que sabrá incurable. Es así en la escuela y con su desbordada madre; a cada espasmo físico o verbal le sigue un culpable “lo siento” del que ningún adulto ha sabido o ha querido descargarle

Hasta que un día conocerá a la madre de uno de sus pocos amigos quien lo aceptará como miembro de su familia en empatía mayúscula. La mujer –enfermera especializada en salud mental- le hará ver que no es su culpa que su cuerpo enfermo actúe como actúa. Y le ayudará a encontrar un trabajo junto a un hombre tan empático como ella. Por fin John vivencia el calor de hogar y la valoración social que le fueron negados desde su adolescencia, bello ese apoyo adulto que sustenta su necesario empoderamiento

Y en esa novedosa asunción positiva de su enfermedad John llegará a coordinar encuentros de personas con síndrome de Tourette. E incluso podrá experimentar un novedoso dispositivo médico que minimiza los espasmos y de este modo llegar a cumplir uno de sus sueños: visitar una biblioteca sin temor a romper su maravilloso silencio ni a esparcir por los suelos las joyas literarias que allí se custodian

Como joya puede considerase también Incontrolable por su humanísimo retrato y la visualización de un síndrome poco conocido con voluntad pedagógica para que entendamos a los que lo sufren. Lo expresan fielmente sus títulos finales: ante la enfermedad (esta y todas) “el apoyo más poderoso es la educación, la comprensión y la aceptación”




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